Mostrando entradas con la etiqueta Nelson Mandela. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nelson Mandela. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de diciembre de 2013

657.- El fantasma del racismo recorre otra vez Europa

Un grupo de jóvenes neonazis en República Checa desde la que se dirigieron a una barriada gitana para intentar asaltarla en junio de este año. / GUSTAV PURSCHE  (CORBIS)



El fantasma del racismo recorre otra vez Europa


Los judíos confiesan que vuelven a tener miedo. Algunos gitanos van a colegios segregados. Europa se reencuentra con el odio

LUCÍA ABELLÁN / MIGUEL MORA Ostrava / Budapest 15 DIC 2013
ElPaís

Todos los dirigentes europeos, sin excepción, han glosado esta semana los méritos de Nelson Mandela. Muchos han pronunciado frases brillantes y han asistido a los funerales del hombre que venció al odio racial y al apartheid. Pero justo en la Unión Europea, donde la crisis no termina, el paro afecta a 25 millones de personas y hay 80 millones de pobres, la xenofobia y el racismo no dejan de aumentar.

El viaje comienza en Ostrava (República Checa). Aquí, los niños gitanos son enviados a escuelas especiales. Algunos comparten aulas con alumnos discapacitados, otros van a colegios solo para gitanos. Muchos viven en barrios o pueblos separados del resto de la población y sin acceso a los mismos derechos. Un régimen de apartheid. Situaciones similares suceden en Hungría, donde el 90% de los gitanos están en el paro. En Polonia, donde muchos restaurantes no dejan entrar a romaníes. O en Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia y Bulgaria.

Miroslav Turek, pedagogo social de la escuela Premysla Pittra, en Ostrava, se parece poco a cualquier profesor europeo medio. Tras 10 años de trabajo en una prisión y otro periodo en una casa de acogida infantil, este maestro se encarga ahora del grupo más problemático de un colegio en el que todos los alumnos son gitanos, a pesar de que el barrio acoge también a otras comunidades. Turek dice tutelar a 14 chicos de entre 13 y 15 años, aunque en la minúscula clase que regenta no se ven más de 7. “En noviembre solo hubo ocho días en que asistieran todos”. Y precisa que trabaja con los padres para minimizar las ausencias.

A simple vista, Premysla Pittra no es una escuela diferente. Un centro más de enseñanza primaria, acogedor por los trabajos infantiles que adornan sus paredes. Pero este especialista debe emplearse a fondo en lecciones ajenas al programa educativo. “Durante tres meses, por ejemplo, me he dedicado a mostrarles la importancia de traer lápices a clase”, expone con admirable serenidad. El profesor no se da por vencido. Coopera con las familias y deja claras las reglas con métodos sencillos: tarjeta verde a la primera infracción, amarilla a la segunda, y a partir de ahí, orden de quedarse en clase después de que suene el timbre.

Premysla Pittra es una escuela segregada: solo acoge a niños gitanos, en gran medida de entornos desfavorecidos que lastran sus resultados escolares. Pero aún existe una opción peor para estas familias con problemas más graves que la educación de sus hijos. Que los críos recalen en escuelas para “discapacidades mentales leves”, como las denomina el sistema. Debido a un perverso círculo vicioso, la mayoría de los que acaban allí son gitanos que no han superado la prueba de aptitud que determina en qué escuela ingresan los niños de seis años.

____________________________________________

Los gitanos en Europa

Encuestas de la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE y del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), realizadas en 2011 a partir de 102.000 entrevistas personales (el 20%, a ciudadanos gitanos; el resto, a sus vecinos no gitanos) en Bulgaria, República Checa, Francia,  Los europeos de etnia gitana están excluidos de la vida económica, social y política. 

Comparados con los no romaníes, son más pobres, sufren más el desempleo, estudian menos años y tienen menos acceso al agua potable, al alcantarillado y a la electricidad.

Los gitanos tienen más probabilidades de sufrir enfermedades crónicas y menos acceso al sistema de salud. Las gitanas son la población menos favorecida de la UE. Las jóvenes que se casan y tienen hijos antes de los 20 años duplican la media de las no gitanas y tienen menos probabilidades de completar su educación.

La mitad de los gitanos dicen haber sentido discriminación en el último año.

El 90% de los gitanos viven por debajo de los niveles nacionales de pobreza.
Un tercio de los gitanos están en paro.

El 67% de los que trabajan tienen empleos sin cualificar o poco cualificados, frente al 16% de los no gitanos.

El 30% de los gitanos con educación universitaria están en paro, frente al 14% de los no gitanos.

El 45% vive en viviendas en las que falta al menos uno de estos elementos: cocina techada, baño, ducha o luz.

 El 40% vive en comunidades donde al menos una persona se fue a la cama con hambre una vez en el último mes.

_____________________________________________


La mayoría de los checos escolarizan a sus hijos a partir de los tres años, una etapa en la que la educación no es obligatoria. Así que llegan entrenados a ese pequeño examen —con pruebas como contar hasta 10 o pequeños juegos de lógica—. Pero los gitanos suelen enfrentarse a esa evaluación con una mínima fase previa de adaptación a la escuela. Así que muchos suspenden y acaban ingresando en lo que las autoridades denominan eufemísticamente escuelas prácticas. Los datos oficiales aseguran que un 3% de los niños entran cada año en ellas, aunque rehúsan desglosar la proporción de gitanos. “No podemos almacenar los datos por raza. Sería discriminatorio”, alega Martin Stepanek, vicealcalde de Ostrava a cargo de la educación.

La segregación en las escuelas es un problema que afecta a toda Europa del Este. Y emerge como el símbolo de un mal mayor que recorre ya todo el continente: el odio a las minorías, con los gitanos, los árabes, los judíos y los negros como comunidades más perseguidas.

Al otro lado de Europa, en Holanda, Austria, Francia, Bélgica o Reino Unido, el poder político lleva algunos años tratando de convertir a las exiguas minorías gitanas en el chivo expiatorio de la crisis, o de la gestión de la crisis. Silvio Berlusconi abrió el fuego en 2008 censando y expulsando en masa a los gitanos en Italia; Nicolas Sarkozy tomó el relevo en 2010, y hoy el virus ha contagiado a los (supuestos) progresistas.

Así el apartheid económico y racial y el odio al diferente comienzan a ser una seña de identidad en muchos de los 28 países de la UE. El fenómeno inquieta a algunos observadores. Según ha escrito el filósofo francés Christian Salmon, “la política está siendo devorada por la xenofobia inherente al sistema económico neoliberal”.

En Francia y Reino Unido, las pulsiones xenófobas han llegado desde la extrema derecha hasta la cúpula del Estado. El sociólogo galo Eric Fassin explica que las diatribas del ministro del Interior, Manuel Valls, contra los romaníes “legitiman el discurso racista del Frente Nacional y tratan de hacer olvidar a los votantes que el Gobierno socialista hace la misma política económica que Sarkozy”. El Ejecutivo socialista lleva meses derribando chabolas de ciudadanos europeos (gitanos) sin realojar a sus 17.000 ocupantes —la mitad niños—, incumpliendo así la promesa electoral de François Hollande, las normas internacionales y la circular de Interior de agosto de 2012. La idea era tratar con humanidad y firmeza a las poblaciones “precarias”. Solo queda la firmeza.

En paralelo, los racistas han dado un paso al frente y han ocupado las calles, las redes sociales y los medios. La ministra de Justicia, la guyanesa Christiane Taubira, ha sido comparada con un mono por una excandidata del Frente Nacional, por una niña de 12 años en una protesta contra el matrimonio gay y por una revista de extrema derecha. Los ataques de la derecha populista contra la comunidad musulmana son ya tan corrientes que no son noticia. La novedad es que, según una reciente encuesta de la Agencia de Derechos Fundamentales, el 85% de los judíos franceses creen que el antisemitismo es un problema en su país —frente al 66% de la media europea.

El portavoz de la Unión de Estudiantes Judíos de Francia (UEJF), Elie Petit, comenta: “El discurso antisemita se ha legitimado y corre libre por las redes sociales. Es como si el lenguaje de los años treinta volviera a estar de moda. Pero lo más grave es que las ideas xenófobas calan entre los jóvenes. Un 40% de los franceses de entre 18 y 25 años se declaran dispuestos a votar a la extrema derecha en las europeas” de mayo.

En Reino Unido, la cosa parecía ir mejor. Pero hace unos días, el primer ministro, David Cameron, se subió a la ola antigitana con un artículo en Financial Times en el que anunciaba que exigirá a Europa medidas para regular la inmigración, y se refería a los “nómadas” rumanos y búlgaros diciendo que su Gobierno les negará los derechos que concede a otros inmigrantes, como las ayudas sociales para vivienda y desempleo. Eso sí, Cameron recurrió al eufemismo, al escribir que Londres deportará a los “inmigrantes europeos que pidan limosna o duerman al raso”.

