sábado, 25 de enero de 2014

678.- Masacre en la embajada española de Guatemala

Imagen de los cadáveres resultantes del asalto militar




Masacre en la embajada española de Guatemala


"Brutos, retírense, soy el embajador de España"

A 34 años de la sangrienta intervención militar contra la embajada española en Guatemala, 'Público' revela un informe secreto que ofrece detalles sobre este caso, en el que 37 personas fueron quemadas vivas

DANILO ALBIN 25/01/2014 Público.es

"Sáquenlos de ahí a como dé lugar". Aquel 31 de enero de 1980, la orden del general Fernando Romeo Lucas García, por entonces presidente de Guatemala, fue clara y concisa. Sus asesores le acababan de informar que un grupo de indígenas mayas había tomado la embajada española para denunciar el exterminio que sufrían en amplias zonas del país. Fiel a su mano dura, García ni siquiera se acordó de que la delegación diplomática era territorio extranjero y que, por tanto, no podía actuar con el mismo grado de impunidad y salvajismo que su gobierno exhibía en las comunidades campesinas.

El "como dé lugar" dio paso a un brutal operativo militar que se saldó con la muerte de 37 personas. A pocos días de que se cumplan 34 años de ese terrible episodio, Público ha tenido acceso a un documento secreto sobre la intervención militar en la representación española. Se trata de un informe elaborado por el entonces embajador de la dictadura argentina en Guatemala, Roberto Tiscornia, un diplomático que se dedicó a reunir distintos testimonios sobre lo ocurrido. Este documento aún no ha sido desclasificado por el Gobierno argentino, que lo mantiene guardado -y completamente olvidado- en una vieja y húmeda oficina del ministerio de Relaciones Exteriores.


Detalle del informe sobre el asalto a la embajada española.
Detalle del informe sobre el asalto a la embajada española.
El informe fue elaborado por el entonces embajador de la dictadura argentina en Guatemala


Tal como relatan estos amarillentos papeles, todo comenzó en torno a las 11.00 de la mañana del jueves 31 de enero. El embajador Máximo Cajal acababa de recibir en su despacho a una delegación compuesta por el ex vicepresidente guatemalteco Eduardo Cáceres Lenhoff, el ex canciller Adolfo Molina Orante y el profesor universitario Mario Aguirre Godoy, junto a quienes ultimaba detalles relacionados con un acto académico que se iba a celebrar en Madrid. En medio de la reunión, un funcionario le avisó a Cajal que un grupo de campesinos indígenas se encontraba en el interior del edificio.

Alarmado por lo que pudiese ocurrir, el embajador logró comunicarse con el subsecretario de Relaciones Exteriores de Guatemala. De acuerdo a este informe, Cajal le exigió que "las Fuerzas de Seguridad se abstuvieran de intervenir, recibiendo la burocrática respuesta de que lamentaba lo sucedido y que pondría todo ello en conocimiento de la Superioridad". Seguidamente, el diplomático llamó por teléfono al ministro de Exteriores español, Marcelino Oreja, para alertarle sobre la situación que se vivía dentro de la embajada. Minutos después, Oreja contactó con el canciller guatemalteco, el coronel Rafael Castillo Valdés, "requiriéndole que evitara la presencia de fuerzas de seguridad". Sin embargo, nada de ello sirvió para frenar lo que ocurrió a continuación.

"A las 14.30, aproximadamente, el embajador de Venezuela (Jesús Elías Morel) fue testigo de que fuerzas policiales invadieron la misión diplomática española, treparon hasta los balcones y techos y con picos comenzaron a romper vidrios, ventanas y puertas para ingresar en la Cancillería", señala el documento. A partir de ese preciso instante, los hechos se sucedieron de forma vertiginosa. "El embajador español, el ex vicepresidente Cáceres Lenhoff y el ex canciller Molina Orantes, utilizando un megáfono de los ocupantes, pidieron a la Policía -antes de que ingresaran en la cancillería hispana-, que no intervinieran y que se trataría de llegar a una solución pacífica". Amparados por sus jefes, los agentes desoyeron estas súplicas y decidieron continuar adelante con el operativo.

