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miércoles, 12 de febrero de 2014

695.- El caso Gürtel ( VII ) (VIII ) ( IX )


                                                                                                                                           Amanda Espuela



El caso Gürtel ( VII ) 


El reino de ‘El Albondiguilla’ y sus afanosos colaboradores

JOSÉ MARÍA IZQUIERDO Madrid 10 FEB 2014 - ElPaís

Boadilla del Monte es un municipio de 50.000 habitantes al oeste de Madrid. No son muchos, pero eran menos hace muy poco: 20.000 en 2000. Producto del boom inmobiliario de la primera década del siglo XX, sus muchas zonas residenciales se han multiplicado. Como los grandes banderones de España que señalan algunas de las también muchas rotondas —carísimas, cobraba Gürtel— que jalonan la entrada al pueblo. Sus dos calles más principales se llaman —todavía hoy— Avenida del Generalísimo y calle de José Antonio. Las dos, según los informes, se acondicionaron con pagos a Gürtel. Gracioso. Además de bonitos bloques residenciales y agradables urbanizaciones, también se puede contemplar el cadáver de una Ciudad del Deporte que iba a ser y que nunca fue. Un dineral: 30,5 millones de euros. Gürtel, en el meollo.

Hoy gobierna Antonio González Terol, joven integrante del ala más ultraliberal del PP, el llamado Tea Party. Los dos anteriores —Juan Siguero, 2009-2011, y Arturo González Panero, 1999-2009— tuvieron que dimitir por su imputación en la Gürtel. No fueron los únicos. Los máximos responsables de la Empresa Municipal de la Vivienda, ese invento para hacer más cómodo el trapicheo, siguieron el mismo camino. Al primero, ya le conocemos: Alfonso Bosch. Al otro lo hacemos hoy: César Tomás Martín Morales, personaje renacentista que tan pronto hace el egipcio para recibir el sobre correspondiente, que escribe un libro de 254 páginas: Ser empresario: secretos para convertirse en un empresario de éxito en el siglo XXI. Y tiene otro más reciente, El divorcio, hoy.

Pero por favor, que nadie le quite la corona de laurel a Arturo González Panero, de sobrenombre El Albondiguilla. Es, quizá, uno de los personajes más maltratados por Correa en esas conversaciones que grabó Peñas. Allí cuenta que tiene un vídeo en el que se ve a Panero contando mucho dinero en una mesa, y que le chantajea —a pelo, para qué disimular— con enseñarlo si no cumple con sus obligaciones. Que son sencillas: enriquecer a Correa y sus cómplices, empresarios como José Luis Ulibarri incluidos, tan querido por la trama, (ver recuadro) y quedarse él mismo “con una pasta”. O sea: un trabajo fácil.

Y como premio, los locales

En Boadilla la red logró, como poco, dicen los investigadores, unos 70 millones de euros. Y eso, seguramente, si el cálculo se hace solo sobre el costo de las parcelas y no sobre el precio final, pisos o chalés incluidos en aquella época de bonanza. Un ejemplo, Panero sacó a concurso en 2005 “el derecho de superficie” de tres parcelas. Se construirían 33 locales y 178 garajes en la Avenida Siglo XXI, la mejor zona de Boadilla. El premio recayó —en una adjudicación que la oposición tachó de vergonzosa— en la empresa Rústicas MBS S.L., que luego se las pasaría a Artas Consultoría. Las dos empresas están inscritas a nombre de Ramón Blanco Balín, a quien ya hemos visto en el capítulo quinto. Esta empresa gestionaría los locales y los garajes, por un canon que pagaría al Ayuntamiento de 81.344 euros anuales. Da la casualidad de que ese importe se había fijado anteriormente en 320.000 euros. Pero la generosidad del gerente de la EMV, Alfonso Bosch, no solo rebajó la cifra hasta una cuarta parte, sino que alargó la concesión de 75 a 99 años. ¿Chollo? Quiso el destino que fuera la Caja Madrid de Miguel Blesa la que concediera a Blanco Balín -además- los créditos, de 5,9 millones y 800.000 euros, para hacer frente a la adjudicación. Los técnicos de Caja Madrid se quedaron estupefactos ante la bonanza de la operación, porque según sus cálculos se podrían sacar unos "115.000 euros mensuales", 1,3 millones de euros al año, cuando habíamos quedado que al Ayuntamiento solo se le pagaba 81.000. Y si la cosa se hubiera mantenido durante los 99 años del contrato, los beneficios hubieran llegado, en una cuenta poco sofisticada, a unos 130 millones de euros. O sea, que sí era un chollo. Aquella Artas Consultores del principio se había constituido el 22 de septiembre de 2005 con un capital social de 60.120 euros en 120 acciones, repartidas entre sociedades de Ramón Blanco Balín, el testaferro de Correa. Al día siguiente, con contratos privados, un 25% de esas acciones van a parar a Alfonso Bosch y un 20% a Martín Morales. Bingo.

Ejemplo: la varada Ciudad del Deporte se le adjudicó a Construcciones Hispánicas, de Alfonso García Pozuelo. Quizá les suene el nombre. Por tres cosas: es uno de los donantes que figuran en los papeles de Bárcenas, con nueve entregas que suman 258.161,94 euros. Segundo: porque en 2010 pagó 20 millones a Hacienda para enjugar sus delitos fiscales con la trama, una heroicidad desconocida, y porque en el sumario Gürtel se le adjudican unos pagos a Correa de 4.192.000 euros. Aquella adjudicación tuvo lo suyo porque se hizo, sin motivo alguno, por el trámite de urgencia, lo que permitía saltarse obligaciones molestas. Se dice en los informes policiales, que curiosamente, unos 15 días después de adjudicarse el contrato, Tomás Martín Morales, el encargado de la EMV, recibía 660.000 euros en tres ingresos diferentes en su cuenta. En la primera de las entregas se puede leer “albondiguilla”, y ya sabemos de quién hablaban.

Pero no crean que todo es de mesa camilla, porque los policías, a instancias del juez Pedreira, también descubrieron que González Panero y su exesposa (Elena Villarroya) tenían una sociedad en Suiza, Longgridge Internacional, con una cuenta en el Hong Kong and Shanghai Banking Corporation (HSBC-Private Bank Suisse). También aparece otra sociedad panameña, Itelsa Development Group Corporation, con cuenta en el mismo banco. El fiscal mantiene que González Panero desvió fondos a Suiza, Panamá, Miami, Portugal y Marruecos.

No están claras las inversiones en Miami, pero sí sus viajes. El 18 de abril de 2002 Panero viajó con Correa y el entonces concejal José Galeote, también imputado. Allí se unió al grupo otro amigo, Francisco Sánchez, que luego sería concejal de Sanidad e Higiene de Boadilla en 2007. Sánchez afirmó ante el juez que Panero alardeaba de “comprar en Miami y tener muchas propiedades”. En julio de 2003 Panero volvió a viajar a Miami con Correa. Informe de la UDEF, 8 junio 2009. Todos los aquí citados fueron debidamente recompensados por Correa. El juez Ruz cree que César Tomás Martín Morales, consejero delegado de la Empresa Municipal de Vivienda, obtuvo 600.000 euros; Alfonso Bosch, 250.000 euros y el exedil José Galeote, medio millón. No está mal, pero ninguno como Panero.

La parcela, el yate... y Aznar

Una buena muestra de cómo trabajaba la trama en Boadilla la encontramos en la adjudicación de una parcela para construir 139 viviendas, más 340 aparcamientos, piscinas y pistas de pádel, en octubre de 2005. Habitat ofertó 39.100.000 euros; Alcosto, 39.040.000; y UFC, SL, una filial de Begar, la inmobiliaria del constructor José Luis Ulibarri, 35.080.000. La adjudicación fue para Ulibarri, con el argumento de que era la oferta que hacía la obra en menos tiempo: 12 meses. Por supuesto que no lo cumplió, pero ésta es una de las muchas triquiñuelas habituales en los concursos. Al cabo de los meses, y con cualquier disculpa, el Ayuntamiento amigo/comprado acuerda una ampliación del presupuesto —en ocasiones supera la oferta más cara— pero ya sin necesidad de concurso ni otras indeseadas legalidades.

A Ulibarri —un empresario potente, propietario del Grupo Begar, de gran arraigo en Castilla y León, pero con multitud de empresas en toda España— y Correa les unía una entrañable amistad. No solo asumió las obras en su chalé de Ibiza, sino que el constructor abonó ocho facturas falsas para elevar el precio de un yate del jefe de la Gürtel, para llegar hasta los 420.000 euros. Ya se contaba en el pen drive de J.L. Izquierdo. En breve: en la operación participaron 10 empresas: cinco por parte de Ulibarri (Peñalba, Begar SA, Begar Construcciones y Contratas, Conseil Cabinet y Seralia) y cinco en nombre de la trama (TCM, Easy Concept, Good and Better, Rialgreen y Pasadena). Todas las facturas por servicios prestados entre ellas, como entenderán, más falsas que un euro de madera.

Pero José Luis Ulibarri sigue siendo uno de los nuestros para el PP. Hace apenas dos meses, el 18 de diciembre, José María Aznar era la estrella de unos actos organizados por el Diario de Soria que preside Ulibarri, propietario también de un pequeño imperio mediático. En la foto que ellos mismos ofrecieron, se ve a un Aznar bien contento de lucir larga bufanda y compartir espacio con el imputado en la Gürtel. Conste que hace años Ulibarri también apretaba con fuerza la mano de José Luis Rodríguez Zapatero, de quien constan en la hemeroteca grandes elogios del empresario. Cierto que era antes de conocerse sus quebrantos judiciales y su conexión con Gürtel. Aznar los conocía y no parecían molestarle.

