miércoles, 21 de enero de 2015

858.- Franco sabía del genocidio judío y ordenó salvar sólo a los españoles "indudables"



Franco sabía del genocidio judío y ordenó 
salvar sólo a los españoles "indudables" 

La dictadura franquista conocía la magnitud del genocidio pero sólo ordenó salvar a “los judíos de indudable nacionalidad española”. En los próximos días, 'Público' ofrecerá testimonios de supervivientes españoles de los campos nazis, que aparecen en la obra 'Los últimos españoles de Mauthausen'. 


ALEJANDRO TORRÚS 
@ATorrus

No. Franco no hizo nada para evitar el holocausto judío. La propaganda franquista ha intentado reescribir la historia machaconamente. Desde el ministro Serrano Súñer, el cuñadísimo, tras la derrota de Hitler y Mussolini en la II Guerra Mundial hasta la Fundación Francisco Franco en la actualidad, pasando por una larga lista de historiadores del régimen. Sin embargo, parte de la documentación y de los telegramas intercambiados entre el Gobierno de Franco y los embajadores españoles en Europa ha resistido al paso del tiempo y a los distintos intentos para falsear y reescribir la historia. 

La obra Los últimos españoles de Mauthausen (Ediciones B), que publica el periodista Carlos Hernández de Miguel, y de la que los lectores de Público disfrutarán de cinco adelantos editoriales con testimonios de españoles que sobrevivieron a los campos de exterminio nazi, recoge estos telegramas entre el Gobierno franquista y sus embajadores en los que queda negro sobre blanco que Franco conocía la magnitud del genocidio judío que llevaba a cabo Hitler y que no movió ni un dedo para evitarlo. 

"Es una absoluta falsedad que el régimen de Franco tratara de salvar a los judíos de una muerte segura en los campos nazis. Ni tan siquiera puede ser considerado como un cómplice pasivo. Fue cómplice activo y necesario y, por tanto, coatuor de la deportación de los judíos. Cuando alguien tiene la capacidad de salvar a otro ser humano de una muerte segura y no lo hace se convierte en cómplice", denuncia el autor de la obra Carlos Hernández en conversación telefónica con Público.



Bienes judíos

Es más, la primera muestra de interés del dictador hacia el drama que estaban viviendo los judíos en Europa fue cuando el embajador francés le informó que Alemania estaba incautando los bienes y las cuentas de los judíos españoles. Entonces sí. Franco ordenó que fueran las embajadas españolas las que administraran el dinero y los bienes de los judíos españoles. 

Administrar los bienes de "sus judíos"

Fue en diciembre de 1940. La Embajada española en París anunció la expropiación de las posesiones de los judíos a través de un telegrama: "Autoridades Departamento Seine et Oise han comenzado a incautarse bienes de los sefarditas y están bloqueando sus cuentas en los bancos. También en París se proponen desde 1 de enero nombrar administradores judiciales para bienes de los judíos. Urge por tanto resolver este asunto y espero instrucciones"·.

                                           telegrama bienes judíos

Días después el embajador escribió: "Amplío mi telegrama anterior. Autoridades Departamento Sarthe han empezado hoy a nombrar administradores judiciales para bienes de los judíos españoles con tienda abierta y según parece por orden de autoridades de ocupación". En este caso, el Gobierno de Franco sí puso mucho empeño en que sus legaciones pelearan con las autoridades alemanas para hacerse cargo de la administración de los bienes de "sus judíos". La petición fue aceptada sin mayores problemas por el régimen nazi.


Esta diligencia del Gobierno franquista contrasta con la actitud del mismo cuando Hitler consultó a Franco qué hacer el 20 de agosto de 1940 qué hacer con "los 2.000 rojos españoles" que estaban internados en Angoulême. Franco no contestó. Por eso, el día 28 Alemania insistió ampliando la consulta a los "100.000 rojos españoles" que estaban en los campos de concentración franceses. Aún así, las autoridades españolas tampoco contestaron. Franco ignoró el ofrecimiento de las autoridades alemanas para rescatar a los prisioneros "rojos" españoles. En septiembre, Serrano Suñer se desplazó hasta Alemania para reunirse con Heinrich Himmler. Ese mismo día Alemania emitió la orden de trasladar a todos los "rojos españoles a campos de concentración".

4.500 judíos de nacionalidad española

De la misma manera que con los "rojos", Franco mostró una total indiferencia por la suerte de los 4.500 judíos de nacionalidad española que había en países ocupados por el nazismo y, más aún, por los 175.000 de origen sefardí, descendientes de los judíos expulsados de España, que conservaban sus tradiciones, su cultura y hablaban en una lengua muy similar al castellano antiguo. 

"Franco ni tan siquiera puede ser considerado como un cómplice pasivo. Fue cómplice activo y necesario y, por tanto, coatuor de la deportación de los judíos"

De hecho, en enero de 1943 el Gobierno nazi aprobó un decreto por el que permitía a sus aliados repatriar a sus judíos. Estados Unidos, la URSS y Gran Bretaña ya habían denunciado públicamente que Hitler planeaba el exterminio de todos los judíos europeos. Franco volvió a ignorar las peticiones alemanas, a pesar de la insistencia de los nazis. Finalmente, Franco mostró su total desinterés respecto a los judíos españoles enviando interlocutores a Alemania de cuarto de cuarto nivel que demostraron su ignorancia y su falta de interés por la suerte de los judíos.

Sólo a última hora, a mediados de 1944, cuando estuvo convencido de que Hitler sería derrotado en la guerra, Franco realizó gestiones para salvar a pequeños grupos de judíos y dio la orden a sus embajadores para tratar de repatriar a aquellos judíos de "indudable nacionalidad española". El historiador alemán, Bernd Rother, lo describe así: "España solo a regañadientes y de una manera dubitativa protegió a los judíos y limitó la protección a los judíos españoles".