"Varios fueron los policías que manifestaron que procedían obedeciendo órdenes superiores" 
De acuerdo a este informe, los militares y policías que intervinieron cortaron las líneas telefónicas de la embajada, de manera que sus ocupantes quedasen completamente aislados. En ese contexto, Cajal realizó un último y desesperado intento para tratar de impedir la masacre: "Al producirse el ingreso o intrusión policial en los balcones, el embajador español se acercó a una de las ventanas, y a la vez que gritaba ‘brutos, retírense, soy el embajador de España', tuvo por única respuesta un culatazo que uno de los policías le propinó en su mano". Entonces hubo disparos, fuego y un denso humo. El edificio de bandera española había comenzado a arder, y los agentes no harían nada para evitarlo. Al cabo de unos minutos, las llamas habían devorado a quienes se encontraban en el edificio.

Entre los muertos había dos ciudadanos españoles: el funcionario Jaime Ruiz del Árbol y María Teresa de Villa, quien había acudido a la embajada para realizar unos trámites. Otro de los fallecidos fue Vicente Menchú Pérez, padre de la militante indígena que en 1992 se convertiría en Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú Tum. Sólo hubo dos supervivientes: el embajador Máximo Cajal y uno de los indígenas, Gregorio Yujá. Algunas horas más tarde, los policías irrumpieron en el hospital donde ambos estaban internados para llevarse a Yujá. Su cadáver fue abandonado poco después frente a la rectoría de la universidad. Desde ese momento, Cajal -quien actualmente se encuentra retirado de la actividad diplomática- pasó a ser el único testigo directo de la masacre.





"Policías analfabetos"

El documento rescatado por Público destaca que este caso provocó una fuerte indignación entre los representantes diplomáticos acreditados en el país centroamericano. Apenas 24 horas después de la fatídica intervención militar en la oficina española, el nuncio del Vaticano y varios embajadores mantuvieron una discreta reunión con el canciller Castillo Valdés, a quien reclamaron una explicación. En un burdo intento por salvar al régimen, el ministro endilgó toda la responsabilidad a sus subalternos. "Este país, como los señores embajadores bien saben, tiene un elevado número de analfabetos y que las fuerzas policiales, que reconozco que obraron con precipitación, poco o nada saben acerca de la extraterritorialidad de una embajada", argumentó Castillo Valdés ante la atónita mirada de los representantes extranjeros.


El canciller también prometió una "investigación exhaustiva" sobre lo sucedido, algo que nunca ocurrió. Al igual que en otros tantos miles de crímenes cometidos por el régimen del ya fallecido general García, sus autores materiales e intelectuales gozaron de la más absoluta impunidad. "Son concordantes las versiones que los efectivos de seguridad fueron dirigidos por el jefe de Policía, el coronel Germán Chupina Barahona, y que varios fueron los policías que manifestaron que procedían obedeciendo órdenes superiores", subrayaba el informe del diplomático argentino. Tanto Chupina como García murieron sin ser juzgados por este caso. Actualmente, la justicia guatemalteca mantiene un proceso abierto contra un mando intermedio de la Policía del país, Pedro García Arredondo, acusado de haber participado en la masacre. De momento, todos sus compañeros de matanza, desde los que la ordenaron hasta los que la cometieron, continúan a salvo de la justicia.




Matanza en la embajada española de Guatemala


La matanza de la embajada española en Guatemala remite al suceso del incendio y masacre que se produjo en dicho país centroamericano el jueves 31 de enero de 1980.

El motivo fue la movilización en forma de protesta por parte de un grupo de indígenas, secundado por el Comité de Unidad Campesina, la Coordinadora de Pobladores, obreros, cristianos y estudiantes de Secundaria y universitarios miembros del Frente Estudiantil Robin García, organizaciones sociales que tenían influencia del Ejército Guerrillero de los Pobres , con el fin de llamar la atención al mundo sobre las matanzas que cometía el ejército guatemalteco en El Quiché bajo las órdenes del general Fernando Romeo Lucas García, quien ostentó la presidencia del país de 1978 a 1982.

El hecho

«De acuerdo con datos históricos, al filo del mediodía del jueves 31 de enero se reunían en la sede diplomática española el ex vicepresidente de Guatemala, Eduardo Cáceres Lehnhoff, el ex canciller Adolfo Molina Orantes y el jurista Mario Aguirre Godoy con el embajador de ese entonces, Máximo Cajal y López. Los ex funcionarios y el jurista guatemaltecos visitaban al embajador por una celebración próxima del Instituto de Cultura Hispánica, cuando irrumpieron aproximadamente 30 guerrilleros y campesinos que anunciaron que ocuparían la sede diplomática, para solicitar la intervención de la misma en los sucesos del noroccidente del país.»