Lástima que Soria no tenga mar, porque se podían haber dado un paseíto en el yate, si es que Ulibarri lo conserva…

Porque Correa tendría en un puño a González Panero, pero El Albondiguilla no se conformaba con poquita cosa. Si se calcula que en dinero contante y sonante pudo recibir más de una entrega de 300.000 euros, en regalos tampoco estuvo mal servido. En el informe de la UDEF de junio de 2009, se detallan con labor de filtiré los numerosos obsequios. Solo en viajes costó más de 25.000 euros. Y en los hoteles, además, comía como un señor. En el esplendoroso hotel Mandarín de Miami, se liquidó 4.000 euros en tres días. En los más de 25.000 no está incluido el viaje de novios del hermano de Panero a las islas griegas, que se puso en 4.517 euros. Todo un detalle de la trama.

Decía Correa que Panero era de esos alcaldes que no saben vestir y le puso en suertes a su propio sastre. Nunca lo hiciera porque El Albondiguilla le cogió el gusto al pespunte de Rafael Caballero. Panero encargaba y Felisa Jordán se encargaba de que los pagos se ocultaran debidamente con facturas falseadas. En trajes y otras prendas, la broma superó los 10.000 euros. Súmense zapatos de Casa Exerez, 1.300 euros. También quería ver bien la tele. Sin problemas: se le compró un aparato de 4.000 euros, que ya es pantalla de plasma.




El caso Gürtel (VIII ) 


Majadahonda, el inicio del fin

Francisco Correa llegó a tener un control casi absoluto del Ayuntamiento
Logró, entre otras cosas, que su entonces esposa, Carmen Rodríguez Quijano, fuera contratada como jefa de gabinete del alcalde, Guillermo Ortega, Willy, un buen amigo


JOSÉ MARÍA IZQUIERDO Madrid 11 FEB 2014 - ElPaís

Majadahonda, 30.000 habitantes en 1990, 70.000 en 2013, es la madre de todas las poblaciones que pululan entrelíneas en el caso Gürtel. Hablamos de Guillermo Ortega, conocido en la elegante nomenclatura de Francisco Correa como Willy, El Rata o La Rata, alcalde de Majadahonda desde 2001 a 2005, imputado en el caso Gürtel por los delitos de cohecho, fraude fiscal o blanqueo de capitales. En unos pocos párrafos veremos sus hazañas, pero conviene echar un poco atrás la moviola, porque no hay hijo sin padre ni nieto sin abuelo. Como dice Manuel Fort, concejal del PSOE durante 11 años en Majadahonda, "aquí llevaba años utilizándose el urbanismo y el dinero procedente del urbanismo indebidamente y produciendo pingües beneficios a muchas personas, y no solo a los promotores. Y seguramente después de la trama Gürtel ha seguido y seguirá". Porque Majadahonda es territorio amigo. Allí también hacía sus negocios con la trama el socio y amigo de Agag, Jacobo Gordon. En una de sus promociones de lujo, Twain Jones, que aparece varias veces en la causa, vivieron algún tiempo los consuegros de Aznar. Y del PP de Majadahonda era concejal José Luis Peñas, del que ya hemos conocido su papel protagonista en la denuncia de este aquelarre.

Ricardo Romero de Tejada, nombre que aparece una y otra vez en las hemerotecas de la crónica negra de la Comunidad de Madrid, fue alcalde de Majadahonda desde 1989 hasta 2001, año en el que decidió dedicarse de lleno a la secretaría regional del PP, cargo que ya ocupaba desde 1996 debido a sus muchas gracias, aunque algunas gentes maliciosas dicen que también por sus muchas capacidades para la colecta de pesetas y euros. Hombre modesto, dejó que le pagara durante años las cuotas a la Seguridad Social una empresa de fotocopias propiedad de unos hermanos, los Sánchez-Lázaro, que tenían algunos intereses inmobiliarios. Cuando aquella vergüenza salió a la luz, nadie se ruborizó y la dirección de Génova, en lugar de montar en cólera, optó por la magnanimidad, dio un paso adelante y dijo que no hay problema, pagamos nosotros, que mucho le debemos. Curioso este Romero de Tejada, nombre que te tropiezas a cada poco si quieres investigar aquel sancocho infame que fue el tamayazo de 2003.

Grosso modo, los inicios de las relaciones entre el ayer y el hoy de los gatuperios majariegos pueden resumirse -o así lo hacen quienes conocen el paño- en una guerra entre los más ortodoxos del PP -Romero de Tejada y Narciso de Foxá, recaudación de recorrido in situ/Comunidad/Génova-, y los modernos que aparecen en el lugar, recaudación in situ, también, pero reparto a dos manos entre Ortega y Correa, que para llevárselo otros aquí estamos nosotros, la savia nueva del PP criada a los pechos del aznarismo. Romero de Tejada ya había creado su empresa para manejar el suelo, Pammasa, al margen de las odiosas obligaciones legales. Al frente situó a su hombre de confianza, el concejal Narciso de Foxá, que al final se quedó con el santo y la limosna: hoy, tantos años después, sigue siendo el alcalde de la localidad. La bronca clave data de los primeros años 2000, cuando sale Romero de Tejada de la alcaldía y deja a Ortega como alcalde, que parecía poca cosa, para reservar a Foxá en su sitio clave al mando del urbanismo y la compra-venta de suelo. Y de aquellas tierras, estos barros, porque resulta que Ortega, que no parecía un peligro para el estatus quo, salió como salió.

Para hacerlo breve, aunque no es fácil, Pammasa jugaba con los derechos para hacer vivienda protegida y se los cambiaba a los promotores para hacer vivienda libre en las parcelas que se sacaban a concurso, con denominaciones tales como RN1 o D2. Lo que la oposición socialista llamó "el permutazo". Y es que si una vivienda protegida -hablamos de los tiempos del ladrillazo- valía 180.000 euros, una libre podía costar 600.000. Calculen ustedes a cuánto ascendía el premio gordo de hacerte en pleno boom inmobiliario con alguno de aquellos chollos. 250 de estos derechos de pública a privada, traducidos en 250 pisos de lujo, por ejemplo, significaba una muy significativa cifra de cien millones de euros. Así que trucar o influir en alguno de esos concursos era una pelea a muerte entre las constructoras y sus protectores. Afar 4, propiedad de Antonio Cubo, era la empresa que lograba más obra en Majadahonda mientras Romero de Tejada y Foxá promovían los concursos para llevar a cabo los "permutazos". Pero a Ortega -a Correa, en realidad- no le gustaba nada que se le birlara esa parte del pastel. En la denuncia ante la fiscalía está grabada esta frase de Ortega con su grupo municipal: "No voy a aceptar que el arquitecto municipal cambie su informe de la parcela para que se la lleve Afar 4. Lo siento en el alma, pero no lo voy a aceptar". Y es que Correa ya había presentado a varias empresas suyas para hacerse con el botín.

Por este tipo de operaciones se montó un escándalo -una primera permuta en 2000, y otra en 2003- por el que se tiraron de los pelos Foxá, el hombre del PP más vertebrado, y Guillermo Ortega, a quien cuidaba con primor Francisco Correa. Tanto que la esposa de este último, Carmen Rodríguez Quijano, conocida por el sobrenombre de la Barbie, ya se había convertido, ni más ni menos, que en la jefa de gabinete de Willy, El Rata o "cerebro de mosquito" como se le oye decir al gran capo en las grabaciones de Peñas, para guiar al alcalde hasta cotas ni tan siquiera soñadas por el simpático Willy. Como tener, por ejemplo, alguna cuenta en Suiza, en la que figuraba como beneficiario de una sociedad radicada en la isla caribeña de Nevis, un paraíso fiscal de lo más acogedor.

O a recibir, por sus muchos favores a la trama, algunas prebendas que se detallan en los autos. Carpinteros que cobran por facturas falsas al Ayuntamiento pero que en realidad, bajo las expertas señas de la esposa de Ortega, Gema Matamoros, confeccionaron un hermoso mueble de comedor a medida y con armero para su domicilio familiar. En 10 años, junto con su mujer, llegó a tener 39 vehículos y para que no le resultaran muy onerosos, chequeras de gasolina. Más de 40 viajes y estancias -suyos y de sus familiares, incluso de su servicio doméstico- en hoteles de superlujo de España y varios países, además de algunos cruceros. Trajes, también trajes, y bolsos de Loewe para la señora, abonos de tenis y fútbol… Y hay, también, entregas en mano de cientos de miles de euros que ayudarían para el pago del piso de lujo que se compró en la misma Majadahonda.

Y relojes, muchos relojes. Porque según contó al juez uno de los ex concejales díscolos de Majadahonda, Juan José Moreno, Guillermo Ortega "era un apasionado de los relojes, un apasionado no, un descerebrado", puntualiza Moreno, que llegó a tener "un armario en su casa absolutamente bestial" lleno de relojes. Hay constancia de que Willy compró en la joyería Suárez relojes por un valor superior al millón de euros, entre ellos varios Panerai y algunos Hublot. Un albarán señala, comprados de un golpe, tres cronógrafos suizos por 23.000 euros.