  Telegrama del cónsul general de España en Francia al Ministro de AAEE 

Prueba de ello, son los mensajes que intercambiaban el ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Gómez-Jordana, y sus diplomáticos. En diciembre de 1943 el cónsul general de España en Francia informa a Jordana: "De acuerdo con telegrama VE, intervengo tan solo a favor liberación sefarditas indiscutible nacionalidad española aceptando fin lograr la condición ser repatriados. Respecto los de incompleta documentación me atengo estrictamente instrucciones VE. Ha quedado demarcada totalmente diferencia entre los que están condición ser breve plazo repatriados (pocos casos) y aquellos cuya eventual repatriación puede ser objeto estudio".
"Ambas han sufrido ....... consecuencias señaladas en mi telegrama nº 44 y despacho 798", informa un telegrama
Sin embargo, ya era tarde para muchos judíos españoles y para aquellos que alegaban ser descendientes de españoles. La respuesta de Franco llegaba nueve meses fuera del plazo dado por Alemania para reclamar a los judíos. El retraso en la respuesta de Franco se cobraría un número muy alto de vidas que no pudieron escapar del holocausto nazi. 

Dos de estas familias fueron la de Mayo y Abastado, quienes tras una larga detención fueron deportados a Alemania ya que Franco no se pronunciaba sobre su destino. Cuando llegó la orden, era tarde. Así escribía el cónsul español en París, Alfonso Fiscowich, al ministro Gómez-Jordana: 

"Familias Mayo y Abastado después de larga detención han sido deportadas Alemania. La primera había sido autorizada entrar España por telegrama VE nº 3252 habiendo este Consulado realizado con el mayor interés reiteradas gestiones por desgracia infructuosas. La segunda no había cumplido todos los requisitos exigidos para considerar su nacionalidad como indiscutible no entrando por lo tanto en la categoría de repatriados. Ambas han sufrido ....... consecuencias señaladas en mi telegrama nº 44 y despacho 798". Era el 10 de marzo de 1944. Había pasado casi un año desde que expiró el ultimátum alemán.
puntos suspensivos
Telegrama del cónsul español en París, Alfonso Fiscowich, al ministro Gómez-Jordana
A pesar de Franco

Frente a la indiferencia de Franco, hubo diplomáticos españoles que se jugaron el puesto, y la vida, en salvar a los judíos de una muerte segura. La historiografía franquista ha utilizado las hazañas de estos diplomáticos para tratar de limpiar su imagen. Sin embargo, los hechos contradicen esta revisión de la historia. Prueba de ello, es el caso de Eduardo Propper, quien expidió, en 1940, miles de visados de tránsito para judíos que deseaban huir de la Francia ocupada fue destituido e incluido en la lista negra por Serrano Suñer.

Algo similar le ocurrió a Miguel Ángel de Muguio, encargado de negocios de la Embajada de España en Budapest, que informó continuamente a Madrid sobre la discriminación, las amenazas y los crímenes que se perpetraban contra la comunidad judía de Hungría y que ante el silencio de su Gobierno emprendió por su cuenta y riesgo una serie de actuaciones encaminadas a proteger a diferentes grupos de adultos y especialmente de niños judíos. Su actuación indignó a las autoridades húngaras que protestaron formalmente ante el Ejecutivo español. Franco le cesó fulminantemente.

"Diplomáticos como Ángel Sanz trabajaron para evitar la muerte de judíos. Pero no fue gracias a sus jefes sino a pesar de lo que mandaban sus jefes y Franco. La actitud del régimen fue la de la indiferencia. No tuvo ni un gesto de humanidad. Afortunadamente, un grupo de diplomáticos se salvo estas órdenes y actuó por su cuenta y riesgo a favor de los judíos", sentencia el autor de la obra Hernández de Miguel, que señala que el único objetivo de la obra que acaba de publicar es "poner la Historia donde estaba: en la verdad y no en la manipulación franquista".  


857.- Qué bien se reinsertan los presos de derechas


Qué bien se reinsertan los presos de derechas

Por Aníbal Malvar  21 ene 2015
  

Más o menos simultáneamente, como todos los grandes acontecimientos de la Historia, nuestros jueces le abren la puerta de Soto del Real a Luis Bárcenas por 200.000 pavos y exoneran de culpa a Esperanza Aguirre por huir de la policía, derribar una moto y casi atropellar a un guardia. Ayer fue un gran día para la Historia de esta gloriosa nación llamada España. Y para los que conducen habitualmente por la Gran Vía, si la ley es igual para todos.

Sin duda España es un ejemplo universal de libertades, a pesar de la recalcitrante cantinela de tipos como Arnaldo Otegi. Nuestros más conspicuos delincuentes se reinsertan en la sociedad en un abrir y cerrar del ABC, demostrando que nuestro sistema penitenciario funciona perfectamente. Qué donosura al reinsertarse. Qué elegantísima fianza. Cómo sonríen los cajones donde se archivan las causas. Qué patillas en libertad. Qué rubia permanén sin siquiera multa. Qué pedazo de división de poderes gozamos en esta España dos, cuatro o tres, menos grande que mediana, y libre.

La capacidad de reinserción de Esperanza Aguirre ha sido muy asombrosa. Despues de aparcar en prohibido, poner en peligro la vida de unos guardias con un acelerón y huir a su palacio, ya está preparada para volver a la calle incluso sin pasar por juicio. La sociedad española la recibirá con los brazos abiertos. No hay mejor candidata a la alcaldía que la oveja descarriada que regresa a la majada.

Por su parte, a Bárcenas le imponen una fianza que apenas alcanza el 0,4% del dinero que se le encontró en Suiza. Presuponiendo, ya que está reinsertado, que en su bonhomía no guardará otros 20 ó 30 millones en las islas Caimán para fugarse. Después hay gente a la que estos mismos jueces arrebatan la casa porque debe 2.000 euros, pero son muy inexplicables excepciones. Ningún sistema judicial puede ser perfecto del todo. El 0,4% de 2.000 son ocho pavos, por cierto. Lo que le han pedido a Bárcenas para gozar de libertad y de una casa sin desahuciar, con sus platas, su chaise-longue, sus picassos y sus libros.




La presunción de inocencia siempre ha sido una costumbre muy española, sobre todo para los que son culpables. Ver a Bárcenas comprando cuellos de astracán en las tiendas de Serrano, a Esperanza Aguirre aparcando en triple fila en la calle de Alcalá con la falda almidoná, y a Alfon y al teniente Segura en el trullo, nos llena de seguridad y fe en nuestras instituciones. Nuestra capacidad para reformar a nuestros delincuentes de derechas es tan perfecta que ni uno solo de los imputados de Gürtel seguirá en el talego tras la espantada del ínclito Don Luis. Si ni siquiera huyen del país, ya nadie podrá insinuar que España sufre fuga de cerebros.