Las fuerzas de seguridad irrumpieron en el recinto y el saldo fue de 37 fallecidos, incluyendo el cónsul español Jaime Ruiz del Árbol, el ex vicepresidente de Guatemala Eduardo Cáceres, el ex canciller guatemalteco Adolfo Molina y el padre de la Premio Nobel Rigoberta Menchú, Vicente Menchú, uno de los líderes de los indígenas ocupantes. Se salvaron, con graves quemaduras, el Embajador de España y un indígena que fue secuestrado el día después del hospital donde convalecía de sus heridas, torturado y asesinado. Su cuerpo, arrojado frente a la Universidad de San Carlos, tenía un cartel colgado del cuello con la frase "Cajal, comunista, te ocurrirá lo mismo". El gobierno español evacuó al Embajador Máximo Cajal, con la asistencia del cuerpo diplomático en Guatemala y rompió relaciones diplomáticas con el país. Unos meses después fue asesinado de 55 disparos Roberto Mertins Murúa, director del Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica -actual Centro Cultural de España en Guatemala-, que había criticado en Televisión Española la actuación de las autoridades militares en el asalto a la embajada. Durante los siguientes años, sucesivas comisiones de investigación llegaron a la conclusión, aceptada por el gobierno guatemalteco en 1984, de que las víctimas habían muerto por quemaduras producidas por granadas de fósforo blanco, asumiendo que la Policía Nacional de Guatemala era la responsable de lo acaecido y exonerando completamente a los ocupantes de cualquier responsabilidad en el trágico desenlace. No obstante, hasta el día de hoy, medios afines a la ultraderecha militar siguen defendiendo que los ocupantes se autoinmolaron, y acusan en particular al embajador Cajal de connivencia con la guerrilla.

El resultado



Esquela de Roberto Mertins.

El resultado fue el asesinato de 37 personas (dos más en días siguientes) y la ruptura de relaciones diplomáticas entre España y Guatemala que no se volverían a normalizar hasta el 22 de septiembre de 1984 con un tratado firmado en Bogotá, (Colombia). Tan sólo tres personas lograron sobrevivir a la matanza, el embajador Máximo Cajal y López, el abogado Mario Aguirre Godoy y el campesino manifestante Gregorio Yujá, quien logró salvarse cobijándose bajo los cadáveres calcinados de sus compañeros. Yujá fue asesinado en la madrugada del viernes 1 de febrero de 1980. Algunos nombres de los que perecieron son:

Eduardo Cáceres Lehnhoff: ex vicepresidente de Guatemala y miembro del Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica.
Adolfo Molina Orantes: ex canciller (ministro de asuntos exteriores), ex presidente del Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica y miembro de honor del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid (actual AECID).
Jaime Ruíz del Árbol: cónsul español y otros dos españoles; Luis Felipe Sanz y María Teresa Vázquez.

Los otros muertos en la embajada fueron los indígenas: 

Vicente Menchú, María Ramírez Anay, María Ramírez Anay (hermana), Gaspar Viví, Mateo Sic Chen, Regina Pol Juy, Juan Tomás Lux, María Pinula Lux, Juan Us Chic, Gabina Morán Chupé, Josè Angel Xona Gòmez, Mateo Sis, Juan Chic Hernández, Juan López Yac, Francisco Tum Castro, Mateo López Calvo, Juan José Yos, Salomón Tavico Zapeta, Francisco Chen Tecú, Felipe Antonio García Rac, Trinidad Gómez Hernández, Luis Antonio Ramírez Paz, Edgar Rodolfo Negreros, Leopoldo Pineda, Sonia Magali Welches Valdez. Posteriormente fue asesinado el Gregorio Yujà Xona, único sobreviviente. Y el día del entierro fueron asesinados Gustavo Adolfo Hernàndez y Jesús España.