En tiempos de odio al diferente, los negros viven situaciones similares a las de los gitanos y los judíos: rechazo inmediato a primera vista e identificación con los clichés que siempre los han acompañado. “Al negro se le tacha de perezoso o irracional. Y el estereotipo no desaparece ni cuando son ricos”, explica Omar Ba, responsable de la Plataforma Africana en Amberes, una próspera ciudad belga que vive su particular recelo hacia las minorías. En este caso, la base no es tanto económica como de identidad nacional: el nacionalismo flamenco endurece los criterios para acceder a ciertas prestaciones con requisitos como el conocimiento de la lengua, el holandés.

Ba alerta de que la extrema derecha se está acercando a la población media, al tiempo que los partidos mayoritarios emulan los discursos radicales. “Con la crisis, los políticos han mostrado su incapacidad. Así que, como no es fácil encontrar culpables, y la ciudadanía está frustrada, juegan la carta del extranjero. Pero hay que tener cuidado. Antes de la II Guerra Mundial había este mismo discurso”, previene este elocuente belga procedente de Senegal, que relata problemas al acceder a algunos servicios que solo se solucionan cuando aparece su esposa, belga de origen.


__________________________________________

Los judíos en Europa

Estudio de la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE sobre las experiencias de los judíos en los ocho países de la UE —Bélgica, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Letonia, Suecia y Reino Unido— donde reside el 90% de la población judía europea.

2/3 de los judíos entrevistados consideran que el antisemitismo es un problema en sus países.

Un 76% cree que el problema se ha agravado en los cinco últimos años.

1/3 tiene miedo a sufrir una agresión física por ser judío.

Más de la mitad ha presenciado algún incidente en el que se negó, se trivializó o se minimizó el Holocausto.

El 23% dice que en alguna ocasión ha evitado asistir a actos judíos o visitar lugares judíos por miedo.

Más del 40% de los preguntados en Bélgica, Francia y Hungría indican que han pensado en emigrar.

__________________________________________


¿Quizá se inspiran los líderes de las viejas democracias en lo que sucede en el Este de Europa? En el bloque del “capitalismo tardío” residen la mayor parte de los ocho o diez millones de europeos gitanos, y la palabra romaní se declina con tres pes: pobreza, paro y persecución. Allí, manifestar en público el odio a los gitanos —y de forma creciente a los judíos— sale cada vez más rentable.

En Eslovaquia, por ejemplo, un neofascista acaba de ganar unas elecciones regionales con un vasto programa político —como ironizó De Gaulle—: poner a los gitanos a realizar trabajos forzosos. Los comicios de Banska Bystrica han convertido en presidente de esta región, que en 1944 se levantó contra los nazis, a Marian Kotleba, que basó su campaña en dos elementos: denunciar la corrupción y acabar con el “parasitismo gitano” suprimiendo las ayudas sociales a los romaníes y enviándolos a reconstruir las carreteras. Según Peter Pollak, alto representante eslovaco para la cuestión gitana, el 40% de los romaníes del país viven en guetos, frente al 20% de hace una década.

El éxito de Kotleba retrotrae a la Europa de los años oscuros. Fundador en 2003 de un grupúsculo violento llamado Comunidad Eslovaca, Kotleba fue encarcelado varias veces por desfilar por los guetos gitanos con un uniforme igual al de la guardia del sacerdote Andrej Hlinka, la milicia clerical-fascista que lideraría monseñor Josef Tiso entre 1939 y 1945.

En Ostrava, una ciudad media de antiguo esplendor industrial donde los gitanos viven en distritos muy desfavorecidos, el apartheid escolar de los niños gitanos saltó en 2006 porque unas familias llevaron el caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Este sentenció que el sistema educativo incurría en una discriminación indirecta al orientar a los chicos mayoritariamente hacia esas escuelas de menor nivel. Y obligó al Estado a indemnizar a los demandantes.

Pese al fallo, las cosas han cambiado poco. “Incluso la comunidad gitana tiene la impresión de que es peor ahora porque están más concienciados”, explica Kumar Vishwanathan, responsable de Viviendo Juntos, la ONG que lideró todo el proceso. Esta organización promueve la convivencia de “gitanos y blancos” en varias comunidades de Ostrava, con buenos resultados de integración. Renata Gaziová dirige una de ellas. “Apenas un 3% de los niños gitanos van a buenas escuelas; el resto están segregados”, explica esta romaní, que es tajante a la hora de definir qué aprenden los niños en las escuelas que se apartan del canon: “Nada. Conozco una niña de 15 años que no sabe leer ni escribir su propio nombre”, relata.

Las familias tienen difícil apartarse del destino marcado por el sistema. “Me gustaría darles a mis hijos la libertad de haber sido médicos, por ejemplo, pero ya en la escuela les dicen que no pueden. Así que yo misma le recomiendo a uno de ellos que sea cocinero. ¡Al menos yo puedo enseñarle!”, bromea Iveta Kroscenova, madre de nueve hijos, cinco de ellos matriculados en escuelas segregadas. A su lado, Jolana Smarhovycová, activista para la integración de los gitanos, explica que su hija iba a una escuela normal, pero la pusieron en una clase en la que solo había gitanos. Cuando preguntó la razón, la cambiaron. “Y entonces se convirtió en la única niña gitana de su clase. Al final nos mudamos”, explica. Su sobrino Kristián no tuvo tanta suerte. Terminó con buenas notas en una escuela para niños con dificultades de aprendizaje, pero al salir se dio cuenta de que su preparación no le permitía acceder a la educación secundaria.

Este es el círculo en el que se ven envueltos los gitanos, que suelen recorrer el mismo camino de pobreza y marginación que sus padres. El vicealcalde Stepanek se defiende: “Van a escuelas en las que solo hay gitanos por criterios de proximidad. Y en cuanto a escolarizarlos en centros especiales, son los psicólogos los que lo deciden”.

En Hungría, los gitanos están habituados a oír esas excusas y otras peores. Los datos dibujan una situación de profunda marginación. Según un colectivo de ONG, la tasa de desempleo entre el colectivo supera el 90%, mientras el paro entre la población no gitana es del 11%. Además, un 40% de los 10 millones de húngaros viven bajo el umbral de la pobreza; de ellos, casi un millón son gitanos. Pese a la violencia de esos números, la voz de la minoría romaní es casi inaudible. Aunque algunos empiezan a organizarse.

Estamos en Budapest, la capital de un país donde hace 70 años medio millón de judíos y 100.000 romaníes fueron asesinados por los nazis con la colaboración del régimen fascista del almirante Miklós Horthy. Aquí acaba de nacer el Partido Gitano de Hungría (MCP), que ya presume de tener 5.000 militantes y planea presentarse a las elecciones legislativas y europeas de 2014. Aladár Horváth, su portavoz y presidente de la Asociación para los Derechos de los Gitanos, explica que la situación de los romaníes se ha deteriorado con el Gobierno del populista Viktor Orbán: “La discriminación racial y social está institucionalizada en la Administración y es omnipresente en los medios”. A pesar de su nombre, el Partido Gitano quiere representar “a todos los pobres, porque hoy, a los ojos del poder, todo el que es pobre es gitano”, añade Horváth.


________________________________________________

La única europarlamentaria gitana: Lívia Járóka

Lívia Járóka. / THIERRY MONASSE (AFP)


Es la única eurodiputada en un hemiciclo de 766. “Si fuera proporcional a la población, tendríamos que ser al menos 21”, explica Lívia Járóka, húngara, de 39 años, que logró estudiar y escapar al sombrío destino que aguarda al pueblo romaní. Esta ha sido una buena semana para la visibilidad del colectivo en las instituciones europeas. Los Estados miembros se han comprometido a aplicar medidas de integración, la Eurocámara ha clamado contra las expulsiones ilegales y la propia Járóka ha presentado un informe que pone el acento en el segmento más vulnerable: las mujeres gitanas. Pese a todo, la situación dista mucho de mejorar.

“El principal argumento para integrarlos es económico. No introducirlos en el sistema cuesta cinco veces”, asegura la eurodiputada, con el razonamiento de que los gitanos constituyen buena parte de la fuerza laboral del Este. Mantenerlos en desempleo cuando esos países necesitarán mano de obra de aquí a unos años es absurdo, aduce.

Járóka censura la educación segregada, especialmente la prueba que les hacen a los niños para decidir si van a una escuela normal o especial. “Los gitanos tienen una gran capacidad emocional que el test no mide”. Según sus datos, el 40% de todos los niños gitanos en Europa van a escuelas segregadas.

El discurso se vuelve más benévolo al referirse a su país. Járóka, perteneciente a Fidesz —el partido del controvertido primer ministro, Viktor Orbán—, defiende la “progresiva integración” que apoya el Gobierno.

_______________________________________


Curiosamente, el ideólogo y vicepresidente del Partido Gitano no es gitano, sino judío: el aguerrido y lúcido militante antifascista Sandor Szoke. Guionista y escritor, Szoke ayuda a los gitanos a repeler los ataques de los paramilitares del partido neonazi Jobbik, la tercera fuerza política del país, que tiene 44 diputados de los 386 totales y se divierte sembrando el pánico en la comunidad romaní y agrediendo, de momento solo verbalmente, a los judíos.