Debe de resultar muy tranquilizador para el votante del PP saber que en las próximas elecciones Luis Bárcenas va a estar en la calle, y Esperanza Aguirre, quizá, en los carteles. Y Mariano Rajoy tal vez vuelva a recordar a “este señor que tengo en la agenda [del móvil]”: “Luis. Lo entiendo. Sé fuerte”, le escribió en sms el presidente al ex tesorero hace un par de años.

Lo que realmente me extraña, para hacer justicia total en este país, es que el PP no haya publicitado un crowdfunding para pagar la fianza de Bárcenas y para comprarle un Red Bull (el bólido) a Esperanza Aguirre. El pueblo, la calle, el gentío entre el que mañana transitarán libres Bárcenas y Aguirre, se hubiera volcado.

Todos sabemos que la libertad es el opio del delincuente. Y aquí en España esa droga es legal, al parecer. Y se fuma en la calle Serrano y por ahí.




martes, 20 de enero de 2015

856.- Alfonso XIII: negocio, porno y sexo


Alfonso XIII: negocio, porno y sexo

Según el investigador Roman Gubern, el Rey fue un gran aficionado al erotismo y al cine pornográfico. Alfonso XIII tuvo cinco hijos bastardos.

nuevatribuna.es | Edmundo Fayanas Escuer | 19 Enero 2015 

La figura de Alfonso XIII es de las más interesantes de los Borbones y como dice el historiador José María Zavala “fue un rey perjuro, como su bisabuelo Fernando VII, pues juró fidelidad a la Constitución de 1876 ante los Santos Evangelios y luego apoyó a la dictadura de Primo de Rivera”.

Nace en Roma el diecisiete de mayo de 1886, sus padres fueron Alfonso XII, al que no lo conoció, y María Cristina de Habsburgo-Lorena. Es bautizado con el nombre Alfonso León Fernando María Jaime Isidro Pascual Antonio de Borbón y Habsburgo-Lorena.

Nace ya como Rey, pero hasta que cumple la edad de dieciséis años (1986-1902) dirige el país una Regencia presidida por su madre María Cristina de Habsburgo-Lorena. Alfonso XIII tuvo una educación similar a la que había tenido su padre. Se guió mucho por el proceder de su madre María Cristina, que era apodada “doña Virtudes”, pero también influyó mucho en su carácter su tía Isabel, conocida como “la chata”, tenía como lema “con el rey, con razón o sin ella”. Esto demuestra el grado de adulación que existía en el Palacio Real.

EL INICIO DE SU REINADO

Asume el poder con dieciséis años en 1902. Era apodado “el piernecitas” porque tenía las piernas muy delgadas. Antes de tomar el poder, hizo una declaración de sus intenciones como gobernante, el uno de enero de 1902, diciendo:

“En este año me encargaré de las riendas del Estado, acto de suma trascendencia tal como están las cosas, porque de mí depende si ha de quedar en España la monarquía borbónica o la república; porque yo me encuentro el país quebrantado por nuestras pasadas guerras, que anhela por un alguien que la saque de esa situación. La reforma social a favor de las clases necesitadas, el ejército con una organización atrasada a los adelantos modernos, la marina sin barcos, la bandera ultrajada, los gobernadores y alcaldes que no cumplen las leyes, etc. En fin, todos los servicios desorganizados y mal atendidos. Yo puedo ser un rey que se llene de gloria regenerando a la patria, cuyo nombre pase a la Historia como recuerdo imperecedero de su reinado, pero también puede ser un rey que no gobierne, que sea gobernado por sus ministros y por fin puesto en la frontera… Yo espero reinar en España como Rey justo. Espero al mismo tiempo regenerar la patria y hacerla, si no poderosa, al menos buscada, o sea, que la busquen como aliada. Si Dios quiere para bien de España”.



Alfonso XIII, a pesar de tener una pobre formación política, fue consciente de que el papel del Rey había quedado reducido a una función institucional. Esto nunca lo asumió y creía que solo una monarquía con capacidad de acción política podría evitar el avance del republicanismo, que crecía visiblemente, reforzado por los movimientos socialista y anarquista.

En su primera reunión con el gobierno les aclara cual es su interpretación de la Constitución de 1876.   La intromisión real entorpece la gestión del gobierno, ya que el Rey carece de iniciativa política. Esto hacía que muchos decretos quedaran detenidos en palacio para la firma real.

Alfonso XIII se movía muy cómodo por los cuarteles, haciéndole saber al gobierno la gran importancia que la opinión del ejército debía tener en el Estado. Esto hace, que el Rey se implique en la nefasta guerra de Marruecos y posteriormente muestre su simpatía hacia la dictadura de Primo de Rivera.

En sus primeros años realizó diversos viajes por España y también por el extranjero. En su visita a Francia ,en mayo de 1905, sufrió un atentado junto al presidente francés Loubet, del que ambos salieron ilesos, aunque provocó la muerte de varias personas.


Atentado en París a Alfonso XIII

EL MATRIMONIO CON VICTORIA EUGENIA DE BATENBERG

En su visita a Inglaterra conoció a la princesa Victoria Eugenia. Era hija del príncipe Enrique de Battenberg y la princesa Beatriz del Reino Unido, era la línea de una dinastía de origen plebeyo. Sobrina del rey Eduardo VII y nieta de la reina Victoria I. Victoria Eugenia se le conocía con él sobre nombre de ENA y tenía el tratamiento de Alteza Serenísima por nacimiento, pero para poder casarse con Alfonso XIII y evitar que dicha unión fuese considerada morganática, se le elevó de rango a Alteza Real. Además tuvo que hacerse católica.

El Tratado matrimonial se firmó, el siete de mayo de 1906, en Londres. Se celebró la ceremonia en Madrid el 31 de mayo de 1906. Cuando regresaba camino del Palacio Real después de la ceremonia nupcial, sufrieron un atentado, mediante el lanzamiento de un ramo de flores desde los espectadores en el que se encontraba escondida una bomba. Fue lanzada por el anarquista Mateo Morral a la carroza real, del que salieron ilesos, pero que sí provocó la muerte de once personas.