En septiembre del mismo año, el Dr. Roberto Mertins Murúa, profesor en la Universidad Rafael Landívar y director del Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica - CCE/G fue asesinado tras haber condenado públicamente en Televisión Española este suceso.







viernes, 24 de enero de 2014

677.- ‘Mi lucha’, de Adolf Hitler, volverá a publicarse en Alemania



‘Mi lucha’, de Adolf Hitler, volverá a publicarse en Alemania

El Instituto de Historia Contemporánea de Múnich editará una nueva edición comentada del libro de Hitler
El gobierno de Baviera amenazó en diciembre con parar el proyecto

ENRIQUE MÜLLER Berlín 23 ENE 2014 - ElPaís

El banquillo de los acusados en el juicio que se celebró el 15 de octubre de 1948 en Múnich estaba vacío y tampoco había un abogado que defendiera al acusado ausente, una contrariedad que no irritó a nadie en la sala por una razón de sentido común. El acusado, Adolf Hitler, se había suicidado con una pistola Walther calibre 7,65 milímetros, el 30 de abril de 1945, en la soledad de su búnker en Berlín.

El proceso fue breve y la decisión de la Corte otorgó al ministerio de Finanzas de Baviera un título legal inédito. Ese día, el juez señaló que no era necesario mencionar las razones para declarar culpable al ex dictador y sentenció que todos sus bienes en Baviera, incluidos los derechos de autor de un libro escrito por Hitler, debían ser confiscados y pasar a manos de la administración bávara.

La sentencia convirtió al ministerio de Finanzas, en el propietario de los derechos de autor del libro Mi lucha, que pertenecían a la editorial del partido nazi, Franz Eher, Pero el regalo de la justicia no enriqueció las arcas, en ese entonces, casi vacías del estado bávaro. La sentencia obligó a las autoridades del ministerio a llevar a cabo una solitaria cruzada para impedir que la obra magna del Führer volviera a ser editada en el planeta tierra.

Pero la cruzada bávara estuvo condicionada por un problema legal. Los derechos de autor de Mi lucha caducan el 31 de diciembre de 2015, una fecha que hará posible que el libro entre en el dominio público y pueda volver a ser imprimido. Para evitar nuevas ediciones financiadas por partidos de extrema derecha en Alemania, el Instituto de Historia Contemporánea de Múnich logró obtener, en 2012, un permiso del gobierno bávaro para publicar una ambiciosa edición comentada del libro maldito.

El ambicioso proyecto estuvo a punto de fracasar en diciembre del año pasado cuando la jefa del gabinete bávaro, Christine Haderthauer, anunció que el Gobierno seguiría impidiendo la publicación del famoso libro, aun después de que expiren los derechos de autor. “Nuestra posición es que hay que detener también el proyecto del Instituto, porque no es tarea del estado difundir propaganda nazi”, dijo la jefa del gabinete bávaro.

Pero el rigor de las decisiones políticas del gobierno bávaro, son impredecibles y el miércoles pasado el ministro de Cultura de Baviera, Ludwig Spaenle anunció, después de un violento debate en el parlamento regional, que Múnich renunciaba a adoptar nuevas medidas legales para impedir el trabajo de reedición de Mi lucha que lleva a cabo el Instituto de Historia Contemporánea.

“No se puede atentar contra la libertad científica”, declaró el ministro bávaro. “El Instituto de Múnich, que tiene a su cargo este proyecto puede publicar una edición bajo su propia responsabilidad”, agregó.

Las declaraciones del político causaron un profundo alivio en la sede del instituto, pero dejaron en el aire un interrogante que solo podrá tener una respuesta a partir del 1 de enero de 2016, cuando una editorial intente sacar a la venta en el país una edición no comentada del libro maldito.

“Ya no habrá más problemas legales para continuar nuestro trabajo y tampoco tendremos que devolver el dinero (500.000 euros) que nos dio el Gobierno para el proyecto”, dijo Simone Paulmilch, portavoz del instituto bávaro, a EL PAÍS. “Aun no conocemos la dimensión de las declaraciones del ministro, pero se puede suponer que tampoco habrá medidas legales en contra de otras publicaciones, aunque las leyes siguen vigentes”, añadió.

Una sentencia de la Corte Suprema germana en 1979 permitió la venta del libro en las tiendas de anticuarios y los sabuesos bávaros tampoco saben cómo impedir la difusión del libro en Internet, donde los nostálgicos de Hitler siguen ofreciendo descargas gratuitas y en varios idiomas del volumen. Pero Baviera sigue utilizando el artículo 130 del Código Penal que castiga con penas de cárcel la incitación al odio racial y prohíbe escritos que, como Mein kampf, puedan ser utilizados como propaganda para difundir los ideales del nacionalsocialismo.

Adolf Hitler comenzó a escribir su libro en 1924 cuando cumplía una condena de cárcel en la prisión de Landsberg y escribió las últimas páginas en Obersalzberg, un idílico lugar en los Alpes bávaros donde el dictador poseía una casa. La primera edición del primer volumen del libro vio la luz en julio de 1925 y el segundo volumen se publicó en diciembre de 1926.