Szoke cuenta que empezó a ayudar a los romaníes a afrontar a los cabezas rapadas hace seis años “porque tenía que haber algún blanco entre ellos para defenderlos”. Mientras come una trucha en el decadente café Astoria de Budapest, reconoce que fundar un partido gitano “no es la mejor idea, pero no hay otra alternativa: no hay una izquierda que les defienda, el consenso en la fobia es absoluto”.

Desde que en 1989 cayó el muro de Berlín, la situación de los gitanos tornó en desastre. “Ellos eran los únicos que vivían mejor que ahora bajo el comunismo. Como en otros países del bloque, la industria estatal sostenida artificialmente se derrumbó dejándoles sin su mayor fuente de trabajo. Muchos romaníes húngaros eran la mano de obra en esas fábricas. En aquel momento la indigencia estaba prohibida y el paro era ilegal. Si pasabas más de tres meses sin trabajar, te denunciaban por ‘parásito y fugitivo del trabajo’. Así que cuando cayó el Muro, los gitanos volvieron a ser vistos como criminales, igual que antes de la II Guerra Mundial. Hoy sigue siendo así”. Hay una segunda razón, añade Szoke. La involución democrática. “Orbán partió de los años ochenta, luego retrocedió a los sesenta y ahora vamos de cabeza hacia la sociedad durmiente, feudal y clientelista de la Hungría de 1918 a 1944, la del nacimiento del fascismo”.

La última reforma impulsada por el Gobierno es la de educación, que ha reducido en dos años, hasta los 14, la edad obligatoria de escolaridad. “La idea es brillante, copiada del comunismo: crear una fuerza de trabajo gitana de bajo coste. Ahora los obligan a vivir en pueblos partidos por la mitad: una parte gitana y otra blanca. En Budapest viven en dos guetos porque nadie les alquila apartamentos y no acceden al mercado laboral. Están como los árabes en Francia en los años setenta, fuera del sistema. Ahora, Orbán les ofrece trabajos por 120 euros al mes. Si los rechazan, les dejan tres años sin ayudas sociales y sin seguridad social”.

La inquietud es también palpable entre los judíos húngaros, la élite social y económica, que reside mayoritariamente en la capital. Todos los entrevistados en Budapest cuentan que tienen amigos y familias judías que han emigrado. Los episodios antisemitas, dicen, suceden cada vez con más asiduidad. “Todavía no nos pegan como a los gitanos, pero los ataques verbales son continuos, y hay gente que se ha ido de Budapest y otros que dudan si hacerlo”, dice Anna Szeslzer, una mujer risueña, laica y nada dramática, que fundó la escuela privada Lauder de Budapest en 1990 y se jubiló hace unos meses de la dirección del colegio. “En dos años hemos perdido 28 alumnos, una clase entera”, explica con una sonrisa amarga, “y paradójicamente ahora tenemos listas de espera, quizá porque los ataques ayudan a despertar la conciencia judía”.

El acoso y la diáspora incipiente —que algunos prefieren atribuir solo a la crisis— se entienden con un suceso reciente. Antes del verano, un destacado dirigente de Jobbik, Márton Gyöngyösi, pidió en el Parlamento que se elaboren listas de los judíos, “sobre todo los que están en el Gobierno y el Parlamento, porque suponen un riesgo para la seguridad del país”, dijo. Ahora, Gyöngyösi declina una invitación de este diario para explicarse. El Gobierno de Orbán condenó sus palabras y aseguró que toma “las más estrictas medidas contra toda forma de racismo y de comportamiento antisemita”. Pero la comunidad judía no tiene eso tan claro, dice desde Nueva York Esther Susán, una joven que ha decidido dejar su país. “Yo me he ido temporalmente, no por el antisemitismo, sino por todo lo que ha pasado en el país en los dos últimos años. No creo que tenga futuro allí, pero no solo por ser judía”. Desde Barcelona, David Stoleru, director del programa The Beit Project, que cuenta el Holocausto por colegios de toda Europa, afirma que “Hungría está emitiendo una luz roja muy intensa”.

Daniel Bodnar, presidente de la Fundación Acción y Protección (FAP), la primera asociación húngara contra el antisemitismo, no parece sentir miedo y entra en el café Astoria sonriente. Cuenta que la FAP detectó “hace año y medio” el malestar de la comunidad judía y lleva ocho meses analizando las razones. “El 99% de los ataques son verbales. Ese acoso es superior a la media europea, pero a cambio no hay ataques físicos. El 90% de los ataques proceden de la política”. “Y el mayor problema es que la justicia no actúa. Yo he denunciado 29 ataques en los últimos seis meses y solo uno ha acabado en proceso. ¿La culpa? De los fiscales y la policía. Desde 1990, en Hungría solo ha habido dos sentencias por antisemitismo”.

 
El líder nacionalista eslovaco Marian Kotleba cuando intentó destruir, en 2012, las chabolas del barrio gitano de una ciudad en el sur del país. / J. VAJDA (EPA)



En las sinagogas de Budapest se respira un ambiente de tensa serenidad, o de tensión resignada. Un joven rabino de Buda, Tamas Vero, cuenta que “algunas familias del barrio se han ido a Israel, y otras, a Viena y a Berlín”, y que su mujer quiere irse también “por las niñas”, porque en los libros de texto los judíos no existen y “porque dice que estamos otra vez en 1933”. El rabino intenta que su esposa no se preocupe, pero admite que los viernes se concentran jóvenes ante la sinagoga haciendo el saludo nazi: “Le digo que el capitán es el último que abandona el barco, y que no es cierto que Hungría nos odie, ¿qué puedo hacer? Pero ella tiene razón en una cosa: el Estado y Orbán no nos protegen lo suficiente. En todo caso, yo todavía paseo tranquilo por el barrio con mi kipá, aunque a ciertos sitios la llevo debajo de la gorra. Pero su primera diana son los gitanos”.

Al otro lado del Danubio, otro joven rabino, Istvan Horvath, recibe al periodista en la puerta de la Gran Sinagoga de Pest. Cuando entra al despacho, se quita la gorra y aparece la kipá. Horvath está preocupado por “la oscuridad espiritual” que aqueja a los jóvenes europeos y por la “escasa conciencia” de los judíos húngaros. “Mis padres son laicos y lo ignoran casi todo sobre el judaísmo. Como tantos que sobrevivieron al Holocausto, ocultaron su origen durante años. Mi abuela decía: ‘Somos todos iguales’. Quizá porque perdió la fe en Auschwitz. Allí murieron 28 miembros de la familia. Creo que a los nietos nos toca intentar reforzar el significado de esa identidad perdida. Y es un trabajo muy duro. Porque no es verdad que los ataques de Jobbik, que son nazis de corazón, refuercen el sentimiento de pertenencia a la comunidad judía. Al revés”.

Cuando se le pregunta si Europa está volviendo a su pasado más oscuro, el joven rabino responde: “A veces se parece a lo que pasó hace 70 años. Pero no es igual. Hoy tenemos recursos que entonces no teníamos. Aquí hay ocho o diez asociaciones judías, y está la Unión Europea”. Ya, pero a los gitanos les atacan físicamente... “Esa es la gran vergüenza. Nadie hace nada para ayudarles, incluido yo. Por eso, cuando oigo a un judío meterse con ellos, grito y lloro”.



___________________________________________

El europarlamentario nuevo judío: Csanád Szegedi

Csanád Szegedi. / Laszlo Balogh (Reuters)



La comunidad judía húngara y la asociación ortodoxa Chabad tienen hoy en sus filas un refuerzo que nadie esperaba: el hombre que hasta hace unos meses era el dirigente más fanático del partido neonazi Jobbik. El hombre se llamaba Csanád Szegedi, es eurodiputado y nació en 1982 en Miskolc. Szegedi ascendió en política negando los campos de exterminio. Pero hace unos meses descubrió que su abuela estuvo en Auschwitz, y Csanád se convirtió en David: el antisemita por antonomasia era judío.

“Un día me llamó por teléfono y me pidió una cita con el rabino”, recuerda Daniel Bodnar, portavoz de Chabad. “Pensé que era una provocación, porque era el más odiado del Jobbik”. ¿Y llamaba para convertirse? “No, no lo necesitaba porque su madre es judía. Solo tuvo que circuncidarse. Lo hizo, dejó el Jobbik y ahora es un eurodiputado independiente y apoya a Israel”.

Su caso, siendo extremo, es frecuente entre los judíos húngaros. Tras la muerte en las cámaras de gas de más de 500.000 miembros de la comunidad, muchos supervivientes ocultaron su condición. “Mis padres solo supieron que eran judíos en los setenta”, dice Bodnar; “como a muchísimos otros, sus padres no se lo contaron”.