Aquella guerra de las parcelas culminó con la destitución de Ortega, en una operación en la que tuvo que intervenir la mismísima Esperanza Aguirre. Generosa, halló la solución: Foxá amarra Pammasa, la madre del cordero, junto con la alcaldía, y a Guillermo Ortega, pobrecillo que no se nos quede sin nada, le nombra gerente del Mercado Puerta de Toledo, con un sueldo superior al de alcalde. Como ven, un castigo ejemplar de la lideresa, siempre tan firme en la lucha contra la corrupción.



El caso Gürtel  ( IX )

Una visita del Papa provechosa para el alma y muchos bolsillos

Camps abrió a El Bigotes todas las puertas de las consejerías valencianas
Consecuencia: hay seis causas abiertas. Hoy, Benedicto XVI y el gran pelotazo de Fitur

JOSÉ MARÍA IZQUIERDO Madrid 12 FEB 2014 - ELPaís

No podía haber mejor fiesta gozosa para las muy piadosas autoridades de la Comunidad Valenciana que la visita de un Papa, en este caso Benedicto XVI. Aquellos días, 8 y 9 de julio de 2006, debían ser para el equipo de Francisco Camps la demostración ante el universo entero del poderío que entonces inundaba de doblones las bodegas de la nave levantina. Para controlar que no estuviera fuera de su sitio ni una sola hoja de los árboles del camino se creó, a pachas entre Generalitat, Ayuntamiento, Diputación y Arzobispado la Fundación V Encuentro Mundial de las Familias. ¿Será por dinero?, se decían manilargos unos consejeros a otros, mientras Camps —El Curita, le decían en la trama— sonreía beatíficamente y se lanzaba requiebros telefónicos con un señor muy divertido al que le llamaban El Bigotes. El mundo era suyo, la comunidad era suya y los contratos eran suyos. ¿Un Calatrava? Tres, cuatro, cinco. Los que hicieran falta. ¿Avenidas? A decenas. ¿Aeropuertos? Como el de Castellón. A quien menos le molestaba la prodigalidad era a Álvaro Pérez, El Bigotes, que mejor estar donde hay mucho.

Y de muestra, tres eran tres

Los métodos de Gürtel fueron variados, como ya hemos ido viendo. En Valencia hay muestras notables. Por ejemplo, cómo lograr la adjudicación 138.678 euros— de la campaña publicitaria de la sociedad pública Vaersa, dedicada al aprovechamiento energético de residuos. Se trataba de sensibilizar al respetable sobre el uso del contenedor amarillo. De nuevo el concurso, como tantos que hemos visto en esta serie, se hizo mediante un procedimiento negociado y sin publicidad.

Se invita a tres empresas, tres. Concurrencia y transparencia, pues. Porque quién iba a saber que el administrador único de las tres, Orange Market, Easy Concept Comunication y Boomerangdrive, era el mismo: Luis Miguel Pérez. Y las tres, ya lo hemos visto antes, eran unas de las muchas que se integraban en el tinglado de Correa, Álvaro Pérez y Pablo Crespo. Por si les pica la curiosidad, la campaña, tras dura competencia con las otras dos, se la adjudicó Orange Market.

Y esto fue lo que declaró ante el juez, en julio de 2013, el que fuera director del gabinete jurídico de la empresa pública Vaersa (Valenciana de Aprovechamiento Energético de Residuos, SA), Joaquín Fernando Tomás Font de Mora, ante la evidencia del desaguisado: la orden “venía de arriba”, y se había urgido “a la mesa de contratación a adjudicar el contrato incluso obviando los procedimientos”. Y tanto que se obviaron, como señaló la Sindicatura de Comptes en febrero de 2013.

Tanta felicidad a punto estuvieron de ensombrecerla unos infortunados pasajeros del metro valenciano, cuando tres días antes de la llegada del Papa, a las 13.03 horas del 3 de julio, un tren descarriló en una curva cercana a la estación de Jesús. 47 muertos y 43 heridos, muchos de ellos lanzados a través de unas ventanas sin refuerzo y que fueron aplastados por el vagón que se deslizó durante muchos metros sobre su lateral. La orden fue tajante: Canal 9, la televisión de la comunidad, debía silenciar lo más posible ese desgraciado accidente y, desde luego, no alterar ni un ápice la programación, ya dedicada en cuerpo y alma —sobre todo alma— al recibimiento al Papa. Tal cual lo hizo, ante la parálisis de una plantilla inmunizada frente a las injusticias. Así que el muy atareado Juan Cotino, el hombre más religioso de cuantos hombres —y mujeres— religiosos andaban por la Generalitat, y que llevaba meses desviviéndose en la Fundación y fuera de ella para que nada faltara en tan señalada visita, fue el encargado de silenciar a las víctimas, ofreciéndoles alguna dádiva si la protesta se anestesiaba porque nada podía enturbiar aquellos días gloriosos. Gran labor misericordiosa la suya, sin duda, porque era tiempo de gozos, y no de sollozos.

Meses antes, esa misma televisión que compitió en indignidad con el equipo de Camps, ya se había encargado de que todo estuviera dispuesto para reforzar hasta la hipérbole aquella visita. Por lo pronto, la Generalitat ya había dejado bien claro a Moncloa que no querían ver en kilómetros a la redonda a nadie de TVE, que era, y es, quien acostumbra a cubrir, por medios y experiencia, las visitas de los primeros mandatarios mundiales, como son los Papas. Una de las personas que entonces —mes de abril— se entrevistaron con las autoridades civiles y con el propio arzobispo valenciano, detectó rápidamente el rechazo político, ideológico… y económico. “Allí se les veía que les sobraba el dinero”. El cierre lo puso Esteban González Pons, a la sazón consejero y portavoz del Gobierno valenciano. “Doy por clausurada esta reunión”, les dijo de malos modos. Fuera. Esto es nuestro.

Y tan suyo que era. Además de los muchos millones que le costó a Canal 9 la retransmisión -13, se calcula, y ya conocen su triste final— sus directivos recibieron el encargo de llenar de pantallas la ciudad para que los 1,5 millones de fieles que se esperaba que acudieran a Valencia pudieran seguir al detalle la misa que se iba a retransmitir desde el marco incomparable que formaba el conjunto de Calatravas en el cauce del río, más bonito que un San Luis. El encargo fue recogido por un dispuestísimo director general de la Ràdio Televisió Valenciana, Pedro García Gimeno, que, sorpresas nos da la vida, era íntimo amigo de Francisco Correa y de El Bigotes.

Y como entre colegas todo se hace más sencillo, enseguida hubo acuerdo. García autoriza —ojo con las fechas— que la contratación se negociara por motivos de urgencia “con precio libre” y “sin publicidad”. El mejor territorio, como sabemos, para las habilidades de la trama. Tras un aberrante concursillo, el 8 de mayo —ojo con las fechas— se produce la adjudicación para el complejo montaje técnico. Quiso el destino —y la trama Correa— que el premio recayera en la empresa Teconsa, la empresa constructora de nuestro conocido José Luis Ulibarri, que no tenía ni la menor idea de cómo se montaban tales dispositivos porque jamás había hecho algo ni siquiera parecido. Pero eso sí, era “la más cara y desaforada”, según uno de los conocedores del concurso, con un presupuesto de 7.493.600 euros. Sin problemas porque el adjudicatario real, Gürtel, tenía todo previsto: el montaje lo harían otras empresas, que sí tenían los conocimientos y los medios necesarios, sobre todo Sirius Showequipment, que cobró 3.654.000, IVA incluido, una subcontrata alemana que ya había hecho esa labor en el viaje de Benedicto XVI a Colonia en 2005 y que el Vaticano —aquí todos tienen amigos— ya se había encargado de recomendar. Hay, también, participación de otras empresas con importes menores que sí hicieron trabajos, como Apogee o Impacto Producciones, pero asoman otras como Castaño Corporate y Free Consulting, empresas de la trama y tapadera para generar facturas falsas. En Castaño, compraventa de inmuebles, aparecían por sus escrituras Jacobo Gordon, Blanco Balín o el propio Crespo.

Pero veamos algunos detalles para entender ese concurso que Pedro García tuvo la desfachatez de convocar. Primero, las fechas. Alegar urgencia tenía lo suyo, porque la visita papal ya se conocía desde mucho antes, como es natural. El sumario recoge una carta del 17 de enero de 2006 de la empresa Apogee Telecomunicaciones SA, una de las subcontratas, a Teconsa para estudiar “documentación y cifras” sobre el proyecto de Valencia. ¡Cuatro meses antes del concurso! Y el 1 de febrero hace lo propio otra subcontrata, Impacto Producciones, a la que había pedido ayuda Apogee. Pero es que un conocido experto en este tipo de instalaciones, Miguel Torroja, declaró al juez Ruz que en febrero de 2006 fue contratado para el diseño del montaje por Pablo Crespo y que entonces ya sabía que Teconsa era la tapadera, porque la adjudicación era en realidad para Special Events. Él, por lo pronto, trataba los detalles con Crespo y, a veces, Álvaro Pérez.