Baviera lucha contra ‘Mi lucha’

El estado federado anuncia que mantendrá la prohibición de editar el libro de Hitler, a pesar de que sus derechos quedarán libres en diciembre de 2015

ENRIQUE MÜLLER Berlín 12 DIC 2013 ElPaís

Alemania y el ministerio de Finanzas del estado de Baviera tienen un problema. Un problema que se originó cuando un pintor frustrado decidió convertirse en dictador. En dictador y en autor de un libro maldito que sigue causando dolores de cabeza a los funcionarios de ese ministerio de Finanzas bávaro. El motivo: una sentencia que se dictó en Múnich en 1948 para castigar la memoria del funesto Führer. El 15 de octubre de ese año, el juez señaló que no era necesario mencionar las razones para declarar culpable al ex dictador y sentenció que todos sus bienes en Baviera, incluidos los derechos de autor de su libro, debían ser confiscados y pasar a manos de la administración bávara.

La sentencia convirtió al ministerio en propietario de los derechos de autor de Mein Kampf (Mi lucha), que pertenecían a la editorial del Partido Nazi, Franz Eher, y obligó a los funcionarios ministeriales a llevar a cabo una cruzada para impedir que la obra de Hitler volviera a ser editada en el planeta tierra. Una tarea que volvió a cobrar actualidad el martes pasado a causa de una decisión por sorpresa del gobierno bávaro, que aplastó un largo y exhaustivo trabajo de investigación que está llevando a cabo el prestigioso Instituto de Historia Contemporánea de Múnich.

Los derechos de autor de Mi lucha caducan el 31 de diciembre de 2015, una fecha que hará posible que el libro entre en el dominio público y pueda volver a ser imprimido. Para evitar nuevas ediciones financiadas por partidos de extrema derecha en Alemania, el Instituto muniqués logró obtener, en 2012, un permiso del gobierno bávaro para publicar una ambiciosa edición comentada del libro maldito.

Odioso legado

Adolf Hitler escribió su libro Mein Kampf en 1924, como una combinación de ingredientes autobiográficos y exposición de las ideas propias de la ideología nacionalsocialista.
Cuando Hitler llegó al poder en 1933, las cifras de difusión del libro se dispararon hasta alcanzar el millón de copias.
Al término de la II Guerra Mundial, la difusión del libro en Alemania superaba los 10 millones de copias.
En 1948, una sentencia judicial decidió que los derechos de autor del libro pasaban a manos del estado de Baviera.
“Tenemos que confrontarnos a ese libro, que tiene que ser desmitificado”, dijo el ministro de Finanzas de Baviera, Markus Söder, cuando anunció que el gobierno había destinado 500.000 euros a las arcas del Instituto. Pero el rigor de las decisiones políticas, en especial en el gobierno bávaro, es impredecible. Y el martes, la jefa del gabinete bávaro, Christine Haderthauer, anunció que el gobierno seguirá impidiendo la publicación del famoso libro, aun después de que expiren los derechos de autor.

La medida también afecta al ambicioso proyecto del Instituto de Historia Contemporánea, que no podrá editar el trabajo que lleva realizando desde hace varios años y en el que trabajan cinco historiadores. “Nuestra posición es que hay que detener también el proyecto del Instituto, porque no es tarea del estado difundir propaganda nazi”, añadió la jefa del gabinete bávaro.

“No hemos recibido ninguna información del gobierno bávaro y el anuncio nos sorprendió a todos”, dijo Simone Paulmichl, portavoz del Instituto, a EL PAÍS. “Aún sigue pendiente lo que pasará con los derechos de autor después del 31 de diciembre de 2015 y tampoco nadie sabe qué mecanismos legales utilizará el gobierno bávaro para impedir la venta del libro en Alemania”, añadió.