“Somos el país europeo con una comunidad local de supervivientes del Holocausto más amplia, y esto explica que las tensiones sean tan fuertes. La dinámica sospechoso-víctima sigue mandando. Necesitamos una ley de memoria y una ley de perdón”, dice Bodnar.








domingo, 8 de diciembre de 2013

656.- La muerte de NELSON MANDELA

                                              HANS GEDDA (CORDON PRESS)
  


NELSON MANDELA


Fallece el primer presidente negro de Sudáfrica y el hombre clave contra el 'apartheid'

MARTA RODRÍGUEZ Johanesburgo 6 DIC 2013

“Siempre te querremos, Madiba. Descansa en paz”. Nelson Mandela murió anoche en su casa de Johanesburgo, después de casi seis meses ingresado en hospital de Pretoria. Más que un hombre, Sudáfrica perdió ayer a “un padre”, al “hijo más grande”, anunció el presidente, Jacob Zuma, en un discurso televisado a toda la nación desde los Union Buildings, la sede del Gobierno en Pretoria. La muerte de Mandela se produjo hacia las 20.50 hora local (una menos en la Península). “Mandela se ha ido en paz y rodeado de su familia”, informó un Zuma visiblemente afectado, que anunció que todas las banderas del país lucirán a media asta hasta el día del funeral. Con Mandela no sólo muere un hombre, un presidente sino que se va un icono y símbolo de la paz y de la reconciliación a nivel global.

Y Sudáfrica no quiere ahorrar en protocolo para despedirle. Madiba, como se le conoce en el país, tendrá un funeral de Estado, previsiblemente el próximo 14 de diciembre, en el que con toda seguridad asistirán las más altas representaciones políticas, sociales y culturales de todo el mundo. Mandela no era un santo, como él mismo no se cansó de repetir ante los elogios que casi lo elevaban a los altares, pero ya en vida pasó a la historia mucho más allá del hombre.

Zuma tuvo palabras de cariño para su extensa familia, empezando por su mujer Graça Machel, su exesposa Winnie, sus tres hijas, nietos y bisnietos, olvidando los disgustos que el clan ha dado al Gobierno al airear sus diferencias y trapos sucios en público. Unas disputas que han enrojecido a los sudafricanos, acusando a los parientes de no respetar la memoria de su padre.

Tres años y medios hacía que el viejo presidente no aparecía en público, desde el final de la Copa del Mundo de Fútbol, en julio de 2010. Pero Mandela ha continuado estando presente en la vida política y social del país. No hay nadie que no se reclame heredero de su legado, quien no apele a su imagen para recaudar fondos para proyectos sociales que diluyan las sangrantes desigualdades sociales que aún hoy coinciden mayoritariamente con las raciales. Mandela no ha podido ver, por ejemplo, ni empezadas las obras del hospital infantil que llevará su nombre por falta de fondos. En cambio, ha construido una fundación muy activa no sólo en recordar su espíritu sino en promover campañas solidarias, como el Día Mandela, en el que anima a dedicar 67 minutos a actos en favor de la comunidad.

Mandela deja huérfana a una Sudáfrica y se va en vigilias de que el país celebre el 20 aniversario de la democracia que tanto ayudó a conseguir. “Hemos perdido al más grande de sus hijos, como el hijo que pierde a su padre”, afirmó Zuma, al tiempo que señalaba que no sólo es una pérdida para el país sino que su adiós será sentido con el mismo dolor en todo el planeta. “Su humildad, su compasión, su humanidad le hizo ganarse el cariño de millones de personas de todo el mundo”. Un ejemplo de ello es que apenas se comunicó oficialmente la muerte en Pretoria, en Washington el presidente Obama daba cuenta de su pesar.

No por esperada, la muerte de Mandela será menos dolorosa, aseguró el presidente Zuma. Hace meses que se especulaba sobre el desenlace inminente, a veces alimentado por los comentarios de la propia familia de Madiba. Ayer por la tarde, los periodistas que desde que el pasado 1 de septiembre quedó ingresado en su casa de Johannesburgo estaban haciendo guardia, dieron la voz de alerta. Demasiados coches oficiales y de policía una inusual reunión familiar en el interior del domicilio en una horas intempestivas para visitar a un enfermo. Esta vez no eran rumores. La confirmación llegó media hora antes de la medianoche.

De hecho, el miércoles por la noche empezaron a correr comentarios de que el Gobierno había suspendido actos oficiales previstos para finales de la semana que viene a la espera del funeral de Mandela. Lo que parecía una nueva ola de rumorología fue un avance de lo que pasaría horas después. En seguida, decenas de ciudadanos se acercaron al barrio de Houghton para dar tributo al político que lideró la transición democrática sin apenas violencia.

Y esa unidad que Mandela pidió en vida, tan sólo poner un pie en el suelo después de estar 27 años preso, la volvió a pedir el presidente Zuma. Tras dos décadas de democracia, Sudáfrica ha conseguido pocos símbolos que una a todas las razas que conviven. Mandela es uno de ellos. Por eso, Zuma reclamó “unidad” para “despedir” a Madiba.

Muestra de que los sudafricanos van a volcarse en los actos fúnebres fueron las muestras espontáneas ante su casa. Ciudadanos con banderas sudafricanas, entonando canciones tradicionales africanas en señal de respeto, familias enteras con niños en pijama, aprovechando las temperaturas agradables del verano austral y las vacaciones escolares. La Sudáfrica del arcoíris, la de todas las razas coincidieron de nuevo ante la casa en que Mandela acababa de fallecer..

Madeleen Engelbrecht, una ingeniera afrikáner, aseguró anoche estar “consternada” y explicó que se temió “lo peor” cuando la radio de su coche cortó la emisión para dar una última hora. “Me parece mentira, aunque ya estaba muy mayor, me da mucha pena”, admití mientras mostraba su emoción acariciándose los brazos.

Con Mandela se va el “padre de la nación”, el líder que reconcilió un país que durante siglos, en el colonialismo y el apartheid, vivía discriminando a los no-blancos. Nadie como él para pedir a su gente que fuera generoso con los blancos. Él que había estado condenado por traición a cadena perpetua y pagó su lucha por la igualdad con 27 años de cárcel. Un profeta en su tierra.


NELSON MANDELA 1918-2013

Tras las huellas de Nelson Mandela

La leyenda del expresidente de Sudáfrica y Premio Nobel de la Paz, Nelson Mandela, comenzó en la aldea de Qunu
Muere Nelson Mandela, el hombre que liberó a la Sudáfrica negra

JAIME VELÁZQUEZ Qunu 5 DIC 2013 

“La aldea de Qunu se encuentra en un valle cubierto de hierba, cruzado por arroyos claros, sobre el que se ciernen verdes colinas. Está habitado por un centenar de personas que viven en cabañas de barro, con una pértiga que sostiene un techo cónico de paja”. Así describía Nelson Mandela la aldea de Qunu en 1920, y esta es la misma imagen que el visitante obtendrá al llegar a esta localidad, casi cien años después, tras las huellas de uno de los personajes más relevantes del siglo XX.

Solo la carretera principal está debidamente asfaltada, las casas circulares han cambiado sus techos de paja por planchas de metal, pero los animales continúan invadiendo la calzada como hace un siglo.

Un viaje en el que la guía es su propia autobiografía, El largo camino hacia la libertad, donde se describen los lugares clave de su infancia y las experiencias que marcaron su carácter de tenacidad, tolerancia y reconciliación que le han convertido en un icono global.

La comarca de Qunu es el escenario de los primeros capítulos de la leyenda de Nelson Mandela, y el lugar donde el expresidente sudafricano escribió también las últimas páginas de su vida.

Las asambleas de los jefes tribales inspiraron su modo de hacer política
Su figura inunda todos los rincones de la comarca, y en las shabeens, las tabernas de chapa y madera donde los ancianos beben la cerveza tradicional y los jóvenes juegan al billar a la espera de un empleo, todos aseguran ser familiares de Mandela. “Muchos en Qunu y Mvezo son de su mismo clan, pero es difícil que hablen de él. No están autorizados por la familia”, asegura Fumanekile Wisani, jefe de prensa del Museo de Mandela en Qunu.

El líder antiapartheid mandó construir en Qunu la residencia donde más tarde decidiría pasar su retiro. El chalet es una réplica de la casa-prisión de Victor Verster, en la que vivió durante dos años hasta su liberación en 1990. Las autoridades le enviaron allí para facilitar las conversaciones que acabarían con el desmantelamiento del régimen seis años más tarde. “Supongo que fue el único hogar que tuvo; su primera casa en más de 25 años” recluido en las celdas de Robben Island y Pollsmoor, afirma su nieto Ndaba Mandela.

“Es admirable que un gran hombre como él decidiera que este museo se instalara aquí. Después de viajar por todo el mundo, regresó aquí a devolver todo eso. Podría haber decidido ubicarlo en la ciudad, pero él entendió que el museo podría ser una herramienta de desarrollo para esta comunidad”, afirma el jefe de prensa del museo.

Phiko, guía del museo, recuerda el día en que Mandela visitó Qunu por primera vez tras salir de la cárcel en 1990, después de 27 años de cautiverio por su oposición al apartheid, el régimen racista impuesto por la minoría blanca sudafricana hasta las elecciones de 1994, que le convirtieron en el primer presidente negro del país.

“Todo el pueblo salió a recibirle. Venía acompañado por la policía. Yo tenía 9 años. Recuerdo que volví corriendo a casa a decirle a mi madre ‘¡Mandela está aquí!’ y ella me dijo que era imposible, que estaba en la cárcel”, recuerda. “Si eres de Qunu creces con la historia de Mandela; te la cuentan tus padres, tus profesores. Nos decían que Mandela, un hombre de Qunu, estaba en la cárcel luchando por la libertad, y que debíamos perseguir nuestros sueños, como había hecho Madiba”.