El matrimonio tuvo siete hijos. Veamos

- Alfonso (1907), nació hemofílico y renunció a sus derechos dinásticos en 1933.
- Jaime (1908), era sordo y por presión del Rey le hicieron renunciar al trono en 1933.
- Beatriz (1909), es la abuela materna de Alejandro Lecquio.
- Fernando (1910), nació muerto.
- María Cristina (1911)
-Juan (1913). Recibe el título de conde de Barcelona y será el que asumirá los derechos dinásticos a la muerte de Alfonso XIII.
- Gonzalo (1914), que también nació hemofílico.



Las relaciones entre el Rey y Victoria Eugenia se enfriaron cuando se supo que la reina tenía hemofilia, que es una enfermedad hereditaria, pero que ambos desconocían. Por otro lado, Alfonso XIII mantuvo numerosas relaciones amorosas con otras mujeres, como posteriormente veremos.

Si seguimos a la escritora Mercedes Salisachs, comenta “que el pueblo amaba a la reina Victoria Eugenia y, en cambio, la nobleza, una aristocracia muy conservadora y provinciana, la detestaba por guapa, por extranjera y por culta”. Hizo mucho por España y la gente lo sabía. Fue una mujer admirable y extraordinaria, que se convirtió al catolicismo para poder contraer matrimonio con el Rey.

Salisachs califica a Alfonso XIII como un auténtico “enfermo sexual”. Respecto a esto comenta que “Victoria Eugenia nunca afeó la conducta de su marido en público, al menos, en los años en que reinaron juntos”. Mientras fueron reyes, ella observó una actitud ejemplar, pese a que el Rey llegó a mantener una familia paralela con la actriz Carmen Ruiz Moragas, con la que tuvo dos hijos.



El matrimonio en su etapa final no se hablaba y se había interrumpido el contacto carnal desde el nacimiento de su último hijo, Gonzalo. Victoria Eugenia se consolaba con la amistad de su círculo más cercano y sobre todo con los duques de Lécera, hasta el punto que empezaron a circular falsas historias sobre esta amistad.

Ya en el exilio, Alfonso y Victoria Eugenia se enfrentaron en el salón del hotel donde se encontraban. El Rey le reprochó a su mujer su amistad con los duques de Lécera y le exigió “o ellos o yo”. Victoria Eugenia sacó toda su rabia acumulada durante muchos años y le respondió “Los escojo a ellos y no quiero ver tu fea cara nunca más “.

Victoria Eugenia se fue a su país, abandonando a sus hijos y marido y se enfrentó en los tribunales reclamando su dote, los intereses durante veinticuatro años y una pensión, arguyendo, que estaban separados de facto desde hacía años.

LOS AMORIOS EXTRACONYUGALES Y LOS HIJOS BASTARDOS

Alfonso XIII tuvo cinco hijos bastardos. Tuvo una relación con la aristócrata francesa Mélanie de Gaufrydi de Dorton en 1905, como consecuencia tuvo un hijo Roger Leveque de Vilmorin.

Mantuvo una relación muy larga e intensa con la actriz Carmen Ruiz de Moragas. De dicha relación nacieron dos hijos, la primera fue María Teresa Ruiz Moragas en 1925 y Leandro Alfonso Ruiz Moragas 1929. La justicia española sentenció ante la reclamación de Leandro, el 21 de mayo de 2003, que  pudiera usar el apellido Borbón y así paso a llamarse Leandro Alfonso de Borbón Ruiz.

Además tuvo dos hijas más. La primera, fue con una de las institutrices de sus hijos, de la que se desconoce el nombre, siendo abandonada la niña en un convento madrileño.

La segunda, en 1916, con otra institutriz irlandesa Beatrice Noon, que llevó el nombre de Juana Alfonsa Milán y Quiñones de León. Su primer apellido es tomado por su padre adoptivo, el duque de Milán y el segundo apellido es del embajador de España en Francia.


Alfonso XIII, el rey pornógrafo, dibujado por Alberto Cimadevilla



LA AYUDA PRO-CAUTIVOS EN LA I GUERRA MUNDIAL

Creó una oficina pro-cautivos para conseguir aliviar las penas que se originaban en la primera guerra mundial y que puede considerarse como la primera acción humanitaria gubernamental en la historia.

Se estableció esta oficina pro-cautivos en el propio Palacio Real, donde llegaban las solicitudes de información e intervención sobre prisioneros de guerra de ambos bandos. Se salvó así a unos 70.000 civiles y unos 21.000 soldados. Intervino a favor de unos 136.000  prisioneros de guerra.

Tuvo también otras intervenciones importantes, como el intentar liberar y llevar a España a la familia real rusa depuesta por la revolución bolchevique, pero fracasó.

ALFONSO XIII Y LA PORNOGRAFIA

Era un hombre muy liberal en sus costumbres y con un sentido de la moralidad bastante abierto y muy alejado a los cánones de la época.

Según el investigador Roman Gubern, el Rey fue un gran aficionado al erotismo y al cine pornográfico. Utilizó como intermediario al conde de Romanones. Hizo rodar a los hermanos Baños, en la década de 1915-1925, varias películas pornográficas en el Barrio Chino de Barcelona, que serían las primeras de este género realizadas en España.

Las películas se titulaban, “El confesor”, “Consultorio de señoras” y “El ministro”. Los guiones fueron desarrollados por el propio Rey. La primera tiene una duración de unos cuarenta minutos, cuenta la historia de un cura confesor que se beneficia de su poder sobre las feligresas. La segunda, con una mayor duración y realizada técnicamente mejor, se cuenta la historia de la consulta de un doctor que examina a las mujeres mediante un método especial. Y en la tercera película trata la historia de una mujer que acude al Ministerio para rogar que no se despida a su marido, a lo cual el ministro accede a cambio de unos favores sexuales.

Estas películas permanecieron ocultas más de setenta años, hasta que aparecieron de forma misteriosa en un convento valenciano. Fueron restauradas por la Generalitat valenciana y se conservan en la Filmoteca de Valencia.