La cruzada bávara para impedir la difusión del libro escrito por Hitler en 1924 ha tenido éxito en la mayoría de los países europeos, pero los sabuesos no pueden actuar en Estados Unidos ni en Reino Unido a causa de una medida legal. Cuando el libro se convirtió en un éxito en Alemania después de la llegada al poder de Hitler, la editorial Eher vendió los derechos a sendas editoriales en los dos países. Random House, por ejemplo, que ahora es una filial del gigante alemán Bertelsmann, sigue vendiendo unos 3.000 ejemplares de Mi lucha cada año en Reino Unido.Tampoco en Israel está prohibida la difusión de Mi lucha. En Alemania, en cambio, el trabajo de los sabuesos bávaros está reforzado por el párrafo 130 del Código Penal que castiga con penas de cárcel la incitación al odio racial y prohíbe escritos que, como Mein Kampf, puedan ser utilizados como propaganda para difundir los ideales del nacionalsocialismo.

Una sentencia de la Corte Suprema germana en 1979 permitió la venta del libro en las tiendas de anticuarios. Los sabuesos bávaros tampoco saben cómo impedir la difusión del libro en Internet, donde los nostálgicos de Hitler siguen ofreciendo descargas gratuitas y en varios idiomas del volumen. En 1933, año en que Hitler llegó al poder, la difusión de Mi lucha se disparó hasta alcanzar un millón de copias. Al final de la guerra la difusión del libro en Alemania había alcanzado los 10 millones de copias.

martes, 21 de enero de 2014

676.- Torturas y ejecuciones en Siria


Imagen del informe que acusa al régimen sirio de "torturas y asesinatos sistemáticos". / REUTERS-LIVE




Un informe acusa al régimen sirio de “torturas y asesinatos sistemáticos”

11.000 presos han muerto en la cárcel, según un informe publicado por 'The Guardian' y CNN
Tres fiscales internacionales han elaborado el documento con pruebas obtenidas por desertores
Informe en inglés obtenido por 'The Guardian'


A. CARBAJOSA / T. GUALTIERI Madrid 21 ENE 2014 - ElPaís

Nuevas revelaciones que certifican la barbarie de la represión que ejecuta con celo el Ejército sirio han vuelto a nublar los esfuerzos diplomáticos que este miercoles se dan cita en Suiza para buscar uan salida diplomática a la guerra civil que dura ya casi tres años. Un exhaustivo informe jurídico ha acusado al régimen de Damasco de “torturas y asesinatos sistemáticos” a miles de detenidos en Siria. “Lo que tenemos delante es un ejemplo clásico de crímenes contra la humanidad. El Asad se ha convertido en una máquina de matar. Son asesinatos a escala industrial”, sostiene David Crane, uno de los tres juristas que firman el informe y el fiscal que procesó al presidente Charles Taylor de Liberia.

No es la primera vez que se producen acusaciones contra el Gobierno sirio, desde el estallido en 2011 de las revueltas en contra del régimen. Este documento se trata sin embargo, de la prueba documental más completa aportada hasta la fecha sobre las supuestas atrocidades. El informe lo publicaron inicialmente la cadena CNN y el diario The Guardian.

La información procede en su mayoría de un desertor de la policía militar siria, apodado César para proteger su identidad, y que fotografió a miles de cadáveres. Las imágenes de los cuerpos dejan escaso lugar a dudas. Hay cadáveres huesudos, muertos por evidente inanición. Se ven también cuellos marcados por algún tipo de soga que indican muerte por estrangulamiento y torsos con heridas que los investigadores atribuyen a torturas y palizas. En total, los investigadores han tenido acceso a 24.000 imágenes que César y otros sirios consiguieron sacar del país en un lápiz de memoria. Cada cuerpo aparece fotografiado entre cuatro o cinco veces, lo que eleva a 11.000 el número de detenidos muertos, según los cálculos de los investigadores.

El informe fue encargado por el Gobierno de Catar —que apoya la rebelión en contra del régimen de El Asad— a tres exfiscales del Tribunal especial para Sierra Leona y del Tribunal Especial Internacional para la ex Yugoslavia. En total son 31 páginas, que han sido entregadas a la ONU, gobiernos y organizaciones de derechos humanos. El hecho de que el trabajo esté financiado por un país como Catar, con una fuerte implicación en el conflicto no le resta para sus autores ninguna credibilidad. “Trabajamos de manera totalmente independiente y no hemos tenido ningún tipo de presión. Catar sólo nos pidió autentificar el material”, explica Goeffrey Nice, otro de los autores, el exfiscal del caso del expresidente yugoslavo Slobodan Milosevic. Sir Desmond de Silva, exfiscal jefe del tribunal especial para Sierra Leona es el tercer integrante del equipo de investigación. Un experto en imágenes digitales británico certificó la autenticidad de parte de las fotografías.