El viaje tras las huellas de Mandela parte de lo alto de la colina del museo que lleva su nombre en Qunu, y desde donde se contempla el valle donde Nelson Rolihlahla Mandela pasó “los mejores años de su vida”, según reconoce en su biografía.

Unos postes de madera en el recinto de la iglesia marcan el lugar donde se encontraba la primera escuela a la que asistió y en la que recibió su nombre cristiano, Nelson, de los labios de su maestra, la señorita Mdingane.

Más abajo, en el fondo del valle, junto a la casa familiar, se distingue el pequeño cementerio de la familia, donde descansa su padre, el jefe Mphakanyiswa. Uno de lo pocos privilegiados que ha tenido acceso al expresidente en los últimos años de su vida es Zanomthetho, jefe tradicional de Mqhekezweni, la localidad a la que Mandela fue enviado a los 9 años, tras la muerte de su padre para ser educado por Jongintaba, el regente del reino Thembu. Nelson recibió allí las atenciones propias de los reyes africanos junto al hijo del regente, Justice, el abuelo de Zanomtheto.

Conoció las tradiciones de su pueblo y también la educación occidental que le permitió acudir a la universidad y abrir más tarde el primer bufete de abogados negros de Johanesburgo.

Apenas quedan ya personas en Qunu que puedan contar de primera mano las historias de juventud del longevo Mandela. “La mayoría de las historias de aquel tiempo me las contó el propio Mandela, él fue quien me dio la mejor visión de quién fue mi tatarabuelo, Jongintaba, y mi abuelo, Justice”, explica Zanomthetho desde el salón de El Gran Lugar, la residencia oficial donde despacha los asuntos tribales.

“Cuidaban del ganado después de ir al colegio, y hacían deportes como boxeo y golf, y cosas de jóvenes como bailar. Dicen que ambos eran muy buenos bailarines. Eran realmente dos personas de clase alta para la época. Tenían incluso un coche; el tercer coche que perteneció a una persona negra en Sudáfrica”.

En el exterior permanece el gigantesco árbol donde se reunía el regente con su consejo, y el kraal (redil) desde donde el joven Mandela espiaba las asambleas de los hombres prominentes del reino Thembu, que inspiraron su manera de hacer política. “No era solo un hombre de Estado, era un hombre de tradiciones. No pertenece a Johanesburgo, pertenece a este lugar, a nosotros”.

Nelson Mandela se retiró a Qunu en su 93 cumpleaños, el 18 de julio de 2011, y solo abandonó la localidad de su infancia para someterse a exámenes médicos.

Sudáfrica recibió finalmente la noticia que todos trataban de evitar; la muerte de su héroe nacional, el hombre que supo sentar las bases de la convivencia racial en un país devastado por el recelo de décadas de segregación y desigualdad.

“Todos queremos escapar de eso. Pero sabemos que el tiempo de su muerte llegará, y solo nos queda honrar su memoria”, afirmaba el jefe Zanomthetho meses antes de su muerte. “Pero estoy muy contento y seguro, de que se marchará en paz, y se reunirá con su gente, con sus cuatro padres, tal y como dice nuestra cultura. Y sé que lo tendrá todo de esta nación, tal como merece”.



Las últimas 48 horas de Mandela

JOHN CARLIN Johanesburgo 7 DIC 2013

Fue 48 horas antes de que Nelson Mandela muriera, cuando el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, recibió una llamada. Era el doctor de Mandela. Le informó de que la situación médica de Mandela se había deteriorado gravemente.

Zuma había recibido varios informes médicos desde que Mandela fue ingresado en un hospital de la capital sudafricana, Pretoria, en junio y devuelto casi tres meses después a su casa en Johanesburgo, donde había indicado que prefería pasar los últimos días de su vida. Pero este informe fue más alarmante que cualquiera de los anteriores. Zuma entendió que Mandela había entrado en la fase final de su larga agonía.

Mandela tenía un exceso de líquido en los pulmones, su punto débil desde los años en la cárcel, y había sucumbido a una infección: la circunstancia que los médicos más habían temido.

La mañana siguiente, el miércoles de esta semana, la esposa de Mandela, Graça Machel, empezó a llamar a miembros de la familia Mandela, distribuidos por toda Sudáfrica y en el exterior, para avisarles de que la hora había llegado y debían venir rápidamente a visitarle.

Machel, su tercera esposa y con la que fue más feliz, estuvo a su lado durante los 181 días que Mandela permaneció en la cama entre su ingreso en el hospital y su muerte. Le leía libros, sin tener muy claro si Mandela seguía lo que le estaba contando, y le cogía de la mano. Machel, una exministra de Educación de Mozambique, donde nació, y una mujer habitualmente muy participativa en foros internacionales relacionados con la salud pública en África, suspendió todas sus actividades oficiales durante el periodo de la enfermedad de su marido.

Ese mismo día, Maki Mandela, la hija mayor del expresidente, anunció que su padre estaba “en el lecho de la muerte”. Ya se sabía, pero el hecho de que pronunciara las palabras hizo saltar las alarmas entre la población sudafricana.

El jueves por la mañana empezaron a desfilar miembros de la familia de Mandela —hijas, nietos, bisnietos— por la casa del primer presidente negro de la historia sudafricana. Entraban en su habitación de dos en dos y en casi todos los casos salían llorando.

Mandela había estado conectado a aparatos que le ayudaban a respirar durante la mayor parte de su enfermedad. Pero ya ni la ciencia podía ayudarle. Los médicos explicaron a los familiares que ya no había nada más que hacer. Mandela se iba. Este era su último adiós.

Ministros del Gobierno llegaron al atardecer y también miembros de la tribu ancestral de Mandela, los Thembu, para llevar a cabo una antigua ceremonia que concluye cerrando los ojos de la persona cuya alma se va. A las 20.50 del jueves, Mandela, que había cumplido 95 años en junio, murió.

La sorpresa fue que hubiese aguantado tanto. Durante su último viaje al extranjero en 2008, para asistir a unos festejos en Londres para celebrar su 90 cumpleaños, ya se veía que le costaba andar y que no estaba en plena posesión de sus facultades mentales. La memoria ya le había empezado a fallar. La última vez que se le vio en público fue antes de la final de la Copa del Mundo de Fútbol en julio de 2010 en Johanesburgo, cuando apareció en el estadio en una silla de ruedas. De ahí en adelante pasó la mayor parte de sus días sin levantarse de la cama.

Durante los últimos meses apenas había podido decir una palabra. Personas cercanas a él cuentan que respondía a presión con presión, por ejemplo cuando se le tocaba la mano, y a veces seguía los movimientos de la gente que le rodeaba con los ojos. Pero poco más.

Murió en su cama, rodeado de su familia. Poca gente, sin excluirle a él, se lo hubiera imaginado en 1961 cuando fundó el movimiento armado del Congreso Nacional Africano, cuyo primer líder fue él mismo. En el juicio que le hicieron en 1964, el fiscal del Estado pidió la pena de muerte. Sospechando que este sería el veredicto final del juez, Mandela dio su famoso discurso ante el tribunal en el que declaró que “si fuera necesario” estaba dispuesto a morir por la causa a la que había dedicado su vida, la democracia y la libertad para su pueblo.

Al final fue condenado a cadena perpetua, pero durante los 27 años que estuvo en la cárcel, otros importantes dirigentes políticos negros fueron asesinados por el aparato de seguridad del apartheid, y cuando Mandela emergió de prisión en 1990 la pesadilla siempre fue que algún fanático de la extrema derecha lo asesinara, lo cual hubiera acabado con el sueño de remplazar el apartheid con una democracia estable y condenado al país al caos perpetuo.

Hoy Sudáfrica está lejos de la utopía, pero se evitó la guerra racial que muchos —con mucha razón— temían, y ahora, por más carencias que exhiba el Gobierno del presidente Zuma, el pueblo vive en democracia y en paz. Este domingo, en todo el país, creyentes y no creyentes participarán en servicios religiosos para conmemorar la figura de Mandela y para dar las gracias por la existencia en la tierra de un hombre sin el cual la democracia y la paz en Sudáfrica —en su día el país más divido del planeta— sencillamente no hubieran sido posibles.




“Su paso por la cárcel fue crucial”

DESMOND TUTU 6 DIC 2013 

Durante 27 años, solo conocí a Nelson Mandela por su reputación. Le había visto una vez, a principios de la década de 1950, cuando vino a mi escuela de formación del profesorado para actuar como jurado en un concurso de debate. La siguiente vez que lo vi fue en 1990.

Cuando salió de la cárcel, muchos temían que se hubiese convertido en un ídolo con pies de barro. La idea de que podría hacer honor a su reputación parecía demasiado buena para ser cierta. Corría el rumor de que en el Congreso Nacional Africano (CNA) algunos decían que era mucho más útil en la cárcel que fuera.

