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sábado, 26 de abril de 2014

763.- Perseguir y criminalizar a los jueces "estrella"



Perseguir y criminalizar a los jueces "estrella"


La criminalización de la que han sido objeto algunos jueces, peyorativamente denominados "estrellas", ha sido orquestada, en muchas ocasiones, por los partidos políticos en el poder y por los medios de comunicación que le han sido afines

Por María Eugenia R. Palop 

Que en un Estado constitucional los jueces ni son ni pueden ser “la boca muda que pronuncia la ley” es, a estas alturas, una obviedad. Sin embargo, el modo en que se forma a los juristas en las facultades de Derecho sigue asumiendo la prevalencia y la omnipotencia de un legislador único e infalible al que los (buenos) ciudadanos han de obedecer, y al que los jueces deben someterse. Pero, ¿dónde está ese legislador, ese Parlamento único e infalible, en un sistema constitucional como el nuestro? ¿Es posible mantener hoy esta especie de ficción teológica? ¿Podemos imponer a los jueces esta profesión de fe en el poder político?

Tradicionalmente en los jueces se ha buscado una especie de obediencia militar, un acatamiento ciego de la ley, y una aplicación mecánica de las normas, y se les ha educado en este modelo obtuso, que no se corresponde con la realidad del Derecho, ni, por supuesto, con la realidad social a la que el Derecho se aplica. Se les ha pretendido adeptos al poder, acríticos, e identificados con las estructuras de dominación, pero, a la vez, en un Estado constitucional se espera de ellos que funcionen como un poder contramayoritario, que canalicen el descontento, que protejan a las minorías injustamente marginadas, que limiten los excesos y la prepotencia del legislativo y el ejecutivo, y, en definitiva, que embriden firmemente al Parlamento. O sea, que, Constitución mediante, los jueces han de hacer eso, aunque se les ha formado y persuadido para que hagan lo contrario.

Se diría que esta cierta tensión de roles es la propia de un Estado de Derecho, y que resulta necesario moverse en la ambigüedad para garantizar simultáneamente la seguridad jurídica, la equidad y la justicia. Pero si esto es así, ¿por qué se critica (y se teme) únicamente a los jueces más activistas? Les critica el gobierno cuando sus autos y sentencias no les favorecen, y les critica también el poder judicial oficialista, estructuralmente organizado a imagen y semejanza del Padre.


La criminalización de la que han sido objeto algunos jueces, peyorativamente denominados “estrellas”, ha sido orquestada, en muchas ocasiones, por los partidos políticos en el poder y por los medios de comunicación que le han sido afines, y, por supuesto, se han alimentado perversamente de la (necesaria) contradicción a la que me acabo de referir.

El problema es que el daño que este escarnio público provoca es de dimensiones incalculables. Estimular la desconfianza en la judicatura resulta mucho más pernicioso para nuestro sistema democrático que la desconfianza o la crítica que puede suscitar el ejercicio de la política. Si declararse “apolítico” es una contradicción en sus términos y una postura “políticamente” insostenible, despreciar y perseguir a los jueces puede llevarnos a una situación de total desprotección frente a la arbitrariedad. Cada paso que damos en esta dirección, nos aproxima más al desmantelamiento del Estado de Derecho que, entre otras cosas, avala la separación de poderes y la independencia del poder judicial. Y hay que prestar atención a este asunto, porque esta separación es la única que garantiza que nuestros derechos no van a ser impunemente arrasados por la barbarie de gobiernos absolutos con pretensiones ilimitadas a perpetuidad.