César, que trabajó 13 años para la policía militar, desertó a un tercer país y se entrevistó el pasado enero con los investigadores. Les detalló el elaborado procedimiento burocrático que ejecuta el Ejército cada vez que muere un detenido. César era el encargado de fotografiar los cuerpos. Por un lado, porque eso les permitía a los militares emitir un certificado de defunción sin que las familias accedan a los cuerpos. Y por otro, fotografiaban, porque las imágenes confirmaban que las órdenes de ejecuciones se habían cumplido. Tras morir en el centro de detención, los cuerpos eran trasladados a un hospital militar. Allí, César, junto a un doctor y a un jurista comenzaban su trabajo. El informante indicó que hubo días en los que fotografió hasta 50 cadáveres. Las causas oficiales de la muerte eran normalmente “ataques cardiacos” o “problemas respiratorios”. La gran mayoría de los cuerpos son de hombres jóvenes y aparecen desnutridos.

A cada detenido se le adjudicaba un número de referencia relacionado con el servicio de seguridad responsable de la detención y muerte. Ya en el hospital, se les atribuía otro número para falsear una defunción en el hospital. Una vez fotografiados, los cuerpos se enterraban en zonas rurales.

Los investigadores concluyen que las supuestas pruebas aportadas podrían sustentar acusaciones de crímenes de guerra y contra la humanidad.




viernes, 17 de enero de 2014

675.- Diez himnos contra la guerra del Vietnam medio siglo después



Diez himnos contra la guerra del Vietnam medio siglo después


El rock con causa nació con la protesta por la guerra en Indochina. Y dejó canciones inolvidables

RICARDO DE QUEROL 16 ENE 2014 

Hasta entonces, las estrellas del rock no podían tener ideología. Cuando se produjo la explosión de la música popular como fenómeno de masas en los años 50, el compromiso de los músicos era algo inapropiado, un problema, algo que la industria musical quería ocultar a toda costa. Si acaso se permitían actitudes patrióticas, como que Elvis Presley se alistara en el Ejército, cosa que hizo en 1958. En esos años en que las nuevas figuras impulsadas por la radio y la televisión se dirigían a las grandes audiencias, los gestores no querían encasillarlas en propuestas de las que dividen a la hinchada. Pero esa premisa saltó por los aires hace ahora medio siglo.

El rock con causa se forjó en las protestas contra la guerra del Vietnam, un conflicto que duró 20 años (de 1955 a 1975) y en el que EE UU se implicó más a fondo a partir de 1964. Fue la primera guerra contada al detalle, también en televisión, por reporteros desplazados al terreno: las filas de ataúdes de combatientes y las imágenes de aldeas campesinas achicharradas con napalm impactaron a la opinión pública occidental. La protesta, tímida en los primeros años de esa década, estalló con una fuerza sin precedentes en la segunda mitad de la mano del movimiento hippy, que encontró así una bandera.

Ese activismo ciudadano y artístico no respondía solo a Vietnam: la guerra fría se vivía como el preludio de una guerra caliente que sería devastadora para el mundo, fantasma que durante la crisis de los misiles en Cuba, en 1962, se vio demasiado cerca. Después ha habido música comprometida con muchas otras causas: el desastre de Bangladesh, la lucha contra el apartheid en Suráfrica, el fin de la energía nuclear, el hambre, los derechos humanos y hasta el cambio climático. Pero nunca como hace 50 años se pensó que la música podía no solo parar una guerra sino empezar a cambiar el mundo. Repasamos aquí diez canciones de muy distintos músicos o grupos que se mojaron en aquellos agitados años.



Peter Seeger


Where have all the flowers gone (Peter Seeger). Uno de los pioneros de la canción protesta escribió esta sencilla pero redonda letra en 1955, cuando estaba bajo el foco del macarthismo, pero no la editó hasta 1964. Se convirtió en un referente y la interpretaron muchos otros artistas: Peter, Paul & Mary, Joan Baez, Johnny Rivers e incluso Marlene Dietrich. El compositor insistió en el asunto bélico de forma más explícita cuando escribió Bring them home pidiendo el regreso de los soldados.