Cuando salió, se produjo el más extraordinario de los hechos. Aun cuando muchos miembros de la comunidad blanca de Sudáfrica seguían tachándolo de terrorista, él intentó entender su postura. Sus gestos resultaban más elocuentes que las palabras. Por ejemplo, invitó a su carcelero blanco como vip a su investidura como presidente e invitó a comer al fiscal del proceso de Rivonia.

Poseía una empatía increíble. Las concesiones que estuvo dispuesto a hacer fueron asombrosas”
Estos fueron actos de una magnanimidad increíble. El fiscal había puesto un gran empeño en conseguir la pena de muerte. Mandela también invitó a las viudas de los dirigentes políticos afrikáneres a la residencia presidencial. Betsie Verwoerd, cuyo marido, H.F. Verwoerd, fue asesinado en 1966, no pudo asistir porque no se encontraba bien. Vivía en Oranje, donde única y exclusivamente los afrikáneres se congregaban para vivir. Y Mandela lo dejó todo y se fue a tomar el té con ella, allí, a aquel lugar.

Poseía una empatía increíble. Durante las negociaciones que condujeron a las primeras elecciones libres, las concesiones que estuvo dispuesto a hacer fueron asombrosas. El jefe Buthelezi quería esto y lo otro, y a cada petición concreta Madiba respondía: sí, está bien. Le molestaba que en el CNA muchos afirmasen que Inkatha no era un movimiento de liberación genuino. Incluso dijo que estaba dispuesto a prometerle a Buthelezi un puesto de alto nivel en el Gobierno, cosa que no había debatido con sus compañeros. Lo hizo para asegurarse de que el país no se sumiese en un baño de sangre.

De los afrikáneres afirmó: se puede entender fácilmente cómo deben de sentirse. Se acercó a ellos utilizando el símbolo del rugby sudafricano, la gacela, que era vilipendiado por muchos negros por considerarlo el símbolo del poder afrikáner.

El rugby era el deporte de los blancos, especialmente de los afrikáneres, y el golpe maestro de Mandela en la final de la Copa del Mundo consistió en entrar con aire resuelto en el campo llevando la camiseta con la gacela. Casi cualquier otro dirigente político habría parecido torpe, pero él supo llevarla con aplomo. El estadio entero, que probablemente era blanco en un 99%, y en su mayoría afrikáner, estalló en gritos de "¡Nelson!, ¡Nelson!". Fue extraordinario. ¿Y quién habría imaginado que en los distritos segregados celebrarían una victoria en el rugby?

Naturalmente, llegué a verlo enfadado. Pero su enfado nunca se impuso a su paciencia o a su capacidad de perdonar”
Naturalmente, llegué a verlo enfadado. Tras la masacre de Boipatong, en 1992, en la que murieron 42 personas, el CNA se retiró de las negociaciones y él estaba bastante furioso. Afirmó que los servicios secretos habían advertido a F.W. De Klerk de que algo malo iba a pasar, de que las fuerzas de seguridad estaban en connivencia con Inkatha. Yo no sé si De Klerk hizo caso omiso de esa advertencia. Madiba afirmó que estaba claro que las vidas negras no significaban nada.

En otra ocasión, me dijo que cuando él y De Klerk estaban en la ceremonia de entrega del Nobel de la Paz en Oslo, algo le había molestado mucho. Había un grupo cantando Nkosi Sikelel' iAfrika, considerado el himno de la lucha por la liberación, y De Klerk y su esposa hablaron mientras el grupo cantaba; no mostraron respeto.

Pero su enfado nunca se impuso a su paciencia o a su capacidad de perdonar. La gente dice: miren lo que ha logrado durante sus años de gobierno; qué desperdicio fueron esos 27 años en la cárcel. Yo sostengo que el tiempo que pasó en la cárcel fue necesario porque, cuando lo encarcelaron, estaba enfadado. Era relativamente joven y había sufrido una injusticia; no era un hombre de Estado, dispuesto a perdonar: era el comandante en jefe del brazo armado del partido, que estaba muy dispuesto a usar la violencia.

Ese tiempo en la cárcel fue absolutamente crucial. Claro está que el sufrimiento amarga a algunas personas, pero ennoblece a otras. La cárcel se convirtió en un crisol en el que se quemó y eliminó la escoria. La gente nunca pudo decirle: "Lo que usted dice sobre el perdón es pura palabrería. Usted no ha sufrido. ¿Qué sabrá usted?". Esos 27 años le invistieron de autoridad para poder decirnos que intentásemos perdonar.

Cualquiera que se convierte en un líder sabe que esta es la referencia. Y debe preguntarse a sí mismo cómo estar a la altura”
Uno de los mayores traumas de su vida fue lo que sucedió entre él y Winnie. La quería de verdad. Poco después de que saliera de la cárcel, los invité a una comida xhosa. Y sentados ahí juntos, parecía imposible imaginar que hubiera dos personas más enamoradas. La herida era profunda. Es maravilloso que encontrase a Graça. Pero uno siente cierta tristeza, porque Winnie tuvo que pasar por muchas cosas, y habría sido un final perfecto para ese cuento de hadas que hubiesen sido felices por siempre jamás.

El homenaje más adecuado para Nelson Mandela es convertir en un éxito aquello que él ayudó a instaurar. Él dejó claro que, en última instancia, nadie es indispensable. Era muy dado a recalcar que él era un miembro leal del CNA y que nadie estaba por encima del movimiento. Pero, por supuesto, nosotros lo sabemos bien.

Cualquiera, en cualquier lugar del mundo, que se convierte en un líder sabe que esta es la referencia. Y debe preguntarse a sí mismo cómo estar a la altura.

Desmond Tutu es arzobispo (anglicano) emérito de Ciudad del Cabo y activista de los derechos humanos.

© Guardian News and Media, 2013.

Traducción de News Clips.

jueves, 29 de diciembre de 2011

160.- Discurso de NELSON MANDELA en 38º Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada CUBA




Discurso de Nelson Mandela 
el 26 de julio de 1991 
en 38º Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada 
CUBA

Vamos a asegurarnos de que los pobres y sin derechos gobiernen la tierra en que nacieron

Palabras de Nelson Mandela, uno de los más extraordinarios símbolos de esta Era y uno de los mejores amigos de Cuba. (Tomado de LA JIRIBILLA)





Primer secretario del Partido Comunista, presidente del Consejo de Estado y del gobierno de Cuba, presidente de la república socialista de Cuba, comandante en jefe Fidel Castro; Internacionalistas cubanos que tanto han hecho por la liberación de nuestro continente;
Pueblo cubano; camaradas y amigos:

Para mí es un gran placer y un honor encontrarme hoy aquí, especialmente en un día tan importante en la historia revolucionaria del pueblo cubano. Hoy Cuba conmemora el trigésimo octavo aniversario del asalto al cuartel Moncada. Sin el Moncada la expedición del Granma, la lucha en la Sierra Maestra y la extraordinaria victoria del 1ro de Enero de 1959 nunca habrían tenido lugar.1

Hoy esta es la Cuba revolucionaria, la Cuba internacionalista, el país que tanto ha hecho por los pueblos de África.
Hace mucho tiempo que queríamos visitar su país y expresarles nuestros sentimientos acerca de la Revolución. Cubana, y el papel desempeñado por Cuba en África, en el África austral y en el mundo.2

El pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África. Los internacionalistas cubanos hicieron una contribución a la independencia, la libertad y la justicia en África que no tiene paralelo por los principios y el desinterés que la caracterizan.

Desde sus días iníciales la Revolución Cubana ha sido una fuente de inspiración para todos los pueblos amantes de la libertad.

Admiramos los sacrificios del pueblo cubano por mantener su independencia y soberanía ante la pérfida campaña imperialista orquestada para destruir los impresionantes logros alcanzados por la Revolución Cubana.

Nosotros también queremos ser dueños de nuestro propio destino. Estamos decididos a lograr que el pueblo de Sudáfrica forje su futuro y que continúe ejerciendo sus derechos democráticos a plenitud después de la liberación del apartheid. No queremos que la participación popular cese cuando el apartheid haya desaparecido. Queremos que el momento mismo de la liberación abra el camino a una democracia cada vez mayor.

Admiramos los logros de la Revolución Cubana en la esfera de la asistencia social. Apreciamos cómo se ha transformado de un país al que se le había impuesto el atraso a uno de cultura universal. Reconocemos los avances en los campos de la salud, la educación y la ciencia.

Es mucho lo que podemos aprender de su experiencia. De modo particular nos conmueve la afirmación del vínculo histórico con el continente africano y sus pueblos. Su invariable compromiso con la erradicación sistemática del racismo no tiene paralelo.
Pero la lección más importante que ustedes pueden ofrecemos es que no importa cuáles sean las adversidades, no importa cuáles sean las dificultades contra las que haya que luchar, ¡no puede haber jamás claudicación!

¡Es un caso de libertad o muerte!

Yo sé que su país atraviesa actualmente muchas dificultades, pero tenemos confianza en que el indoblegable pueblo cubano las vencerá en la misma forma en que ha ayudado a otros pueblos a vencer las que afrontaban.