En fin, está claro que una Constitución exuberante en derechos requiere que los jueces hablen con voz propia, que apliquen e interpreten el Derecho, como lo han hecho siempre, y que, además, participen activamente de su creación. Y está claro también que este proceso de empoderamiento judicial no está exento de riesgos, aunque sólo sea porque los jueces se equivocan, y no son ni mejores ni peores, por definición, que cualquier parlamentario. De hecho, no son sus preferencias subjetivas las que nos tienen que interesar, sino los procedimientos que utilizan y la argumentación en la que apoyan sus sentencias. Por eso es lógico que los jueces tengan que someterse a mecanismos de control, pero la cuestión es que estos mecanismos no deben depender únicamente de un poder político de cuya legitimidad hoy puede dudarse con fundamento. No hay que olvidar que el sometimiento del juez a la Constitución y la existencia misma del Tribunal Constitucional garantiza suficientemente el equilibrio de poderes y la intervención del legislador en el proceso judicial. Lo que no parece que haga falta es que se incremente la presión política sobre la judicatura cuando sus posiciones no resultan “oportunas”.

En otras palabras, el control de la eventual incontinencia judicial, en caso de darse, no puede dejarse en manos de un gobierno que persiga a la carta (y a degüello) a los jueces que saquen los pies del plato. Si se quiere evitar, con razón, cualquier forma de decisionismo judicial hay que orientar de manera diferente la formación que los jueces reciben, así como modificar los procesos de acceso a la judicatura y de selección de magistrados. Deberíamos exigir que el poder judicial se sometiera al Derecho, claro, pero no a su literalidad, por otra parte, imposible, sino a su palabra interpretada con equidad, a su finalidad, a su espíritu, y a los objetivos sociales que se propone. Deberíamos exigir que los jueces fueran fieles también al sistema democrático y que escucharan a los movimientos sociales que se sitúan en los márgenes de la política institucionalizada. Deberíamos exigir a los jueces que interpretaran el Derecho pensando en cubrir las necesidades y en satisfacer los derechos de las personas más vulnerables. Y, francamente, deberíamos alegrarnos de que en nuestro país algunos jueces ya lo hayan hecho. Estos jueces han decidido tenerle más fe a la Constitución que al gobierno, y lamentablemente están pagando un alto precio por ello.




jueves, 3 de abril de 2014

738.- Los corruptos tienen paralizados en los juzgados 40.000 millones

Jesús Quintero ("El loco de la colina") y Elpidio Silva: más apoyos de la sociedad civil al Movimiento RED


Elpidio Silva: “Los corruptos tienen paralizados 
en los juzgados 40.000 millones”

El juez Elpidio Silva denunció durante la presentación del Movimiento RED en Sevilla junto al periodista Jesús Quintero (“El loco de la colina”) que “los corruptos tienen paralizados en los juzgados españoles 30.000 o 40.000 millones de euros, el 3% o 4% del PIB”. 


El catedrático de Economía Juan Torres estuvo en el acto y colgó esta foto en su twitter: @juantorreslopez
El catedrático de Economía Juan Torres estuvo en el acto y colgó esta foto en su twitter: @juantorreslopez

“Movimiento Red es un movimiento ciudadano que se rige de una manera muy relevante por criterios de democracia participativa. Entendemos, y esto es una exigencia por mi parte que desde luego el Movimiento RED desarrolla hasta sus últimas consecuencias, que en todo momento tenemos que armonizar el criterio participativo con los criterios de calidad, mérito y capacidad. Queremos dar a los ciudadanos una imagen diferente de un movimiento político participativo con equilibrios y controles para que no se produzca una situación indeseable de acumulación de poder. La situación que viven los partidos políticos es inaceptable, la acumulación de poder en unos cuantos despachos es lo que nos ha llevado a la situación que padecemos actualmente, la falta de equilibrio de poderes es la clave de lo que nos está pasando. El Movimiento RED se aleja de esta posición. Y en este sentido yo no puedo decir cual va a ser la lista (europea), esto lo decidirá el Movimiento RED y yo acataré lo que se decida en ese momento”.