Ya en el exilio visitó Hollywood y según cuenta Anita Loos que fue la autora de “los caballeros las prefieren rubias”, en su libro “Adiós a Hollywood con un beso”, cuando Alfonso XIII visita la meca del cine, tiene como anfitrión al actor Douglas Fairbanks interesándose por conocer al actor de comedia Fatty Arbuckle. Douglas le informa que Fatty había sido defenestrado por haber ocasionado la muerte de una adolescente en una orgía, introduciéndole una botella de champán en los genitales. Anita Loos cuenta que el rey, tras oír la desgraciada historia, exclamo: “Vaya, qué injusticia. ¡Si eso le podía haber pasado a cualquiera!"

Alfonso XIII, como vemos, gustaba coleccionar películas pornográficas. “No le interesaban en absoluto ni la literatura, ni la pintura, la música o el arte. Solamente los caballos, la caza, los automóviles y la pornografía”. “Para nadie era un secreto que las aventuras extraconyugales de Alfonso, habían experimentado un decidido incremento sin marcha atrás, paralelo a la evolución de la descomposición de su matrimonio… Al igual que su padre Alfonso XII, era él persona escasamente selectiva a la hora de elegir eventuales compañeras de cama”. 

LOS NEGOCIOS DE ALFONSO XIII

Alfonso XIII tenía una gran información tanto financiera como industrial del país y las utilizó para hacer inversiones, que le fueron muy productivas. Participó en el accionariado de Hispano-Suiza, Transmediterránea, Metro…

En el año 1929, se creó el Club Deportivo Galguero español, una sociedad sin ánimo de lucro para fomentar el galgo español. El general Emilio Mola le otorgó la explotación exclusiva de las carreras de galgos y sus apuestas mutuas. El club transfería sus beneficios a la Sociedad Mecánica y Stadium Metropolitano, donde el Rey participaba en su accionariado a través de persona interpuesta, en concreto por Carlos Mendoza.



Desde su inicio en 1930 hasta que las carreras fueron prohibidas por la República, obtuvieron un beneficio de 6,18 millones de euros. Más tarde vendieron la sociedad a Enrique Zimmermann, que pagó doce millones de euros de hoy. La República interpuso una querella judicial contra Alfonso XIII y Jacobo Stuart, duque de Alba. Sin embargo, con la victoria de Franco esta querella desapareció.

El patrimonio de Alfonso XIII, entre 1986 y 1902, era de 35,5 millones de euros. Esta fortuna era consecuencia de la asignación anual del Estado, que rondaba los dos millones de euros anuales; la herencia de su padre Alfonso XII, fue de 4,4 millones de euros. Si a ello unimos la fortuna de Victoria Eugenia y los amplios negocios del Rey, se puede decir que su patrimonio rondaba los 144 millones de euros.

Como decía el escritor Valle Inclán “los españoles han echado al último Borbón, no por Rey sino por ladrón”.

Según un informe realizado por el juez Mariano Luján, titular del juzgado número diez de Madrid elevó al Tribunal Supremo, el seis de diciembre de 1933, un auto donde acusaba al Rey y al duque Alba de “lucrarse con apuestas cruzadas en las carreras de galgos” a ello se le unió el de estafa y malversación de caudales públicos.

El 14 de abril de 1931 comienza su exilio, llevándose el equivalente a 48 millones de euros, pues era el dinero que tenía no declarados en bancos de Londres y París.   En sus diez años de exilio los gastó en safaris, viajes, casas, hoteles… Cuando muere en 1941, ya solo le quedaban 18 millones de euros

PRINCIPALES HECHOS DE SU REINADO



Desde los inicios de su reinado, la vida social política y económica del país era muy convulsa, pues tanto liberales, republicanos, socialistas como anarquistas protestaban violentamente toda la política gubernamental.

Su  punto más álgido sucedió en Barcelona con la llamada Semana Trágica y los desastres militares, que se estaban produciendo en Marruecos. Todo ello en medio de una durísima represión de los movimientos políticos, que culminó con la ejecución del intelectual y pedagogo anarquista Ferrer i Guardia, provocando una dura condena de las democracias europeas. La presión internacional hizo, que Alfonso XIII destituyera el gobierno conservador de Maura.

Tras el asesinato de Canalejas, se produce la ruptura del bipartidismo político de los últimos treinta y cinco años que tan malos resultados había dado al país. Los conservadores se dividieron en distintas corrientes, lo mismo que los liberales, en enfrentamientos fratricidas e irreconciliables.

El conservador Eduardo Dato declaró la neutralidad española en la I Guerra Mundial. Esta neutralidad hizo que surgiera una fuerte crisis en la familia real. La reina madre María Cristina de Habsburgo- Lorena era austriaca y en consecuencia  simpatizaba con los Imperios centrales, mientras que la reina Victoria Eugenia era inglesa y apoyaba a los aliados.

Después de la Primera Guerra Mundial la situación política social y económica en el país era gravísima, de forma que Alfonso XIII tuvo que amenazar con dimitir para que el conservador Maura aceptara un gobierno de Unidad Nacional. La crisis política se fue agravando y la situación interior del país a nivel social se iba deteriorando a grandes pasos. A ello se le unió el desastre marroquí de Annual, en la que tuvo una desafortunada intervención Alfonso XIII y gran parte de responsabilidad en este desastre.

ALFONSO XIII Y LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA

Alfonso XIII tenía grandes simpatías por el autoritarismo como se puede comprobar en los discursos reales de Córdoba en 1921, y Castellón de la Plana en 1922. El Rey era consciente del fracaso de la alternancia política y como solución a la crisis del país, apoyó el golpe de Estado del general Primo  de Rivera en septiembre de 1923.



Las fuerzas políticas no apoyaron la suspensión de la Constitución realizada por el dictador Primo de Rivera. El dictador puso fin a la guerra de Marruecos con el desembarco de Alhucemas en 1925. Mientras que en el interior del país desarrollaba una política centralista y aplicaba con dureza la  represión a todos los movimientos políticos.

En política internacional se mostraban tanto Primo de Rivera como Alfonso XIII cercano a las ideas desarrolladas por Mussolini en Italia, con el que tenían unas grandes relaciones.

Al inicio de su gobierno, Primo de Rivera obtuvo un cierto apoyo popular, pero posteriormente fue cambiando este apoyo, debido a la fuerte contestación que tuvo de la intelectualidad española, sobre todo de Miguel de Unamuno y de Blasco Ibáñez. La opinión pública acusaba de complicidad al rey con la dictadura.  