Las fechas también fueron refrendadas ante Ruz, entre otros, por Luis Sabater, el jefe del departamento técnico, que declaró que ya en febrero, tres meses antes del concurso, el director de Canal 9, Pedro García, le dio el teléfono de El Bigotes para que se encargara de la sonorización del acto. Contó, también, que le llevó a ver a Cotino y que posteriormente le presentó a Torroja. Todo ello antes, claro está, de que se fallara el fantasmal concurso, con ganador decidido de antemano. “Esconde el contrato”, le decían los jefes a una empleada.

Resultado del amaño según recoge un informe de la Policía Judicial del 25 de noviembre de 2009 de contabilidad de la trama: Gürtel se embolsó 2.830.000 de los 7,4 millones de euros de la adjudicación. Reparto: 1,4 millones para Francisco Correa, que para eso es el capo; 630.000 para su número dos, Pablo Crespo. A El Bigotes le cayó medio millón, lo mismo que a Pedro García, el director general de la RTVV. Para Teconsa se fueron 200.000 euros, y el resto, 600.000, se los quedó un receptor inidentificado que aparece bajo la letra R. Los investigadores han apostado por Ramón Blanco Balín, aunque sin poder confirmarlo. Cinco años después, el juez José Ceres decretó un nuevo secreto del sumario, que acaba de levantar, porque ha habido nuevos testigos y nuevas declaraciones provenientes de un funcionarios de Canal 9 y de un extrabajador de Orange Market, que han decidido hablar.

Y no hace demasiado tiempo, la Generalitat tuvo que inyectar dos millones para la Fundación V Encuentro Mundial de la Familia, aquel organismo cuatripartito y de cuentas opacas que nació en 2006 para un sueño que acabó en fiasco: del millón y medio o dos millones de peregrinos previstos, apenas si se alcanzaron los 250.000, y de las 500.000 mochilas conmemorativas todavía se ven por la ciudad los restos de 200.000 de ellas que se quedaron sin piadosa espalda portadora.






viernes, 7 de febrero de 2014

692.- La trama Gürtel ( VI )

                                                                   ILUSTRACIÓN: AMANDA ESPUELA

La trama Gürtel  ( VI )


López Viejo ponía las sillas. Pero no era barato

JOSÉ MARÍA IZQUIERDO Madrid 7 FEB 2014 - ElPaís

El ser humano es olvidadizo. Y Esperanza Aguirre, más. "López Viejo no era en absoluto de mi total confianza", declaró -por escrito- la expresidenta de la Comunidad de Madrid al juez Pablo Ruz el 17 de diciembre pasado. ¡Pobre Alberto López Viejo, con lo que él había sido para la lideresa! Tanto como para que Esperanza le citara en un mitin de fin de campaña como una de las dos personas a las que había que agradecer su labor. Y no es de extrañar, porque López Viejo, desde una cómoda Consejería de Deportes, era el encargado por Esperanza Aguirre -¿quién si no iba a darle tal poder?- de organizar todos y cada uno de los actos de la presidenta, grande o pequeño, fácil o difícil. Hasta controlaba el color de la ropa de su jefa para que los chicos de Correa adaptaran convenientemente los decorados. Alguna vez hasta cuidó de que se retocaran las fotos de su presidenta, con la consiguiente facturación añadida, para "suavizar arrugas" o "retocar el pelo". Tenía mano de hierro: sentaba y levantaba de las primeras filas a quien creía oportuno, tuviera el rango que tuviera. Porque mandaba -era la mano ejecutora de Esperanza- un montón.

Tito Pajares, uno de los nuestros

Tanto va el cántaro, que a veces se rompe. Llegó un momento en el que las consejerías de la Comunidad de Madrid se rebelaron, y algunos funcionarios pusieron los pies en pared antes tanto desmán y tanta factura de López Viejo. Los pagos se retrasaban y Correa se ponía nervioso. Hubo alguna bronca. Quizá por ello, o porque López Viejo quiere volar solo, en 2006 aparece la empresa Ilusiona como rival de Correa. Felisa Jordán avisa al jefe de los retrasos y de Ilusiona. Resulta que esta nueva estrella -y otras que pronto aparecerían- tiene como administrador a un señor que se llama Javier Fernández Verea. Rascando, resulta que es el administrador habitual de otras empresas de José Tito Pajares San Román, sobrino de Fidel San Román, un imputado en el caso Malaya y relacionado con el tamayazo.

Tito Pajares tiene sus propios méritos. Amigo fiel de todo el clan de Becerril, es dueño, entre otros negocios que no vienen al caso, de la discoteca Gabana 1800, en la madrileña y lujosa calle Velázquez. Allí, en la noche del 3 de septiembre de 2002, Ana Aznar y Alejandro Agag celebraron su despedida de solteros. Fiesta guay. El concejal de Limpieza del Ayuntamiento de Madrid era Alberto López Viejo, habitual del local, como Agag y sus amigos. Se ocupó hasta el límite: las brigadas municipales limpiaron a fondo la zona. Tan a fondo que algunos operarios tuvieron que fregar, rodilla en tierra, aquellas aceras con roña incrustada desde muchos años atrás.

Y es que la memoria de Aguirre es muy, muy débil, porque tampoco es consciente de que el mayor nido de corrupción destapado en el caso Gürtel está incrustado en lo más profundo del Partido Popular de Madrid, del que ella es presidenta, con 20 imputados. Mucho ha presumido de haberlos echado, pero si al final tuvo que hacerlo es porque estuvieron dentro durante años. Aguirre o no se enteraba de tanta putrefacción o dejaba hacer. Poca virtud hay en ninguna de las dos opciones. Alcaldes, diputados, consejerías… todo estaba tocado por la red. Y en primer lugar, Alberto López Viejo, un personaje de fama mediana dentro del PP que ella misma se encargó de rescatar tras algunos incidentes no menores, y situarle, primero de número seis en su lista de 2003, para después nombrarle consejero.

López Viejo proviene de donde ya sabemos que estaba el granero de Correa: los jóvenes leones del PP, aquel famoso clan de Becerril donde se alimentaron, también, el yernísimo Alejandro Agag, la consejera de la Comunidad de Madrid Lucía Figar, o el asesor personal de Rajoy, Pedro Moragas. Concejal en el Ayuntamiento de Madrid, José María Álvarez del Manzano le adjudica en 1999 la responsabilidad sobre Limpieza Urbana y Desarrollo Medioambiental. Sigue en el cargo con Alberto Ruiz-Gallardón. Y allí debieron empezar sus primeras proezas porque durante su mandato la oposición, PSOE e IU, no se cansaron de denunciar y pedir explicaciones por las ingentes cantidades de dinero -decenas y decenas de millones de euros- que dedicaba la concejalía a las empresas concesionarias de la recogida de basuras a las que había que sumar otros gastos desmesurados de la propia consejería por el mismo cometido. Se suponían comisiones colosales para quien las autorizaba. El sumario Gürtel recoge un ejemplo cristalino: la adjudicación en 2002 para limpiar el distrito madrileño de Moratalaz supondría unos ingresos de 48 millones de euros durante diez años para la empresa que se quedara con el contrato. Ganó Sufi S. A., presidida entonces por Rafael Naranjo. El 3%, dice el sumario Gürtel, fue para la trama de Correa. Alberto López Viejo era el concejal de Limpieza. Poco después, Vallehermoso compraría Sufi y su fama continuaría. Es la protagonista, en Toledo, del rifirrafe entre Cospedal y Bárcenas. Hubo muchas más denuncias y el brillo del joven López Viejo -nació en el 68- se fue oscureciendo. Hasta que Esperanza Aguirre, de memoria tan feble, le rescató de las oscuridades en la campaña de 2003 y lo situó a su vera.

El sistema de operar de López Viejo en la Comunidad era muy sencillo. Prácticamente todos los actos públicos de la Comunidad -686, con un coste de 6,48 millones de euros, según el sumario- se le adjudicaban a las empresas de Correa por un precio acordado entre ellos, sin más control, porque ya se encargaba él de despiezar los contratos por debajo de los 12.000 euros para que no hubiera que hacer concurso de ningún tipo. Y los seis que no se despiezaron, por un valor de 1,4 millones, tuvieron que ser aprobados por el Consejo de Gobierno que presidía la mismísima Aguirre. Tampoco se acuerda. ¡Tiene tantas cosas en la cabeza! Pero de los que se troceaban, 680, las consejerías pagaron durante años esas facturas de las que nada sabían, "porque llegaban del hombre de confianza de la presidenta", según declaró alguno de los funcionarios. Las facturas, además, presentaban unos precios totalmente abusivos: hasta un 100% o un 50% de sobrecoste, según las estimaciones de Hacienda. Al consejero de Deportes le correspondía, donación altruista de Correa, un 10% de cada operación. Ejemplos de precios pagados sin rechistar a las empresas de Correa: "Tres atriles por 45.075,91 euros". O sea, 15.000 euros por atril, y 4.500 y 1.500 para el bolsillo de López Viejo. El Belén de 2005 costó 81.000 euros, y eso que las figuras eran de la Asociación de Belenistas de Madrid. ¡Y el homenaje al Getafe por subir a Primera División, 73.000 euros! Insistimos: 7.300 para el eficiente López Viejo. Está muy claro en las grabaciones de Peñas y en los informes de la policía y de la Agencia Tributaria.