 Elpidio Silva presentó su programa contra la corrupción a los medios sevillanos
Elpidio Silva presentó su programa contra la corrupción a los medios sevillanos


“La Red Contra la Corrupción (RCC) va a abordar las posibles querellas, acciones judiciales penales o acciones judiciales administrativas o civiles o en el ámbito de la prevención, para acometer el fenómeno de la corrupción. Estamos faltos en España de organizaciones que asuman esta importante tarea. Es necesario que desde los movimientos políticos o las plataformas ciudadanas se asuma la necesidad de que hay que intervenir en este ámbito. El corrupto ha derivado su responsabilidad política a los juzgados. El corrupto dice: “si no pruebas que soy culpable, no me molestes porque no voy a dimitir”. Es fundamental llevar la lucha política al ámbito judicial. Y sostener acciones rigurosas desde el punto de vista judicial y procesal pero con un empuje y amparo en movimientos ciudadanos de todos aquellos que apoyen estas iniciativas”.


“Actualmente, la posición que están soportando los juzgados españoles supone a nivel económico posiblemente el 3% o 4% del PIB, es decir 30.000 o 40.000 millones de euros que están paralizados en los juzgados ¿a quién le puede interesar algo así? ¿A quién le puede interesar este inmovilizado en el ámbito institucional? Sólo y exclusivamente al corrupto. El corrupto es el que gana cuando los juzgados no son eficaces, cuando los procesos no están sometidos a un tiempo de duración fijo y necesario. Un proceso no se puede prolongar durante años porque esto no lleva a ningún sitio. Sería como viajar desde Madrid a Berlín o París en un triciclo, eso es mentira, no va a ningún sitio. Y cuando los juzgados funcionan en estos términos, realmente sólo favorecen a la corrupción”.

Elpidio Silva
Elpidio Silva reclamó un proceso constituyente

“El Movimiento Red está muy proyectado hacia la idea de iniciar un proceso constituyente, hacia una nueva Constitución. El mimbre constitucional ya no nos vale. La Constitución española, tal y como está diseñada a día de hoy, ha agotado su rendimiento en el marco de la transición. El lamentable fallecimiento de Adolfo Suárez significa un fin de ciclo. Es necesario crear un segundo proceso de transición hacia una democracia realmente participativa y que esté amparada por el músculo ciudadano, esto implica un espacio de ruptura constitucional”.

“El Movimiento Red participa de una idea muy profunda: debemos elaborar en España de una forma clara un concepto muy eficaz de equilibrio de poderes, no solamente del poder judicial, ni del Parlamento, también el Banco de España, el regulador, los distintos supervisores, la CNMV… No podemos seguir con instituciones que no ejercen de manera eficaz el equilibrio de poderes, no puede seguir manteniéndose una situación donde algunos políticos, dentro de determinadas organizaciones y entramados de corporaciones, prácticamente acumulan todo el poder”.

“El ciudadano quiere saber si tendrá que pagar o no el déficit de la tarifa eléctrica, qué va a pasar con la mala gestión bancaria, si alguien va a ingresar en prisión de una vez o no, alumnos que tengo de 18, 19 ó 20 años quieren saber si van a tener trabajo cuando terminen la carrera, si se va a crear un sistema eficaz de investigación científica y si aunque España haya bajado al puesto 23 ó 24 por PIB, va a seguir en el puesto 300 en sus universidades”.

“También quiere saber qué va a pasar con el sistema tributario, si vamos a seguir manteniendo una puerta giratoria entre el impuesto de la renta y el impuesto de sociedades, si hay que mantener instituciones aunque no sirvan para nada, por ejemplo el Consejo General del Poder Judicial, y ahorraríamos una cantidad de dinero tremenda con su cierre. Con un dispositivo en el Tribunal Supremo bastaría. El ciudadano quiere saber qué vamos a hacer con las diputaciones y con miles de empleados públicos que no sirven para nada porque se dedican a asesorar en términos que no se entienden y son cargos de libre designación que no van a ningún lado. Los funcionarios públicos quieren saber si vamos a crear de verdad un sistema público de carrera administrativa, si vamos a primar el principio del mérito y vamos a crear productividad. Los ciudadanos quieren saber si el Estado sirve para algo o es algo que sólo sirve para repartir favores. Esto no se puede resolver si no hay calidad ciudadana en las listas y no con comités o partidos políticos que nos han llevado hasta donde estamos”.