La represión a la oposición a través de encarcelamientos de prestigiosos hombres públicos, la sanjuanada, y los conflictos estudiantiles fueron desacreditando la dictadura.

Finalmente, Alfonso XIII retiró su apoyo a Primo de Rivera y le presentó su dimisión el 28 de enero de 1930. Le sustituyó el general Dámaso Berenguer, pero el fracaso fue mayúsculo y el cierre dictatorial llegaba demasiado tarde.

El doce de abril de 1931, se celebraron elecciones municipales ganando la izquierda en las principales ciudades del país. El 14 de abril, en toda España, ondeaban banderas republicanas, el conde de Romanones  le recomendó que abandonara el país. Salió hacia Cartagena y en barco llegó a Marsella. Se suspendió el poder real, sin que el Rey llegara a abdicar de manera formal.


Las Cortes republicanas acusaron de alta traición a Alfonso XIII por ley de 26 de noviembre de 1931. En ella se dice:

“A todos los  que la presente vieren y entendieren, sabed: Que las Cortes Constituyentes, en funciones de Soberanía Nacional, han aprobado el acta acusatoria contra don Alfonso de Borbón y Habsburgo-Lorena, dictando lo siguiente:

“Las Cortes Constituyentes declaran culpable de alta traición, como fórmula jurídica que resume todos los delitos del acta acusatoria, al que fue rey de España, quien, ejercitando los poderes de su magistratura contra la Constitución del Estado, ha cometido la más criminal violación del orden jurídico del país, y, en consecuencia, el Tribunal soberano de la nación declara solemnemente fuera de la ley a don Alfonso de Borbón y Habsburgo-Lorena. Privado de la paz jurídica, cualquier ciudadano español podrá aprehender su persona si penetrase en territorio nacional.

Don Alfonso de Borbón será degradado de todas sus dignidades, derechos y títulos, que no podrá ostentar ni dentro ni fuera de España, de los cuales el pueblo español, por boca de sus representantes elegidos para votar las nuevas normas del Estado español, declara decaído, sin que se pueda reivindicarlos jamás ni para él ni para sus sucesores.

De todos los bienes, derechos y acciones de su propiedad que se encuentren en territorio nacional se incautará, en su beneficio, el estado, que dispondrá del uso conveniente que deba darles.

Esta sentencia, que aprueban las Cortes soberanas Constituyentes, después de publicada por el Gobierno de la República, será impresa y fijada en todos los ayuntamientos de España, y comunicada a los representantes diplomáticos de todos los países, así como a la Sociedad de Naciones”.

“En ejecución de esta sentencia. El Gobierno dictará las órdenes conducentes a su más exacto cumplimiento, al que coadyuvarán todos los ciudadanos, tribunales y autoridades”.

ALFONSO XIII Y FRANCO

El Rey conocía a Franco por sus éxitos militares en Marruecos. En el año 1923, el rey concedió  una medalla militar y el título honorifico de “gentilhombre de cámara”. Alfonso XIII fue el padrino de la boda de Franco con Carmen Polo (estuvo representado por el gobernador civil de Asturias, el general Losada).


La muerte de Alfonso XIII

En 1925, Primo de Rivera, transmitió a Franco una carta del Rey que terminaba diciendo “Ya sabes lo mucho que te quiere y aprecia tu afectísimo amigo que te abraza. Alfonso XIII”. En 1928, por real decreto, se nombra a Franco, Director de la Academia General Militar de Zaragoza.

Tras el levantamiento militar del 18 de julio de 1936, Alfonso XIII apoyó con entusiasmo al bando sublevado, afirmando ser un falangista de primera hora.

Franco le escribió una carta muy crítica contra Alfonso XIII, el cuatro de abril de 1937. Anteriormente el Rey había donado un millón de pesetas a la causa franquista, y le expresaba a Franco su preocupación por la nula rapidez en la restauración monárquica. Franco es esta carta le deja claro a Alfonso XIII, que difícilmente llegaría a desempeñar un papel en el futuro del país, después de los errores cometidos en su reinado.

Cuando acabó la guerra y al no restaurarse la monarquía, Alfonso XIII declaró “Elegí a Franco cuando no era nadie. El me ha traicionado y engañado a cada paso”.

El quince de enero de 1941, Alfonso XIII renuncia a la jefatura de la Casa Real a favor de su hijo Juan. El Rey muere, el 28 de febrero de 1941, como consecuencia de una angina de pecho, cuando se encontraba en el Gran Hotel de Roma. Fue enterrado en la iglesia romana de Santa María de Montserrat de los Españoles. Sus restos son trasladados a España el 19 de enero de 1980, siendo depositados en el panteón Real del Monasterio del Escorial por orden de su nieto el rey Juan Carlos I.

BIBLIOGRAFIA

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Tussell, Javier, García Queipo de Llano, Genoveva. “Alfonso XIII: el rey polémico”. Taurus. Madrid. 2001.


Primo de Rivera y el rey Alfonso XIII







viernes, 16 de enero de 2015

855.- Rentabilizar el terror y la sangre


Rentabilizar el terror y la sangre

16 ene 2015

Francisco Roda
Profesor del departamento de Trabajo Social de la Universidad Publica de Navarra


Quizás, para Rajoy no hay mayor peligro que la debilitación acelerada del recuerdo de ETA. Y es que para el PP,  ETA no ha muerto. Por eso le urge resucitarla de entre los peores fantasmas de la historia. Porque fue y es el pecado del que comen aún caliente muchos de sus políticos en nómina y plantilla. A Rajoy, ese gallego oportunista que no distingue el día de la noche,  ni tampoco la verdad de la mentira porque tras los cristales negros de su coche oficial no se ve la realidad;   le ha venido de perlas el atentado de París. Su doble fondo moral funciona así: que su mano derecha, la habitual, no sepa que hace la izquierda. Que nadie sepa  que cuando pide perdón por “esas cosas” en realidad se está riendo por dentro.