Resumamos: Alberto López Viejo, exconsejero de la Comunidad de Madrid, acumuló, según la Agencia Tributaria, un patrimonio "no justificado de 5,5 millones de euros". Esto es lo que declaraba de ingresos anuales como diputado y cargo público: entre 61.000 y 103.000 euros, dependiendo del año. Pero para pagar su fianza de 750.000 euros, presentó como aval un chalé que se había comprado en Madrid, en la calle Arturo Soria, poco antes de que estallara el caso: 400 metros cuadrados, cuatro plantas con ascensor, seis habitaciones, cuatro cuartos de baño, dos salones, patio interior, piscina y garaje para tres coches. Una ganga que no resulta creíble: 1.200.000 euros, precio depositado ante notario. Más otro medio millón que quedaba por ahí pendiente. Demasiado para el sueldo. Tuvo, como los importantes, cuenta en Suiza. Él y su mujer, Teresa Gabarra. "Para huir de un acreedor", dijo ella. Se benefició de la amnistía fiscal del Gobierno y repatrió el dinero. Un buen ciudadano. Lástima que esté imputado por los delitos de blanqueo de capitales, cohecho, prevaricación, tráfico de influencias y asociación ilícita.

Conste que López Viejo no es el único implicado de la Comunidad de Madrid. Tenemos, por ejemplo, a Carlos Clemente, exviceconsejero de Inmigración, hoy por Colombia, buen amigo del exministro Michavila, al que el propio Correa, en charla telefónica interceptada por la policía, le recomendaba “opacidad fiscal”. O, también, al funcionario de la Consejería de Sanidad Germán Rasilla, que viajó gratis de luna de miel a Kenia -con safari- y a Isla Mauricio. Eso, al menos, dice la UDEF.

De Génova a la Puerta del Sol

Francisco Correa se aleja de Génova al tiempo que se aleja el aznarismo de La Moncloa. Pero las amistades continúan y la trama solo hace que desplazarse hasta nuevos destinos en busca de jugosas oportunidades. Es una lástima, claro, porque en Génova dejaban amigos. Y negocios. Sobre todo, negocios, que Luis Bárcenas no era cualquier cosa como proveedor de infinitos contratos. Ni Paco Álvarez Cascos, que cómo va nadie a suponer que pueda tratarse de ese misterioso PAC, que tan generosamente recompensado aparece en los papeles, a raíz de unas concesiones de AENA, en la época en la que el interesado era el ministro de Fomento. Aunque la policía, siguiendo el viejo chiste de aquí han fumado, ha llegado a deducir que esas siglas -PAC- corresponden, oh, milagro, a Francisco Álvarez Cascos. En Gürtel no se desanimaron, porque las Comunidades también necesitaban financiación, y por ahí cerca andaban esas brillantes fundaciones ultraliberales -y ultragenerosas con el presupuesto- nacidas en el aznarismo, todas ellas dominadas por los jóvenes leones que tan bien conocía Correa. Valen FAES o Fundescam, que tanto monta, monta tanto. Además de los señores alcaldes, todo prodigalidad. Así que se siguen trucando contratos y amañando concursos porque corruptores y corrompidos lo necesitan. Socorro mutuo. Como en Valencia, tierra de oportunidades, donde los millones de euros se multiplicaban por el milagro de los panes y los peces. Y puestos a contemplar milagros, hasta lograron combinar las chaquetillas de El Bigotes con el porte patricio de Benedicto XVI.


RAMA VALENCIANA DEL CASO GÜRTEL

La fundación de la visita del Papa gastó 2,65 millones en urinarios

Los patronos encargaron mochilas del peregrino por valor de 3,5 millones

JOAQUÍN FERRANDIS / MIQUEL ALBEROLA Valencia 6 FEB 2014 ElPaís


Las calles de Valencia se llenaron con 7.000 urinarios para atender a cerca de dos millones de peregrinos que nunca llegaron. / CARLES FRANCESC

A lo grande, se trataba de pensar a lo grande. La burbuja inmobiliaria estaba en su apogeo y la política de grandes eventos del PP en el Gobierno valenciano estaba a punto de alcanzar su paroxismo el 3 de julio de 2006 con la visita del Papa Benedicto XVI a Valencia con motivo del V Encuentro Mundial de las Familias. Un acontecimiento impulsado por el presidente Francisco Camps, el consejero y miembro del Opus Dei Juan Cotino y el arzobispo de Valencia Agustín García Gasco ya fallecido, quienes junto con la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, crearon una fundación específica para organizar la visita del pontífice.

El levantamiento del secreto de sumario de la pieza cuatro del caso Gürtel, relativa a la visita del Papa a Valencia, desvela los millonarios contratos firmados por la Fundación V Encuentro para un evento en el que se manejaron unas previsiones de asistencia (dos millones de peregrinos) que quedaron, finalmente, en una décima parte.

El ‘caso Gürtel’ desvela los contratos del V Encuentro Mundial de las Familias
La Fundación V Encuentro contrató con Acciona cerca de 7.000 urinarios portátiles, cuyo coste se elevó a 2,65 millones de euros. La mayoría de los sanitarios repartidos por el antiguo cauce del Turia y las principales arterias de la ciudad quedaron sin utilizar. El pedido incluyó 5.940 urinarios a 295 euros la unidad, otros 60 preparados para personas con minusvalías del mismo precio y otros 864 sanitarios de mayor categoría (355 euros la unidad).

Las cifras contrastan con el número de sanitarios que instala el Ayuntamiento de Valencia durante la semana grande de Fallas. Un número que en los últimos años ha oscilado entre los 200 y los 300 urinarios portátiles repartidos por las zonas de mayor afluencia de visitantes.

El coste del evento con el Pontífice se estimó en unos 22 millones de euros
A cambio del contrato de los 7.000 urinarios, Acciona se comprometió a donar 550.000 euros en dinero a la Fundación V Encuentro.

Con ser excesivo, el contrato de los sanitarios portátiles no fue el de mayor montante. Los patronos encargaron a la firma Cronosport SL casi medio millón de mochilas del peregrino por un valor de 3,46 millones de euros. La documentación remitida al Tribunal Superior de Justicia de Valencia revela que se encargaron 390.000 mochilas senior y 110.000 junior que incluía un lote de artículos para el peregrino (gorra, abanico de plástico, camisa de manga corta, plano, acreditación, banderita, chapa y plano). Para las mochilas destinadas a los adultos se acordó un precio de 7,60 euros y para los niños de 4,50. El fabricante se comprometió a donar 90.000 euros a la Fundación, un porcentaje en función de la facturación final y 12.000 mochilas gratis para los voluntarios.

En los gastos se incluyó vestuario y regalos para la curia eclesiástica
Los contratos, mantenidos en secreto por la Fundación pese a que tres de sus cuatro patronos son Administraciones públicas, incluyen toda clase de dispendios. A la firma Cuco Comunicación se le contrataron por un millón de euros (990.000 para ser exactos) la construcción de los expositores de la Feria de las Familias —celebrada en Feria Valencia— los materiales necesarios y la campaña de publicidad.

La documentación, remitida por el entonces presidente ejecutivo de la Fundación y hoy prelado de Palencia, incluye el contrato para la confección de 900 casullas y 500 mitras para las autoridades religiosas por importe de 84.500 euros más IVA. Al Papa se decidió regalarle una réplica del Santo Cáliz en plata dorada valorado en 6.055 euros.

Los documentos contables y las actas reflejan la falta de rigor en la gestión económica de la Fundación V Encuentro en un presupuesto que se estimó inicialmente en más de 22 millones de euros.





miércoles, 5 de febrero de 2014

688.- El caso Gürtel ( IV )


El caso Gürtel ( IV )

Con todos ustedes, El Bigotes


JOSÉ MARÍA IZQUIERDO Madrid 5 FEB 2014 - ElPaís

Justo al lado de Correa siempre se sitúa un tipo bien pinturero, fachendoso y peripuesto que en algún momento de su vida decidió que no iba a pasar desapercibido. Y se dejó unos bigotes de forzudo de circo de comienzos del siglo XX. Álvaro Pérez, Alvarito o El Bigotes, por sobrenombre obvio, ha sido el más citado y popular de todos los colaboradores del gran jefe Francisco Correa. Pero no parece el más importante. Es más bien el complemento de pimienta que necesita cualquier espectáculo para atraer espectadores.

El Bigotes se incorporó a las empresas de la trama desde el mundo del espectáculo

De hecho, su otra vida fuera de Gürtel se ha movido siempre en torno al entretenimiento. Sobrino político de Andrés Pajares, participó en alguna de sus películas como extra o como empleado en la producción. Quizá de entonces se trajera su vena de gran imitador, una de sus muchas gracias. Alrededor del año 2000 se empata con Correa. De creer al gran jefe de la trama, lo que no es obligatorio, se lo presenta Alejandro Agag. Ya hemos contado en otro apartado que es él quien le pide que le ponga en los actos de Aznar. Sea cual sea el origen de su amistad, Álvaro Pérez trabajó mucho y bien, según el sumario, para Correa. Desmadrado en el vestir como era, loco por la ropa cara, se encargará docenas de trajes, camisas o zapatos de primeras marcas, Briani o Hackett, como muy bien sabe José Tomás, el sastre que luego nos aparecerá tomando medidas a Francisco Camps.