“Millones de ciudadanos no quieren seguir así, han dicho ya basta. Esto lo tenemos que resolver, somos un gran país, lo tenemos todo, ¿por que tenemos que estar así?, ¿porque haya cuatro corruptos que manipulan el país?. Ellos dicen que la ciudadanía no va a poder remover una situación así. Ya verán como sí y la apuesta por el Movimiento RED pretende evitar esta situación de corrupción. Hace falta un movimiento político con sostén ciudadano que le diga al juez: “señoría, tengo detrás 1 millón de firmas. ¿Me va a oír o va a oír al ministerio fiscal? Présteme atención señoría, porque lo que le estoy pidiendo es que embargue todos los bienes del corrupto. Y hágalo ya, porque tiene legitimidad y hay cláusulas en la Ley de Enjuiciamiento Criminal que no se están aplicando. Señoría, ¿va a intervenir los correos corporativos de estos posibles corruptos o no?. ¿Va a seguir parado y no va a hacer nada?. Es que representó a 1 millón de personas y vamos a llegar hasta el final”. La Red Contra la Corrupción (RCC) que está ligada al Movimiento RED va a asumir esta tarea con otras asociaciones que existen y con otras que se van a unir a esto. Por eso creo que estamos ante un movimiento social. Y aunque siempre vaya a haber corrupción, lo que hay que acabar es con la impunidad”.



Blesa sigue libre y el juez Elpidio expulsado
Blesa sigue libre y el juez Elpidio expulsado

“Hay grandes periodistas en España que realizan su trabajo con la mayor honestidad. Y hay cúpulas de algunos medios que están en una situación de relativo pegamento, conexión o correlación con la corrupción. Habría que investigar a fondo algunas noticias manifiestamente falsas en relación con el “caso Blesa” por parte de determinados medios, habría que entrar ahí, que conexidad pudo haber ahí. Habría que investigar los correos de Blesa para ver si hubo determinados medios que pudieron ser financiados por Caja Madrid y apoyaron una gestión bancaria que era claramente descabellada. Todo esto hay que investigarlo. La posición de algunos medios es de una debilidad económica extrema. Y cuando aparece esa debilidad económica, la situación de autonomía y veracidad de la información, o atreverse a publicar aquellas cosas que molestan, puede verse seriamente dañada”.



Un espía en el congreso








737.- Ni el Rey hace ascos a suculentas comisiones


El rey español es conocido en el resto del mundo como comisionista
El rey español es conocido en el resto del mundo como comisionista


Juan Blanco (London School of Economics): 
“Ni siquiera el Rey hace ascos a suculentas comisiones”



Tres economistas españoles, Juan Blanco, Roberto Centeno y Juan Laborda, han coincidido: para salir del “agujero” económico en el que se encuentra España es necesario un cambio de modelo de Estado que pase por la separación de poderes y la elección popular directa de los mismos y donde el Jefe del Estado sea refrendado por votación. Juan Blanco afirma que la degradación del actual régimen es tal que el nivel de corrupción en España llega incluso a situaciones como la de que “ni siquiera el Rey hace ascos a suculentas comisiones”.




Juan Blanco, uno de los economistas que señala que la corrupción en España comienza por la cúspide
Juan Blanco, uno de los economistas que señala que la corrupción en España comienza por la cúspide


Blanco estudió en la London School of Economics, donde obtuvo un título de Master en Economía y lleva muchos años en la Universidad “intentando aprender y enseñar los principios de la economía a las pocas personas interesadas en conocerlos”. Gracias a sus muchas lecturas, bastantes viajes y entrañables personas, Blanco ha llegado al convencimiento de que “no hay verdadera recompensa sin esfuerzo y de que pocas experiencias resultan más excitantes que el reto de descubrir lo que se esconde tras la próxima colina. Nos encontramos “en el límite”: es momento de mostrar la gran utilidad que pueden tener las ideas”. Por su parte, Juan Laborda ha sido economista y estratega jefe de varias entidades financieras y ha puesto a España como “ejemplo de Monarquía bananera”, mientras que Roberto Centeno es catedrático de Economía de la Escuela de Minas y uno de los más acreditados expertos energéticos españoles por su experiencia: “El gran negocio estará en la oligarquía de un Estado de partidos, desde donde pueden expoliar España impunemente y a gran escala”, señala en otro artículo.