Rajoy todavía se acuerda de los atentados del 11M en Atocha.  Por aquel entonces era Secretario General del PP  y junto al ministro del Interior, Ángel Acebes, apostaron por la explotación sistemática de una mentira muy evidente pero de larga rentabilidad.  Dicen que eso se llama prevaricar, mentir a sabiendas, algo que él y otros de su gobierno usan y abusan  en beneficio propio y ajeno. Y así culparon a ETA del atentando terrorista cuando sabían que no lo fue. Y esa culpabilización fue gestionada como elemento crucial para la rentabilización del principal negocio teñido de sangre de toda la historia de España, el terrorismo de ETA. Aquella mentira la pagó muy cara el PP perdiendo las elecciones de 2004 tras los atentados. Pero aún así, ello no fue obstáculo para seguir explotando, desde la oposición,   un activo con garantías de alta rentabilidad electoral y política. A ello contribuyó la propia ETA y parte de la izquierda abertzale justificando un estado de cosas insostenible. Pero cuando ETA decidió dejar de tirar de gatillo, el negocio emocional y político de la sangre y el dolor entraron en crisis. Por eso había que renovar el arsenal ideológico. Y donde antes decía ETA, ahora otras ideas fuerza y elementos simbólicos la han sustituido: la inmigración, la seguridad, la deuda como elemento disciplinador, la subjetivización de las conductas, la escasez de bienestar, la culpabilización y la responsabilidad en la gestión de la propia vida  o  la lucha de clases horizontal,  son utilizados como mecanismos de control de la ciudadanía. Y por consiguiente se establecen dispositivos ideológicos de dominación  muy relacionados con la manipulación a través de grandes ideas fuerza y su gestión comunicacional.

El atentado de París llegó  en un momento  en que  Europa necesitaba una urgente revitalización ideológica, un revulsivo emocional en un contexto en que las emociones son arte y parte del control social. Más aún, una coartada  convincente que además funcionara como elemento galvanizador de la ciudadanía frente a los devastadores efectos de la crisis y la progresiva degradación de la  política, la confianza social en el Estado y la caída en picado de los valores que un día sirvieron para levantar el rascacielos europeo. El atentado, más allá de su injustificable hecho, ha posibilitado a los principales gobiernos europeos, entre ellos el del  PP, reorientar sus discursos disciplinarios y articular nuevas exigencias legislativas de claro corte populista y fascismocrático. Amén de los elementos neocolonialistas que han emergido en la gestión de esa gran manifestación de reafirmación europea de Paris. A este festín de nuevas oportunidades estratégicas,  se ha apuntado de manera inmediata el gobierno de Mariano Rajoy que ha rentabilizado el atentado aunque éste no haya ocurrido en España. Por un lado le ha permitido sumarse a escenarios europeos en un momento de clara degradación de la marca España. Por otro, Rajoy y el gobierno del PP necesitaban un desfibrilador político de urgencia para reanimarse frente a  un estado de excitación y de crispación social  que amenazaba y amenaza –según muestran  todas las encuestas de intención de votos recientes-  con romper el   bipartidismo hegemónico de los últimos años. Esa manifestación ha permitido a Rajoy presumir de gobierno fuerte  frente a un escenario de clara involución de su propia marca mientras Podemos amenaza seriamente la hegemonía del PP, un movimiento que se tilda y al que se le acusa por la derecha y por la izquierda de  “estado de ánimo” pero que constituye un auténtico revulsivo del escenario político y social del reino de España. Y finalmente, quizás ese pacto de Estado en materia de terrorismo yihadista al que han llegado recientemente  el PP y PSOE sea el primer paso para  la creación de una UTE (Unión Temporal de Empresas) que permita optimizar su fusión ante la amenaza de Podemos.

Asimismo este atentado posibilita a Rajoy reorientar y justificar  –aunque sea de manera indirecta- su política disciplinaria y de control social y político de corte fascista. En  nombre de la libertad de expresión, Rajoy se ha manifestado en París pero no puede olvidar toda una larga serie de medidas jurídicas que su gobierno ha implementado y que dejan al descubierto un estado social  de excepción encubierto. Un ejemplo es la aprobación de la Ley de Seguridad Ciudadana en la que se incluyen medidas que afectarán seriamente a la libertad de expresión de de la ciudadanía y también a la población inmigrante. Uno no entiende cómo este hombre soportó el peso de la conciencia en esa manifestación sin que se le moviera el músculo de la vergüenza. Pero en París la limpió de la mano de no pocos tramposos. Y es que el cinismo de la soledad extrema es un calvario que la insolencia atenúa (Cioran)

Rajoy necesitaba una coartada para justificar esa vuelta de tuerca a la judicialización de la vida privada y pública. Ese proyecto en el que el PP ha invertido tanto tiempo y energías. Y esa coartada ha sido puesta en bandeja por el yihadismo terrorista, el mismo que en 2004 quiso utilizar a su favor para rentabilizar sus políticas y sus estrategias de poder. Por eso, a falta de un terrorismo activo de corte yihadista en el reino de España, Rajoy ha desempolvado el misterio de ETA para volver a escenificar el acoso virtual de un terror también virtual, el de una  banda desaparecida, ETA. El pasado día 12 de enero se detuvieron a 16 ciudadanos, doce de ellos abogados, en varias ciudades del País Vasco acusados de colaborar con banda armada y delitos contra la Hacienda Publica. Y esto ocurría después de la manifestación a favor del “acercamiento de los presos vascos” en Bilbao el pasado 10 de enero. Ocurría  también  unas horas antes del “macrojuicio de 35 personas acusadas de formar parte de la izquierda abertzale en los años 2005-2007”. Esta operación, posiblemente en un claro arranque  de imitación al estilo francés, ocurría  en un escenario político en el que se están abordando estrategias proactivas para  posibilitar a la ciudadanía del  País Vasco un camino de convivencia en el que la esperanza sea algo más que un deseo virtual. “Si no fuera porque estamos ya en campaña, pues no recelaríamos, no nos olería a chamusquina”, subraya el veterano periodista Iñaki Gabilondo”

Quizá esto explica que Rajoy no quiera irse sin hacer una muesca en el universo. Su práctica política recuerda mucho a una frase del moralista francés Rochefoucauld: “Para llegar lejos en este mundo,  hay que hacer como si ya se hubiera llegado lejos”. No obstante también  hay quien dice que la ambición es el estiércol de la gloria.