Su gran momento llega cuando Correa, en 2004, le encarga la rama valenciana. Crea Orange Market, en coordinación con Correa y como una sucursal de Madrid. Se va a vivir a un gran piso en una de las mejores zonas de Valencia y compra un chalé de descanso en la urbanización San Rafael, entre La Nucía y L'Alfàs del Pi, valorado en cerca de medio millón de euros. Garboso, asombra a los paseantes con sus llamativas motos, especialmente su Can-Am Spyder, de tres ruedas y 20 o 30.000 euros de coste, tanto como sus mostachos o sus puros habanos. Pero como no es bueno dejarse llevar por las apariencias, nos engañaríamos si no le adjudicáramos una insólita capacidad para seducir a seres humanos tan contrapuestos a su fenotipo como Francisco Camps. Porque alguno del resto de los implicados, Rafael Betoret o Ricardo Costa no parecen tan alejados del estilo esplendoroso de Alvarito. Refuerza su amistad -uña y carne- con Pedro García, director general de la Radiotelevisión Valenciana Canal 9, hoy desgraciadamente fenecida, un periodista capaz de hacer piruetas en el alambre: director general y jefe de prensa de Eduardo Zaplana, llegó a ser secretario autonómico de Comunicación con Francisco Camps. Ahí es nada. Así que los negocios de Orange Market se multiplican al unísono con la cada vez más cercana presencia de Pérez al poder de la Generalitat, encarnado en primer lugar por su presidente. Y la inestimable ayuda, por supuesto, de todo su equipo, incluido el poderoso y ya citado Pedro García.

De creer a Correa, fue Agag quien le pidió que le pusiera cerca de Aznar

Pero El Bigotes ha tenido, y tiene, más amigos de los que aparecen en un primer vistazo. Juan Villalonga, por ejemplo, el amigo de pupitre de José María Aznar y, por ende, presidente de Telefónica. Más recientemente, después del escándalo Gürtel, Pérez ha reaparecido como posible comprador o resucitador del Grupo Intereconomía, de la derecha más extrema, en plena asfixia económica y que ya ha tenido que cerrar su periódico impreso, La Gaceta. Por dinero, nadie sabe, pero por ideología no será, porque todos los que le conocen de antiguo le consideran algo más que un simple señor de derechas. Más allá. Un poquito más allá.

¿Vida familiar? Variada. Su primera mujer, Esther del Prado, fue azafata del famoso Un, dos, tres, de TVE y tuvo una muy modesta carrera como actriz. En 2009 protagonizó, no excesivamente vestida, un número de la revista Interviú. Su segunda mujer, Noemí Ramal, también se ha movido por escenarios similares, aunque más en televisión, y muy concretamente en Canal 9, donde presentó varios programas e incluso contó las uvas de Nochevieja en 2007 -se llevó las cámaras hasta La Nucía- y 2008. Antes, mucho antes, también se había desnudado en Interviú y había pertenecido al elenco de las muy recordadas Mamachichos de la inicial Tele 5.

Una vida entretenida, esta de El Bigotes.

687.- El caso Gürtel ( III )



El caso Gürtel ( III )

Correa, el atildado patibulario que se codeaba con los grandes

JOSÉ MARÍA IZQUIERDO 4 FEB 2014 - ElPaís

Francisco Correa debe andar a punto de cumplir los 60 años. Personaje poliédrico, nunca se sabe cómo enfrentar sus muchas caras. Porque existe la tentación de entrar a saco en esa personalidad patibularia que nos han mostrado las cintas grabadas por aquel que fue su amigo, José Luis Peñas, escaparate deleznable de un tipo deleznable. Busquen rasgos despreciables en un ser humano —machista, golfo, prepotente, tiránico, putero— y tengan por seguro que los encontrarán en las cintas. Bien, sí, está justificado incidir en esa faceta porque es muy propia y muy definitoria del personaje. Pero también conviene insistir en que nuestro protagonista logró codearse de tú a tú y pasar horas y horas, amén de hacer sustanciosos negocios, con personajes tan encopetados como los que todos sabemos. Ese tipo fanfarrón, de porte atildado, cuerpo modelado en muchas horas de gimnasio —y pocas de trabajo—, grosero y zafio, en nada molestó a José María Aznar, a Luis Bárcenas, a Francisco Álvarez Cascos, a Javier Arenas, a Francisco Camps, a Ricardo Costa o a Alejandro Agag, ellos que son tan finos y comedidos. Y señores tan respetables como Pablo Crespo —secretario de organización en Galicia del Partido Popular—, o José Ramón Blanco Balín, inspector de Hacienda, exvicepresidente de Repsol, ahí es nada, trabajaron felizmente en sus empresas y movían con donosura los dineros compartidos. Así que impresentable, pero qué bien nos llevábamos con él.

De origen modesto, Correa enseguida aprendió la primera norma de su peculiar código: pégate a los que mandan

“Las personas felices no tienen historia”, dejó escrito Simone de Beauvoir. El que en el esplendor de sus días de leche y miel gustaba de oír cómo le llamaban Don Vito, nació en Casablanca hacia mediados de los cincuenta. Inicios muy modestos, y a su llegada a Madrid su padre consigue un trabajo en la lavandería del hotel que estaba —está— frente a la Estación del Norte o de Príncipe Pío. Y el avispado Paquillo, con 13 años, se empleó allí de botones, agraciado entre otras cosas por un francés mamado en la infancia. Luis Gómez, ver El País del 18 de octubre de 2009, dio cumplida cuenta de aquellos años. Y de los últimos pasados por sus padres, José Francisco, fallecido en 2011 y Concepción, 95 años, que es quien finalmente pagó su fianza. Misterios de los dineros de Correa. Su madre vive en una casa de diseño muy cercana a la estación de los inicios. Tiene Correa, también, un hermano aquejado de una parálisis cerebral. Pronto se casó con su primera mujer, María Antonia. Tampoco tuvo suerte en este otro ambiente familiar. La pareja tuvo un hijo que nació con una fibrosis quística, y del pronosticado año de vida por los médicos se llegó a los 13 reales. ¿Pena por Correa? Poca: su mujer dejó escrito esto en una carta a un periódico: “Durante esos años, su padre no se ocupó un solo segundo de su hijo… No voy a consentir que este hombre vuelva a dar pena ni fuera ni dentro de la cárcel como al parecer ha hecho estos años… En cuanto su hijo murió, no dudó en aceptar el importe de la mitad de la casa donde vivíamos su hijo y yo, y que todavía estoy pagando, no le remordió para nada coger ese dinero después de no haberse ocupado de su hijo enfermo durante 13 años”.

Pero demos un salto y situémonos ya en los años 90, cuando Correa, que había trabajado en algunas agencias de viajes, se había independizado y creado su propia empresa, FCS, por las iniciales de su nombre y apellidos. Empezó a trabajar para el PP como un simple proveedor de billetes de tren, fuera o no gracias al empujón de Elvira Aznar, tal y como está registrado en su declaración ante el juez Antonio Pedreira (véase vídeo). Algo debieron ver en él los próceres del partido porque rápidamente se hace con el santo y la limosna. En sus declaraciones judiciales con Garzón y Pedreira tiene desperdigadas sus ayudas. Alguna vez habla de Álvarez Cascos: “Paco Cascos, con el que yo tenía cierta relación, me la dio. Era muy importante, se hacían Fitur y un montón de eventos”. Algún contrato de AENA ya les cayó, como recoge el sumario. Y del entonces gerente, luego afamado tesorero: “Bárcenas me dijo: ‘¿Vosotros seréis capaces de organizar un mitin político?”. Correa contestó afirmativamente, claro, y al poco ya eran los únicos encargados de los viajes y los escenarios para los actos del PP, innumerables durante aquellos años 90. En ese equipo de apoyo a Correa no nos podemos olvidar de Jesús Sepúlveda, aznarista puro y entonces esposo de Ana Mato, la actual ministra de Sanidad, que se ocupaba de organizar todos los actos electorales: el complemento perfecto para aglutinar los intereses de todos ellos. Pero seríamos injustos si no mencionáramos en esta breve relación al secretario general que sucedió a Cascos, Javier Arenas, o al propio Rajoy, que fue vicesecretario de Organización y jefe de las campañas de Aznar en 1996 y 2000. O sea, todos ellos, con Correa, en un pañuelo.

Sus modos en la época los relata uno de los empresarios que hacía de verdad los actos, porque Correa se limitaba a ser un mero intermediario, sin tener que desempolvar ni un alicate. “Pagaba siempre en negro. Cuando llegaba a nuestras oficinas parecía el anuncio de Michelín hasta que se iba sacando los sobres con fajos de billetes —entonces eran pesetas— que llevaba metidos entre la ropa”. Y le gustaba alardear: “La nueva mujer de Cascos y la mía se entienden de maravilla, y eso me viene muy bien, porque…”.

Su vida familiar ya había pegado un cambiazo. En 1996 se casa con Carmen Rodríguez Quijano, de la que se separaría una década después. La boda se celebra en Marbella. Les casa Marisol Yagüe, la alcaldesa tránsfuga que, vaya por dios, fue condenada posteriormente a seis años de cárcel por su participación en el llamado caso Malaya. Y aquí, un inciso, porque tiene su explicación que los novios eligieran la localidad malagueña. Y es que el padre de la novia, Emilio Rodríguez Bugallo, amigo y quizá algo más de Juan Antonio Roca y Jesús Gil, constructor y promotor de numerosas viviendas de lujo en la misma ciudad, con su empresa Construcciones Salamanca, S.L, también fue uno de los principales imputados en la operación Malaya. Su hijo y por tanto hermano de Carmen también se llama Emilio, y por la zona se le conoce como Don Emilione. Hay que ver qué gusto tienen en esta familia por los nombres italianos…

Correa hizo entonces una gran jugada. Primero, soltó los 500.000 euros de la fianza que pidió el juez para que se liberara provisionalmente a su suegro, a quien parece, además, que nunca le había gustado el yerno. Era igual: la pasta es la pasta. Luego, ya en 2003, y a través de Luis de Miguel, uno de los primeros removedores del dinero de Correa, se va haciendo con cinco fincas del suegro en Marbella como pago de esa fianza. La nueva propietaria, Inversiones Kintamani. Posteriormente intervendrán para la misma función Blanco Balín y Pablo Crespo. Rodríguez Bugallo murió en 2008. La casa de Madrid de Correa, en la exclusiva urbanización de La Finca, en Pozuelo, todavía estaba a su nombre cuando fue detenido.