El fiscal Antonio di Pietro desencadenó en Italia un movimiento político contra la corrupción
El fiscal Antonio di Pietro desencadenó en Italia un movimiento político contra la corrupción


En uno de sus últimos textos, Blanco compara lo que ocurrió en Italia con lo que ahora ocurre en España: “ningún augurio permitía sospechar a Mario Chiesa (47) que su trayectoria vital se torcería radicalmente esa funesta mañana de febrero de 1992. Ni que su caída arrastraría consigo el sistema político instaurado en Italia tras la muerte de Benito Mussolini y la abolición de la monarquía. Chiesa se había limitado a representar el acostumbrado libreto, esa rutina de cobrar por otorgar un favor. Pero esta vez iba a ser diferente. El fiscal Antonio di Pietro, alertado por un empresario harto de pagar comisiones, había tendido una trampa al político milanés y lo detuvo infraganti mientras se embolsaba un abultado fajo de billetes destinado a su cuenta suiza”, cuenta Blanco.



Craxi, Felipe González y Andreotti: la corrupción de Italia y España, parecidas
Craxi, Felipe González y Andreotti: la corrupción de Italia y España, parecidas



Pero sería su jefe en las filas socialistas, Bettino Craxi, el principal protagonista, el verdadero detonante de la tremenda explosión. En lugar de arropar a su compañero, apelando a la consabida presunción de inocencia, el arrogante dirigente lo descalificó en público afirmando que era un ladrón, una mancha en el “partido más honrado de Italia”. Abandonado a su suerte, Chiesa decidió cantar involucrando a muchos conmilitones, entre ellos el propio Craxi. La bola de nieve comenzaba a rodar. El movimiento de jueces y fiscales, denominado Manos Limpias, fue tirando de los hilos hasta desentrañar unas tramas corruptas que enraizaban en todos los partidos y en todas las estructuras administrativas del país. Tras el telón, las vergüenzas de Tangentopoli, todo un mundo de corrupción, extorsión y financiación ilegal, se mostraban a la vista del público.



Berlusconi y Aznar: corrupción italo-española
Berlusconi y Aznar: corrupción italo-española



“Acorralado por la justicia, Bettino Craxi no negó los hechos. Más bien trató de justificarlos en un ejercicio de banalización del mal. Declaró que su proceder era común a todas las formaciones, la regla general de actuación. Que la corrupción era el coste de la política, el precio que la sociedad debía pagar para mantener una democracia de partidos. Olvidaba que la mayor parte de los sobornos iba directamente al bolsillo de los dirigentes, no a la financiación de gastos electorales. Los jueces citaron a 5.000 sospechosos, imputaron a más de la mitad de los miembros del parlamento, disolvieron 400 ayuntamientos y comprobaron que las grandes empresas pagaban anualmente más de cuatro mil millones de dólares en sobornos. Los partidos tradicionales sufrieron un cataclismo electoral, desapareciendo del mapa. El propio Craxi, antiguo primer ministro, acabó sus días exiliado en Túnez para eludir una condena de 27 años de cárcel”, señala Blanco, autor del libro “Catársis”.