Los atentados de París y el brutal doble rasero

Luis Matías López
16 ene 2015

Un cazabombardero (¿israelí, norteamericano, francés?) lanza una bomba sobre un territorio indefinido (¿Siria, Irak, Palestina, Afganistán, Pakistán?). Una mujer musulmana con un bebé en brazos la ve caer y piensa: “Yo también soy Charlie”. La viñeta de Eneko en 20minutos ilustra cómo pocas la forma en que Occidente se mira al ombligo ante injustificables actos de barbarie como los de hace unos días en París. De repente, la sociedad ilustrada, laica y opulenta se ve vulnerable. Descubre, como en España tras el 11-M, que el terrorismo es un peligro cercano, inmediato, el reflejo de injusticias y conflictos que causan centenares de miles de muertos pero que nos dejan indiferentes cuando vemos el telediario porque ocurren lejos de casa.

Doble rasero brutal, el mismo con el que se contaban las víctimas norteamericanas y vietnamitas en la guerra de Indochina: 17 franceses en París valen más que miles de iraquíes, libios, nigerianos, sirios, palestinos, paquistaníes o afganos. No es un reproche a los demás. Lo es en primer término a mí mismo, y quizás por ello escribo esta columna.

Franceses, españoles o alemanes sienten como propias las muertes de los humoristas de la revista satírica o de los rehenes judíos del supermercado kosher. Lo toman (lo tomamos) como un ataque a la tolerancia, a la sociedad multicultural, a unos valores republicanos consustanciales con el Estado francés y a los que, desde la soberbia, se atribuye una clara superioridad moral.

La gente se echa a la calle por millones para expresar su repulsa al terrorismo sectario mientras los dirigentes planean en caliente medidas urgentes para contener la amenaza yihadista. Es decir: lo que nunca debería hacerse, la vía que siguió Bush tras el 11-S con la Patriot Act y que dio lugar a atroces abusos que han manchado para siempre las ya por entonces exiguas reservas morales del sistema político y social norteamericano.

Los políticos, sobre todo los franceses, intentan pescar en río revuelto. Rajoy aprovecha para promover nuevas leyes que aumenten el control sobre los ciudadanos, a ser posible con aval de la UE, donde el Europarlamento se resiste aún a dejarse arrastrar por la corriente del momento. El blando Hollande resurge algo de sus cenizas gracias a la dureza mostrada durante la crisis. El enérgico Valls declara que Francia está en guerra y que se va a ganar, cueste lo que cueste. Sarkozy con la boca pequeña y Le Pen a tumba abierta buscan votos reaccionarios y advierten de los peligros de la inmigración, como si los asesinos de París hubieran sido infiltrados desde el exterior y no ciudadanos franceses nacidos en Francia.

Filósofos, políticos, politólogos, académicos y analistas de diversa condición reflexionan sobre sobre las fronteras entre libertad y seguridad, el éxito o el fracaso –relativo en ambos casos- del proceso de asimilación de más de cinco millones de musulmanes en una sociedad cuyos cimientos y estructura son laicos. Y también sobre las causas del antisemitismo que, al igual que la islamofobia, está a flor de piel en el país; de que se produzcan anualmente cerca de 4.000 conversiones al islam y más de 1.000 franceses engrosen ya las filas del Estado Islámico; sobre el reclutamiento de yihadistas en Internet y las redes sociales; sobre la desigualdad, la precariedad y el desempleo como caldo de cultivo de un nihilismo existencial que lleva a muchos jóvenes musulmanes a buscar un sentido a su vida en una cruzada a la inversa.

Netanyahu desfila en primera línea de la gran manifestación de París contra el terrorismo, como si el hecho de que cuatro de las víctimas de los atentados fueran judíos le protegiera de las acusaciones de emplear métodos no menos terroristas (eso sí, decididos por un Gobierno reconocido por Europa) contra los palestinos, como en la última ofensiva en Gaza: 2.200 muertos, la mayoría civiles inocentes. Y con algo que, desde algún punto de vista podría verse como una provocación, o la revelación de una verdad sustancial: el ofrecimiento –aceptado- a los familiares de los asesinados en el ataque al supermercado de enterrarles en Israel, como si prevaleciese su condición de hebreos sobre la de franceses.

El doble rasero está en el origen de que el mundo de hoy se perciba como menos seguro que el de la Guerra Fría, cuando el miedo a la Destrucción Mutua Asegurada (MAD) en caso de conflicto atómico entre las dos grandes superpotencias ejercía un poderoso aunque inquietante efecto estabilizador. Hoy se habla de la “amenaza terrorista” desde un único punto de vista: el de los occidentales que ven amenazada su forma de vida, la libertad de movimientos que, por ejemplo, permitía a algunos de ellos –la élite- expatriarse con comodidades de hotel de cinco estrellas al servicio de grandes compañías multinacionales que explotaban los recursos del Tercer Mundo.

En otro orden de cosas, esa situación hacía posible las expediciones en jeep por el Sáhara, turismo de aventura por la mayoría de los países africanos y de Oriente Próximo o recorrer la ruta de la seda entre Europa y Asia sin otros temores que los derivados de la dificultad de obtener visados y lidiar con la burocracia, la mecánica del todoterreno o el riesgo de contraer una enfermedad. Esa movilidad se acabó en gran parte del planeta, donde los conflictos posteriores a la caída del Muro de Berlín, resultado con frecuencia de la explotación económica y los designios geoestratégicos de Estados Unidos y otras potencias occidentales, de la exacerbación de las tensiones étnicas y religiosas, y también del creciente odio al blanco asociado con la explotación, han convertido buena parte del planeta en un nido de avispas por el que cada vez resulta más arriesgado desplazarse.

La amenaza terrorista islamista no es sino una manifestación extrema de ese cambio de paradigma. Mientras actuemos como si la vida de un americano, un francés, un israelí o un español valiese cien veces más que la de un nigeriano, un congoleño, un libio, un palestino, un iraquí, un sirio, un afgano o un paquistaní, el peligro de un nuevo y catastrófico choque de civilizaciones no dejará de aumentar. Se sumaría así a la fractura interna que ya provoca en las propias sociedades occidentales la imparable y atroz desigualdad, una frontera que separa a los que más tienen de los que no tienen nada y que, en buena lógica, debería llevar a estos últimos a coligarse para defender sus intereses de forma conjunta, sin que ectoplasmas como la identidad religiosa pudieran impedirlo.