Sabemos que el espíritu revolucionario de hoy se inició hace mucho, y que ese espíritu se fue nutriendo del esfuerzo de los primeros combatientes por la libertad de Cuba y de hecho por la libertad de todos aquellos que sufren bajo el dominio imperialista.

Nosotros también hallamos inspiración en la vida y ejemplo de José Martí, quien no es solo un héroe cubano y latinoamericano sino una figura justamente venerada por todos los que luchan por la libertad.3

También honramos al gran Che Guevara, cuyas hazañas revolucionarias ‹incluso en nuestro continente‹ fueron de tal magnitud que ningún encargado de censura en la prisión nos las pudo ocultar. La vida del Che es una inspiración para todo ser humano que ame la libertad. Siempre honraremos su memoria.4

Hemos venido aquí con gran humildad. Hemos venido aquí con gran emoción. Hemos venido aquí conscientes de la gran deuda que hay con el pueblo de Cuba. ¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África?

¿Cuántos países del mundo se benefician de la obra de los trabajadores de la salud y los educadores cubanos?

¿Cuántos de ellos se encuentran en África?

¿Dónde está el país que haya solicitado la ayuda de Cuba y que le haya sido negada?

¿Cuántos países amenazados por el imperialismo o que luchan por su liberación nacional han podido contar con el apoyo de Cuba?

Yo me encontraba en prisión cuando por primera vez me enteré de la ayuda masiva que las fuerzas internacionalistas cubanas le estaban dando al pueblo de Angola ‹en una escala tal que nos era difícil creerlo‹ cuando los angolanos se vieron atacados en forma combinada por las tropas sudafricanas, el FNLA financiado por la CIA, los mercenarios y las fuerzas de la UNITA y de Zaire en 1975.5

Nosotros en África estamos acostumbrados a ser víctimas de otros países que quieren desgajar nuestro terri°©torio o subvertir nuestra soberanía. En la historia de África no existe otro caso de un pueblo que se haya alzado en defensa de uno de nosotros.

Sabemos también que esta fue una acción popular en Cuba. Sabemos que aquellos que lucharon y murieron en Angola fueron solo una pequeña parte de los que se ofrecieron como voluntarios. Para el pueblo cubano, el internacionalismo no es simplemente una palabra, sino algo que hemos visto puesto en práctica en beneficio de grandes sectores de la humanidad.

Sabemos que las fuerzas cubanas estaban dispuestas a retirarse poco después de repeler la invasión de 1975, pero las continuas agresiones de Pretoria hicieron que esto fuera imposible.

La presencia de ustedes y el refuerzo enviado para la batalla de Cuito Cuanavale tienen una importancia verdaderamente histórica.

¡La aplastante derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale constituyó una victoria para toda África!

¡Esa contundente derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale dio la posibilidad a Angola de disfrutar de la paz y consolidar su propia soberanía!

¡La derrota del ejército racista le permitió al pueblo combatiente de Namibia alcanzar finalmente su independencia!

¡La decisiva derrota de las fuerzas agresoras del apartheid destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco!

¡La derrota del ejército del apartheid sirvió de inspiración al pueblo combatiente de Sudáfrica!

¡Sin la derrota infligida en Cuito Cuanavale nuestras organizaciones no hubieran sido legalizadas!

¡La derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale hizo posible que hoy yo pueda estar aquí con ustedes!

¡Cuito Cuanavale marca un hito en la historia de la lucha por la liberación del África austral!

¡Cuito Cuanavale marca un viraje en la lucha por librar al continente y a nuestro país del azote del apartheid!

El apartheid no es algo que haya comenzado ayer. Los orígenes de la dominación racista blanca se remontan tres siglos y medio, al momento en que los primeros colonos blancos iniciaron el proceso de división y posterior conquista de los Khoi, los San y otros pueblos africanos: los habitantes originarios de nuestro país.

El proceso de conquista, desde su comienzo, engendró una serie de guerras de resistencia, las que a su vez generaron nuestra guerra de liberación nacional. Luchando con grandes desventajas, los pueblos africanos trataron de defender sus tierras. Pero la base material y la resultante fuerza militar de los agresores coloniales llevaron a los divididos reinos y jefes tribales a la derrota.

Esta tradición de resistencia aún pervive y sirve de inspiración a nuestra lucha actual. Nosotros honramos la figura del gran profeta y guerrero Makana, que murió tratando de escapar de la prisión de la Isla Robben en 1819; de Hintsa, Sekhukhune, Dingane, Moshoeshoe, Bambatha y otros héroes de la resistencia ante la conquista colonial.

Fue con estos antecedentes de captura de territorios y conquistas que se creó la Unión Sudafricana en 1910. Para apariencias externas, Sudáfrica se convirtió en un estado independiente, pero en realidad los conquistadores británicos entregaron el poder a los blancos que se habían establecido en el país. Así la nueva Unión Sudafricana pudo formalizar la opresión racial y la explotación económica de los negros.

Después de creada la Unión, la adopción de la Ley de Territorios ‹encaminada a legalizar las apropiaciones del siglo XIX‹ aceleró el proceso que conduciría a la constitución del Congreso Nacional africano el 8 de junio de 1912.6

No voy a recontarles la historia del ANC. Baste decir que los 80 años de nuestra existencia han sido testigos de la evolución del ANC desde sus inicios, cuando procuraba unir a los pueblos africanos, hasta convertirse en la fuer°©za principal en la lucha de las masas oprimidas por acabar con el racismo y fundar un estado no racial, no sexista y democrático.

Su militancia se ha transformado de un pequeño grupo inicial de profesionales y jefes, etcétera, a una verdadera organización de masas populares.

Sus objetivos han evolucionado de la simple búsqueda de mejoras para la población africana, a buscar en cambio la transformación fundamental de toda Sudáfrica en un estado democrático para todas.

Los métodos para lograr sus objetivos de mayor alcance han adquirido a través de los años un mayor carácter de masas, lo que se refleja en la creciente participación popular dentro del ANC y en las campañas encabezadas por el ANC.

En ocasiones, algunos señalan que los propósitos iniciales del ANC y su composición original eran los de una organización reformista. La verdad es que desde su nacimiento el ANC era portador de profundas implicaciones revolucionarias. La formación del ANC fue el primer paso hacia la creación de una nueva nación sudafricana. Con el tiempo ese concepto se desarrolló hasta encontrar una clara expresión ‹hace 36 años‹ en la declaración de la Carta de la Libertad, donde se expresa que “Sudáfrica pertenece a todas los que en ella viven, tanto negros como blancos”.7 Esta constituyó un rechazo inequívoco al estado racista que existía y la afirmación de la única alternativa que nos resulta aceptable, una donde el racismo y sus estructuras sean finalmente liquidados.

Es bien sabido que la respuesta del estado a nuestras legítimas demandas democráticas fue, entre otras, la de acusar a nuestra dirigencia de traición y realizar a comienzos de los años 60 masacres indiscriminadas. Estos hechos y la proscripción de nuestra organización nos dejó sin otro camino que el de hacer lo que ha hecho cualquier pueblo que se respete a sí mismo ‹incluido el cubano-, es decir, levantarnos en armas para reconquistar nuestro país de manos de los racistas.

Debo decir que cuando quisimos alzamos en armas nos acercamos a numerosos gobiernos occidentales en busca de ayuda y solo obtuvimos audiencia con ministros de muy bajo rango. Cuando visitamos Cuba fuimos recibidos por los más altos funcionarios, quienes de inmediato nos ofrecieron todo lo que queríamos y necesitábamos. Esa fue nuestra primera experiencia con el internacionalismo de Cuba.

Aunque nos alzamos en armas, no fue esa la opción de nuestra preferencia. Fue el régimen del apartheid el que nos obligó a tomar las armas. Nuestra opción preferida siempre ha sido la de encontrar una solución pacífica al conflicto del apartheid.

La lucha combinada de nuestro pueblo dentro del país, así como la creciente batalla internacional contra el apartheid durante la década del 80 abrieron la posibilidad de una solución negociada a dicho conflicto. La decisiva derrota infligida en Cuito Cuanavale alteró la correlación de fuerzas en la región y redujo considerablemente la capacidad del régimen de Pretoria de desestabilizar a sus vecinos. Este hecho, conjuntamente con la lucha de nuestro pueblo dentro del país, fue crucial para hacer entender a Pretoria que tenía que sentarse a la mesa de negociaciones.

Fue el ANC el que inició el actual proceso de paz que esperamos conduzca a una transferencia negociada del poder al pueblo.

No hemos iniciado este proceso con objetivos distintos de los que buscábamos obtener mediante la lucha armada. Nuestras metas continúan siendo las de alcanzar las demandas contenidas en la Carta de la Libertad y no nos vamos a conformar con menos.

Ningún proceso de negociación puede tener éxito hasta que el régimen del apartheid comprenda que no habrá paz a menos que haya libertad y que no vamos a ceder en una sola de nuestras justas demandas. Deben comprender que no aceptaremos ningún proyecto constitucional que pretenda mantener los privilegios de los blancos.