 Rajoy y Berlusconi: corrupción y viejos partidos en España e Italia se dan la mano
Rajoy y Berlusconi: corrupción y viejos partidos en España e Italia se dan la mano


Blanco recuerda como la acción de Manos Limpias destapando la cloaca “desató el entusiasmo de la población y propició la transformación del sistema. 1993 daba paso a una nueva ley electoral que permitiría elegir en distritos uninominales el 75% del parlamento”, algo que ni siquiera Silvio Berlusconi, “magnate de los medios de comunicación” y “producto del viejo sistema” pudo parar: “Los políticos no se corrompían ellos solos, necesitaban la contraparte, esos “empresarios” que pululaban alrededor en busca de privilegios. Ciertamente, Berlusconi no había sido político, no cobraba comisiones. Él las pagaba. Había labrado su fortuna a base de contactos, favores e influencias, siempre en la órbita del poder político. Era absurdo presentarse como un outsider, libre de polvo y paja, un auténtico reformador del caduco régimen. Tan ridículo como si Jesús Polanco hubiera saltado al ruedo de la política española como un empresario modelo, ajeno al sistema, un emprendedor con fortuna amasada con esfuerzo, competencia e innovación, sin contacto alguno con los poderes públicos”.



El modelo de corrupción socialista italiana se exportó a España
El modelo de corrupción socialista italiana se exportó a España



El vendaval que barrió Italia en los 90 redujo la corrupción y mejoró la política. Pero su efecto fue temporal e incompleto. Las reformas parciales, limitadas, fueron engullidas paulatinamente por la implacable maquinaria a medida que la población se desentendía, perdía interés por los interminables procesos judiciales. Finalmente, los cambios fueron revirtiéndose, siendo Berlusconi el artífice de esa contrarreforma electoral que regresó en 2005 a un sistema de listas cerradas.



Zapatero y Berlusconi: un tonto útil da la mano a la corrupción
Zapatero y Berlusconi: un tonto útil da la mano a la corrupción



“Esta historia resulta familiar pues el montaje del sistema político español utilizó muchos decorados, atrezos y vestuario de diseño italiano. Como allí, el presente Régimen se agrieta, se resquebraja, se hunde bajo el peso de la corrupción y de una clase política más pendiente de mantener sus privilegios, de achicar crecientes vías de agua, que de velar por los intereses generales. Una élite que, por mucho empeño que pone, se muestra incapaz de tapar los numerosos escándalos que revelan la putrefacción de la cúspide a la base”, indica Blanco.



 Rajoy y Bárcenas: una relación que ya vivió Italia
Rajoy y Bárcenas: una relación que ya vivió Italia



Y añade: “aunque Bárcenas no encaje en el papel de Chiesa ni el carácter de Rajoy sea propicio a admitir públicamente que aquí nadie, ni siquiera el Rey, hace ascos a suculentas comisiones, los partidos tradicionales se van desangrando en votos a medida que los electores vislumbran las colosales dimensiones de nuestro particular Tangentopoli. ¿Acabarán ciertos personajes encarcelados o en el exilio? La experiencia italiana muestra que el cambio es posible, que la opinión pública puede ejercer una fuerza irresistible, que los partidos tradicionales no tienen el futuro asegurado. Pero hacen falta nuevos líderes, dispuestos a romper barreras, a avanzar hacia un sistema de libre acceso”.



El juez Elpidio Silva y el fiscal Di Pietro: vidas paralelas contra la corrupción
El juez Elpidio Silva y el fiscal Di Pietro: vidas paralelas contra la corrupción



“Es tiempo de participación, de empuje, de superación de absurdas enemistades tribales, de cumplida respuesta a los pusilánimes, a esos que agitan el espantajo del pesimismo, de la imposibilidad del cambio, a los que, encerrados en su torre de marfil, justifican su pasividad y conformismo en la inutilidad de cualquier esfuerzo. Es hora del recambio de los viejos partidos por otros nuevos, de renovación dentro de un proceso de reformas rápidas, profundas y radicales. Eso sí, desconfiando de aquellos que, tras haber ocupado destacados cargos políticos, despotrican contra el statu quo cuando sospechan que la tortilla está a punto de voltearse”.

Un espía en el congreso