Porque esa es otra de las características de Correa: no tiene nada a su nombre, y ni siquiera hacía declaraciones de la renta. Contaba todo a todo el mundo… menos a Hacienda. Así que tenía ocultas, entre otras cosas, que no sabemos, algunas bagatelas como las siguientes: cuentas corrientes en Suiza que alcanzan los 21 millones de euros. ¿Descarta esto que haya más cuentas tal que en las Islas Vírgenes, algún otro paraíso fiscal o en cualquier país latinoamericano? Pues en absoluto. Pero sigamos. Tuvo unas 50 casas —siempre con propietario interpuesto— en Andalucía, las ya citadas de Marbella y en Sotogrande, Baleares, Madrid o Barcelona, entre otros lugares; dos barcos, 22 automóviles de alta gama, garajes y atraques para barcos. Unos 20 millones de euros tirando por lo bajo. Anoten, además, otras residencias en el extranjero: Estados Unidos, Colombia o Panamá.

La mañana del 6 de febrero de 2009 detuvo la policía a Correa en su chalé

Ya entonces había comenzado su ampliación del negocio hacia donde de verdad se hallaba la pasta: el sector inmobiliario. Sus jóvenes amigos del PP, a los que había conocido a través de Alejandro Agag, ya eran alcaldes en importantes ayuntamientos madrileños, feudos históricos del PP y que iban a crecer de forma desmesurada en la entrada al siglo XXI. Majadahonda, Pozuelo, Boadilla o Arganda. En 2004 se frena su relación con Génova. Hay quien cree que Bárcenas prescinde de él porque ya el tesorero ha volado a más altas cumbres, y hay quien asegura que fue Rajoy quien ordena el corte tras un extraño episodio de un posible chantaje (Véase Los otros métodos de Correa). Desde entonces, los actos los prepara la empresa Free Handicap, de Elena Sánchez Álvarez, esposa del exministro Juan Costa y cuñada, por tanto, del Ricardo Costa valenciano, tan amante de los relojes y los coches caros. Este mundo, ya se sabe, es como una escalera de gallinero. Así que el conseguidor traslada sus cuarteles a la Comunidad de Madrid, donde encuentra la inestimable colaboración del consejero José Luis López Viejo, que le contrata para ocuparse de todos los actos de la presidenta. Una amistad fructífera, de varios ceros. También se llega a Valencia, donde su empleado Álvaro Pérez, más conocido por El Bigotes, logra hacerse con el absoluto dominio de los contratos de la Generalitat. Iremos viendo cómo el crecimiento del patrimonio de Correa va necesitando apoyos superiores. Tiene que contratar a Crespo, pero tendrá que recurrir a expertos en movimientos de dineros más allá de los Pirineos: serán De Miguel y Blanco Balín. Etiqueta negra, división de honor.

El 6 de febrero de 2009 hacía un día nublado en Sotogrande, la lujosa urbanización gaditana. Decenas de agentes desplegados para su detención acabaron con el sueño de aquel botones de hotel. Trasladado a Madrid, Garzón decretó su ingreso en Soto del Real. Solo el mucho ejercicio y el seguimiento de sus cuentas, en España y fuera de España, le sacaban de periódicas depresiones.

Atrás quedó el gran Correa —ya tan conocido y del que tanto se ha escrito— que tenía permanentemente pagadas dos suites contiguas en el hotel Fénix, su oficina habitual, el que hablaba de las mujeres y sus presuntos ligues en el club Pigmalion como se oye en el CD, el de las propinas de 100 euros o el Correa que se sentaba a comer con alguna señora o caballero importante para hablar de negocios y le dejaba un paquetito en el borde la mesa.

“Ábrelo luego, decía”.





Del ‘hombre de negro’ a las islas Vírgenes

JOSÉ MARÍA IZQUIERDO Madrid  FEB 2014 - ElPaís

El PP pagó a las empresas de Correa más de 15 millones de euros por organizar actos públicos

La organización de Correa era omnívora y no despreciaba ni el menor de los alimentos. La trama se nutría de todo lo que hiciera falta, siempre con el Partido Popular como cliente prácticamente único. Bastarán algunas cifras de la Agencia Tributaria. Durante el segundo mandato de Aznar, de 2000 a 2004, recordemos que con mayoría absoluta, el PP de Génova pagó a las empresas de Correa más de 15 millones de euros por la organización de sus actos públicos, incluidos los mítines de campañas electorales. Si se suman, solo durante esos años, las adjudicaciones directas de Ayuntamientos y demás, se alcanza la cifra de 26 millones. Y es solo una parte, porque faltan todos los años anteriores más los contratos de AENA y otros apéndices.

Quizá la cifra más aproximada sean los 50 millones que se calculan en la instrucción. Pero esa cantidad es solo si hablamos de dinero legal, porque los informes policiales creen que esta facturación era ficticia y que hay actos en los que se abona la mitad en dinero negro. Seguramente esa cuenta B “continua en el tiempo” de la que habla el juez Pablo Ruz en uno de sus autos sobre Bárcenas. Ninguna sorpresa.

Desde el arranque de sus actividades, Correa practicaba siempre —siempre— el pago en negro, como han reconocido a EL PAÍS algunos proveedores, con su correspondiente opacidad fiscal. Pero además creó decenas de empresas con titulares ficticios y sin actividad alguna para enmascarar pagos y cobros y así ejercitar el deporte de la facturación entre ellas mismas para seguir burlando a Hacienda. Correa no tenía nada a su nombre: ni empresas, ni casas. Durante diez años no hizo declaración de IRPF.

Cuando la actividad se trasladó a los Ayuntamientos y a las Comunidades de Madrid y Valencia, preferentemente, los métodos se ampliaron, y lo mismo se amañaban concursos que se hacían proyectos desmesurados que no pasaban por los controles adecuados o que se troceaban para saltarse la ley. Y, por supuesto, se presentaban facturas falsas a empresarios de la zona por trabajos ficticios que en realidad estaban pagando —bajo cuerda— al PP.

Para ello, como ya se señala en el auto de Baltasar Garzón, “los imputados, en unión de otros, establecieron un conglomerado de empresas para nutrirse de fondos de entidades públicas, en particular de algunos Ayuntamientos y comunidades cutónomas para obtener un beneficio propio utilizando para ello, como norma común y frecuente, las dádivas y sobornos a funcionarios y autoridades públicas (…) a la vez que entregaron regalos, presentes, cantidades de dinero, para mover voluntades de quienes tenían responsabilidades en las áreas que coincidían con los intereses económicos del grupo organizado, y así obtener contratos, eventos y actividades”. Ahí estaban Correa, Pablo Crespo y El Bigotes. Método sencillo.

Correa no tenía nada a su nombre: ni empresas ni casas. Durante diez años no hizo declaración de IRPF

¿Y el PP, qué pasaba con este pagador tan generoso, a cuya acogedora sombra, y casi como proveedor único, Correa se hacía de oro y manejaba el dinero negro con esa facilidad tan pasmosa? Pues que en la dirección del partido, sea cual sea el último responsable de la firma de los dineros, Luis Bárcenas, Álvaro Lapuerta o algún secretario general, además de dirigentes regionales y municipales, estaban encantados. Hasta cinco veces cita la UDEF, en su informe definitivo del 30 de diciembre de 2013, que todos estos tejemanejes de facturas falsas de un lado para otro tenían un único fin: “Se trata realmente de una actividad que solapa los verdaderos servicios que se prestaban, siendo estos la financiación de actos electorales del PP”. La frase está en la página 13 del informe y se refiere al PP de Madrid y los trapicheos pertinentes con la Fundación Fundescam. Un simple ejemplo, porque también al PP de Valencia le adjudica el mismo método.

Pero ya con montones de dinero en las manos, hay que hacer algo más. Y ahí entra la trama exterior: Luis de Miguel, Ramón Blanco Balín, Arturo Fasana y otros. Suiza es el lugar preferido para las cuentas de los integrantes de la trama. Correa y Crespo tenían allí 21 millones. También varios de los implicados. Y obviamos a Luis Bárcenas y sus adláteres. Pero es que además una nube de empresas en paraísos fiscales tenía otras funciones. De nuevo los papeles del sumario y la Agencia Tributaria.