Tenemos motivos para pensar que aún no hemos logrado que el gobierno entienda esta posición y les advertimos que si no escuchan tendremos que usar nuestra fuer°©za para convencerlos.

Esa fuerza es la fuerza del pueblo y en última instancia sabemos que las masas no solo exigirán sino que ganarán sus plenos derechos en una Sudáfrica no racista, no sexista y democrática.

Pero nosotros no buscamos solamente una meta en particular, proponemos una vía específica para lograr esa meta, una vía que supone la participación del pueblo en todo momento. No queremos un proceso que conduzca a un acuerdo ajeno al pueblo y donde su papel sea meramente el de aplaudir.

El gobierno resiste esto a toda costa porque la cuestión de cómo se hace una constitución y cómo se llevan a cabo las negociaciones está íntimamente vinculada a si el resultado es o no es democrático.

El actual gobierno quiere permanecer en el poder du°©rante todo el proceso de transición. Nuestra opinión es que eso es inaceptable. Los propósitos del gobierno en las negociaciones son claros. No podemos permitirle que utilice sus poderes como gobierno para favorecer su propia causa y la de sus aliados ni que utilice esos mismos poderes para debilitar al ANC.

Y esto es exactamente lo que están haciendo. Legalizaron al ANC, pero tenemos que trabajar en condiciones muy diferentes a las de otras organizaciones. No disfrutamos de la misma libertad de organización como el Inkatha y otras organizaciones aliadas al régimen del apartheid.8 Nuestros miembros se ven hostigados y son incluso asesinados. A menudo se nos impide efectuar reuniones y manifestaciones.

Creemos que el proceso de transición debe ser controlado por un gobierno capaz y que tenga además la voluntad de crear y mantener las condiciones propicias para la libre actividad política. Un gobierno que actúe con vistas a asegurar que la transición sea para crear una verdadera democracia y nada menos.

El actual gobierno se ha mostrado bastante renuente o incapaz de crear un clima propicio para las negociaciones. Se retracta de los acuerdos tomados para la liberación de los prisioneros políticos y para permitir el regreso de los exiliados. Recientemente ha permitido que se dé una situación en la que un verdadero reino de terror y violencia se desata contra las comunidades africanas y contra el ANC como organización.

En esa ola de violencia han sido asesinadas 10 mil personas desde 1984, 2 mil de ellas solo en lo que va del año. Siempre hemos dicho que este gobierno que se vana°©gloria de sus fuerzas policiales profesionales es perfectamente capaz de poner fin a la violencia y juzgar a los culpables. Pero no solo no muestra ninguna voluntad de hacerlo sino que ahora tenemos pruebas irrefutables ‹que han sido publicadas en la prensa independiente‹ de su complicidad con la violencia.9

La violencia se ha utilizado en un intento sistemático de fortalecer a Inkatha como un aliado potencial del Partido Nacional.10 Ahora contamos con pruebas que evidencian la entrega de fondos por el gobierno a Inkatha, dinero que proviene de los contribuyentes.
Todo esto indica la necesidad de crear un gobierno interino de unidad nacional que presida la transición. Necesitamos un gobierno que goce de la confianza de amplios sectores populares para que gobierne durante ese delicado período, para asegurar que los contrarrevolucionarios no puedan alterar el proceso y garantizar que la elaboración de la constitución se lleve adelante en un clima libre de represión, intimidación y miedo.

Creemos que la constitución misma debe ser elaborada en la forma más democrática posible. En nuestra opinión la mejor forma de lograrlo es a través de la elección de representantes a una asamblea constituyente con mandato para elaborar un proyecto de constitución. Hay organizaciones que retan al ANC cuando afirma ser la organización más representativa del país. Si no es cierto, que demuestren su apoyo popular en las urnas electorales.

Para asegurar que las masas populares queden inclui°©das en este proceso estamos distribuyendo y discutiendo nuestras propias propuestas constitucionales y un proyecto de carta de derechos. Queremos que estas sean discutidas en todas las estructuras de nuestra alianza, es decir, el ANC, el Partido Comunista Sudafricano y el Con°©greso de Sindicatos Sudafricanos, así como por el pueblo en general. De ese modo cuando el pueblo vote por el ANC para que la represente en una asamblea constituyente, sabrá no solo lo que el ANC defiende en líneas generales, sino qué tipo de constitución queremos. Naturalmente estas propuestas constitucionales están sujetas a revisión sobre la base de consultas con nuestros miembros, con el resto de la alianza y con el pueblo en general. Queremos lograr una constitución que reciba amplio apoyo, lealtad y respeto. Eso solo puede lograrse si vamos realmente a las masas populares.

A fin de impedir estas justas demandas, se han hecho varios intentos para minar y desestabilizar al ANC. La violencia es el más grave de esos intentos, pero hay otros métodos más insidiosos. En la actualidad, tanto en la prensa como entre nuestros adversarios políticos y muchos gobiernos occidentales, existe una obsesión con nuestra alianza al Partido Comunista Sudafricano.

La prensa constantemente publica especulaciones sobre el número de comunistas que integran nuestro eje°©cutiva nacional y aducen, que estamos, siendo dirigidos por el Partido Comunista.

El ANC no es un partido comunista sino un amplio movimiento de liberación que entre sus miembros incluye a comunistas y a otros que no lo son. Cualquier persona que sea miembro leal del ANC, y que acepte la disciplina y los principios de la organización, tiene el derecho de pertenecer a sus filas.

Nuestra relación con el Partido Comunista Sudafricano como organización se basa en el respeto mutuo. Nos uni°©mos con el Partido Comunista Sudafricano en torno a aquellos objetivos que nos son comunes, pero respetamos la independencia de cada uno y su identidad individual. No ha habido intento alguno por parte del Partido Comunista Sudafricano de subvertir al ANC. Por el contrario, derivamos fuerza de esa alianza.

No tenemos la más mínima intención de hacerles caso a aquellos que nos sugieren y aconsejan que rompamos esa alianza. ¿Quiénes son los que ofrecen estos consejos no solicitados? Provienen mayormente de los que nunca nos han dado ayuda alguna. Ninguno de esos consejeros ha hecho jamás los sacrificios que han hecho los comunistas por nuestra lucha. Esa alianza nos ha fortalecido y la haremos aún más estrecha.

Nos encontramos en una fase de nuestra lucha en la que ya se avizora la victoria. Pero tenemos que asegurar que esa victoria no nos sea arrebatada. Tenemos que asegurar que el régimen racista sienta el máximo de presión hasta el final para que comprenda que tiene que ceder, que el camino hacia la paz, la libertad y la democracia es irresistible.

Por eso deben mantenerse las sanciones. No es este el momento de premiar al régimen del apartheid. ¿Por qué habría de premiársele por derogar leyes reconocidas como un delito internacional? El apartheid aún existe. Hay que obligar al régimen a que lo elimine. Y solo cuando ese proceso sea irreversible podremos comenzar a pensar en disminuir las presiones.

Estamos hondamente preocupados por la actitud que la administración Bush ha adoptado con respecto a este asunto. Ese fue uno de los pocos gobiernos que estuvo en contacto habitual con nosotros para examinar la cuestión de las sanciones y le hicimos ver claramente que eliminar las sanciones sería prematuro. Sin embargo esa administración, sin siquiera consultarnos, sencillamente nos informó que las sanciones norteamericanas iban a ser anuladas. Consideramos que eso es totalmente inaceptable.

Es en este contexto que valoramos muy, muy hondamente nuestra amistad con Cuba. Cuando usted, compañero Fidel, dijo ayer que nuestra causa es la causa de ustedes, yo sé que ese sentimiento surge del fondo de su corazón y que es el sentimiento de todo el pueblo de Cuba revolucionaria.

Estamos unidos porque nuestras organizaciones, el Partido Comunista de Cuba y el ANC, luchan en defensa de las masas oprimidas, para que aquellos que crean las riquezas obtengan sus frutos. Su gran apóstol José Martí dijo: “Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar”.

Nosotros en el ANC siempre estaremos del lado de los pobres y sin derechos. No solamente estaremos junto a ellos. Vamos a asegurarnos de que más temprano que tarde los pobres y sin derechos rijan la tierra en que nacieron y que ‹como expresa la Carta de la Libertad‹ sea el pueblo el que gobierne. Y cuando ese momento llegue, habrá llegado no solamente por nuestros propios esfuerzos, sino también gracias a la solidaridad, al apoyo y al estímulo del gran pueblo cubano.

Debo concluir mis palabras refiriéndome a un hecho del cual todos ustedes son testigos. El comandante Fidel Castro me impuso a mí la orden más alta que este país puede conceder. Me siento indigno de esta condecoración porque pienso que no la merezco.

Es un premio que debe otorgársele a aquellos que ya han logrado la independencia de su pueblo. Pero es fuente de inspiración y de renovada fuerza el ver que esta condecoración se confiere al pueblo de Sudáfrica como reco°©nocimiento de que está erguido y lucha por su libertad.

Esperamos sinceramente que en los días venideros seamos dignos de la confianza en nosotros que se ve expresa°©da en esta condecoración.

¡Viva la Revolución Cubana!

¡Viva el compañero Fidel Castro!