Así lo resumía EL PAÍS el 27 de octubre de 2011: “Para ocultar la titularidad de patrimonios y sus rentas, estos se inscriben bajo la titularidad formal de una sociedad española que recibe fondos (a través de su constitución y ampliaciones de capital o préstamos) de un socio único extranjero. Este socio es realmente una sociedad que, a su vez, es propiedad de una tercera mercantil residente en un paraíso fiscal o territorio no cooperante”. El titular suele ser “un hombre de paja, alguien vinculado al despacho de los asesores fiscales”. Y “si es preciso, la cadena de sociedades puede alargarse hasta el infinito”, a la vez que “su residencia situarse en países convenientes a los fines que se persiguen”. De ahí las comisiones rogatorias a 19 destinos. Esta es la lista: Colombia, Francia, EE UU, Holanda, Antillas Holandesas, isla de Man, islas Caimán, islas Saint Christopher and Nevis, islas Vírgenes, Luxemburgo, Marruecos, Mónaco, Panamá, Portugal, Reino Unido, Suiza, Singapur, Gibraltar e isla de Jersey. Este sistema, conste, no es más que una de las numerosas modalidades empleadas por los cerebros del asunto.

¿Qué mejor asesor para engañar a Hacienda que José Ramón Blanco Balín, aquel inspector fiscal amigo de Aznar?







Nunca lleves zapatos marrones a una boda de Estado en El Escorial

1.100 invitados llenaron la basílica de El Escorial en la boda de la hija de José María Aznar

JOSÉ MARÍA IZQUIERDO Madrid 2 FEB 2014 - ElPaís

Los Reyes de España, tres jefes de Gobierno —Tony Blair, Silvio Berlusconi, José Manuel Durão Barroso— y un jefe de Estado, el presidente de El Salvador, Francisco Flores; decenas de ministros y exministros, representantes de todos los poderes del Estado, presidentes autonómicos, banqueros, empresarios, ilustres de todo tipo. No faltaba ni Julio Iglesias. Así, hasta 1.100 invitados llenaron la basílica de El Escorial el 5 de septiembre de 2002, cuando la Iglesia española, en manos del arzobispo Antonio María Rouco Varela, protagonizó una genuflexión histórica y abrió aquellas colosales puertas para que don José María Aznar, a la sazón jefe de Gobierno de España, pudiera casar a su hija Ana con el joven Alejandro Agag como el jefe de Estado que no era.

Y allí, en aquella culminación de una carrera desde la proclamada austeridad hasta la ostentación, el boato, la jactancia y la soberbia, se encontraban semiescondidos algunos personajes de menor relumbrón, pero que con el tiempo lograrían más primeras páginas que muchos de los más encopetados asistentes. Francisco Correa, mirada altiva, barba retocada, gomina en el pelo y caracolillos montados sobre el cuello de la camisa, llevaba al brazo a su entonces esposa, Carmen Rodríguez, ataviada con un vestido de Lorenzo Caprile. Era “largo con corpiño en shantung y tul entolado con falda de tres capas de gasa plisadas y chal de gasa”. Merecidos, se supone, los 3.485 euros que le fueron abonados al modisto, según factura que consta en los papeles judiciales.

Había más personajes interesantes. Un señor, por ejemplo, de andar jacarandoso, cual novillero en el paseíllo, que lucía unos bigotes desmesurados y esgrimía un puro de reglamento. Calzaba, además, zapatos marrones. ¿Cómo se pueden llevar unos zapatos marrones cuando te invitan a una boda de Estado en el mismísimo monasterio de El Escorial? Algo fallaba y seguramente aquel personaje, por muy amigo que fuera de otros invitados, pues se le veía alegre y confiado entre ellos, provenía de alguna galaxia distinta. Pero ambos, Correa y El Bigotes, son amigos del novio y conocidos de todos los ministros y demás cargos del PP que por allí paseaban. ¡Cómo no iban a serlo si desde 1993, nueve años ya, circulaban por Génova hola presidente, hola Luis, hola Paco, hola Javier! Tan amigo era Correa del novio que hasta firmó como testigo, junto, por ejemplo, a Silvio Berlusconi. ¡Qué gran hombre, se diría el engominado organizador de mítines, este sí que es un crack de verdad!

Porque al final, esta historia de Gürtel es, entre otras cosas, una historia de amigos. Todos ellos muy amigos. Ya lo reconoció paladinamente el propio Alejandro Agag cuando intentó responder a las informaciones de este periódico sobre aquellos regalos de más de 32.000 euros que el rumboso Correa tuvo a bien regalar a la pareja en la estrepitosa ceremonia: luz y sonido monumentales en la fiesta monumental, en Arcos del Real, que siguió a la boda monumental que con tanto primor había organizado Alfonso Bosch, concejal del Ayuntamiento de El Escorial y otro de los amigos, en contacto con el secretario personal de Aznar, Antonio Cámara, que luego encontraría acomodo en las empresas de Correa. La fiesta se calcula que costó unos 120.000 euros. Así que Correa pagó la cuarta parte, porque además de esa iluminación se hizo cargo —esté o no en la factura— de otras muchas cosas. Y ya hablaremos en otro lugar de la despedida de soltero. Más amigos.

Volvamos ahora al comunicado del joven novio: “D. Francisco Correa fue invitado por el Sr. Agag a su boda, hace 10 años y medio, y debido a su relación de amistad en esa época, fue uno de los testigos del Sr. Agag en el enlace”. Pues eso, lo que decimos, que estamos, y así vamos a verlo, en una entrañable historia de amigos. Por eso se podían decir entre ellos, con propiedad en el lenguaje, tú eres uno de los nuestros. Como un Día de Reyes también le llamó el señor de los zapatos marrones al presidente valenciano Francisco Camps “amiguito del alma”. Lo dicho, uña y carne.

Su calzado delataba que El Bigotes, por muy amigo que fuera de todos, provenía de alguna galaxia distinta

Y es que la trayectoria de Correa va indisolublemente unida al arranque y esplendor del aznarismo. Cuanto más crecía Aznar, cuanto más poder tenía Aznar, más crecía Correa y más poder tenía Correa. Y es así desde los neblinosos inicios, allá en los primeros años noventa. Tiene declarado Francisco Correa el 30 de abril de 2009 ante el juez Antonio Pedreira, lo siguiente: “Les envié una oferta a través de que conocí yo a una, creo que lo dije con la anterior declaración, creo que está por ahí, creo que conocía a Elvira la hermana del presidente, tú dijo manda una oferta y tal, y bueno mandé una oferta de trabajo a nivel de agencia de viajes (...) y empezamos poco a poco a trabajar con el Partido Popular...”.

Bien, ya aparece el apellido Aznar, Elvira Aznar, siempre según las palabras del interesado. Y es ahí, a partir del año 1993, cuando Correa y sus empresas se encargaron de organizar todos los actos para las decenas de campañas electorales que se celebraron en aquellos diez años. Con José María Aznar, como es evidente, de estrella principal.

Cuenta Correa, también ante el juez Pedreira, que fue Alejandro Agag quien le presentó a El Bigotes. No le gustó mucho en los primeros encuentros, pero por indicación de Agag le colocó cerca del presidente. “Bueno, pues lo pusimos y Ana Botella se enamoró de él, en el buen sentido, le encantó, y empezó a trabajar con él y tuvo un éxito tremendo”. Luego trabajó con Juan Villalonga. Ya saben, el amigo de pupitre del presidente que fue nombrado a dedo para llevar Telefónica. Amigos.

Correa fue proveedor externo, primero, compañero de trabajo, amigo y socio entre los meandros de la corrupción, después, de esa nueva clase que se iba haciendo con el poder en el partido y en el país, llena de funcionarios o políticos estirados y austeros —o eso decían— que acabaron de hoz y coz en la ostentación del arribista, del nuevo rico. Amantes de la gomina, mitad monjes de acendrado catolicismo y mitad soldados, armados con la ideología neoliberal que les insuflaban sus muchos maestros de las escuelas de negocios. Por ejemplo, aquellos jóvenes del PP que formaron el llamado “clan de Becerril”, del que salieron no pocos de los futuros socios de Correa en sus chanchullos inmobiliarios, amén de cerebros de la FAES. Allí estaba Correa, al lado de Alejandro Agag y de José María Aznar, que tan cómodo se encontraba entre aquellas muchachas y muchachos tan sanos. Pues de aquellos arranques de los años noventa a la boda de El Escorial. Y Correa acompaña, paso a paso, toda esa triunfante carrera.

Como un buen amigo. Tanto que cuando Isabel Jordán, una de las empleadas distinguidas de Correa —aunque hoy odiada— viaja a Nueva York, su jefe le da un toque a José María Aznar, hijo, entonces cursando estudios financieros en la ciudad, para que la acompañe y guíe. El mismo José María hijo que luego tanto se enfadó con otro amigo, este de nombre Miguel Blesa, que su padre había puesto al frente de Caja Madrid. ¡Para eso era su compañero en la inspección fiscal!

Pero esta no era solo una relación de simples conocidos de tomar alguna copa juntos para echarse unas risas. Cuando en 1998 el presidente José María Aznar decide apoyar a la candidata Irene Sáez —ex Miss Universo— a las elecciones presidenciales de Venezuela, en un intento de impedir el triunfo de Hugo Chávez, los enviados especiales a aquel país son Alejandro Agag, Pedro Arriola y… Francisco Correa. ¿Este señor, autollamado Don Vito y que ahora conocemos tan bien, en una misión de Estado, al lado de quien Aznar encargó hablar con ETA? El logro de la gestión fue como sigue: Irene Sáez, 2,8% de los votos, Hugo Chávez, 56% de los apoyos.

Pocas bromas, que estamos hablando de cosas serias.