Where have all the flowers gone? Young girls have picked them everyone 
Where have all the young girls gone? Gone for husbands everyone 
Where have all the husbands gone? Gone for soldiers everyone 
Where have all the soldiers gone? Gone to graveyards, everyone 
Where have all the graveyards gone? Gone to flowers, everyone

¿Adónde se han ido todas las flores? Las chicas las han recogido, todas
¿Adónde se han ido todas las chicas? Se han ido a por marido, todas
¿Adónde se han ido todos los maridos? A hacerse soldados, todos
¿Adónde se han ido los soldados? A los cementerios, todos
¿Adónde se han ido los cementerios? A las flores, todos



Bob Dylan

Masters of war (Bob Dylan). Desde el principio de su carrera, el cantautor de Minnesota fue uno de los impulsores de un cambio de actitud del artista ante la realidad. Su segundo y asombroso álbum The freewheelin', de 1963, incluye distintos textos con ideas pacifistas, por ejemplo su célebre Blowing in the wind, pero elegimos este tema por su letra muy contundente.

Come you masters of war. You that build all the guns
You that build the death planes. You that build all the bombs
You that hide behind walls. You that hide behind desks
I just want you to know I can see through your masks

Vamos, señores de la guerra. Vosotros que construís todas las armas.
Vosotros que construís los aviones de la muerte. Vosotros que hacéis todas las bombas. Vosotros que os escondéis entre muros, vosotros que os escondéis detrás de mesas
solo quiero que sepáis que veo a través de vuestras máscaras



P. F. Sloan

Eve of destruction (P. F. Sloan). Una letra apocalíptica, en la que se describe el desastre bélico entre alusiones a China, Palestina y a la lucha contra la segregación racial, dio gran notoriedad a este tema compuesto en 1965 por un autor de éxitos que la ofreció a distintas bandas. La versión más popular fue la del cantante Barry McGuire, que saltó así a la fama algunos años antes de convertirse en un "cristiano renacido" y renegar de ese texto durante décadas. Hace poco ha vuelto a cantarlo cambiando algunas frases que hoy le incomodan.

The eastern world it is explodin', violence flarin', bullets loadin'.
You're old enough to kill but not for votin'.
You don't believe in war, what's that gun you're totin'.
And even the Jordan river has bodies floatin’,
But you tell me over and over and over again, my friend,
ah, you don’t believe we’re on the eve of destruction

El mundo oriental está explotando, la violencia ardiendo, las balas cargándose.
Tienes la edad para matar, pero no para votar.
No crees en la guerra, pero qué es el arma que portas.
Y hasta el río Jordán llegan cuerpos flotantes,
pero me dices una y otra vez, mi amigo,
que no estamos en la víspera de la destrucción



Simon & Gartfunkel

Scarborough fair / Canticle (Simon & Gartfunkel). El muy popular dúo de folk adaptó un tema tradicional inglés sobre el amor en una feria rural introduciendo una segunda letra, paralela, que habla de la guerra y de la muerte, marcando un perturbador contraste. Aparece en el álbum de 1966 Parsely, sage, rosemary and thyme y en la banda sonora de El graduado (1967).

Tell her to reap it in a sickle of leather
(War bellows, blazing in scarlet battalions)
Parsely, sage, rosemary and thyme
(Generals order their soldiers to kill)
And to gather it all in a bunch of heather
(And to fight for a cause they've long ago forgotten)
Then she'll be a true love of mine

Dile que recoja la cosecha en una hoz de cuero
(Fuelles de guerra, ardiendo en batallones escarlata)
Perejil, salvia, romero y tomillo
(Los generales dan la orden a sus soldados de matar)
Y para reunir a todos en un manojo de brezo
(Y de luchar por una causa que habían olvidado hace mucho tiempo)
Entonces ella será mi amor verdadero



John Lennon


Give peace a chance (John Lennon). Toda lista de canciones pacifistas tendría que incluir varias de John Lennon, desde Imagine, la más utópica de la historia, a Merry Christmas (War is over). El más inquieto de los Beatles había afilado su perfil de activista desde que se unió con Yoko Ono. En marzo de 1969, durante su luna de miel, decidieron lanzar su mensaje al mundo pasando una semana en la cama y en pijama, atendiendo a periodistas e invitados, en un hotel de Ámsterdam. En mayo repetirían la misma escena durante otra semana en Montreal, y fue allí donde grabaron este tema, casi improvisado, con la gente que les rodeaba.

Everybody's talking about revolution, evolution, masturbation,
flagellation, regulation, integrations, meditations, United Nations...
Congratulations.
All we are saying is give peace a chance

Todos hablan de revolución, evolución, masturbación,
flagelación, regulación, integración, meditación, Naciones Unidas...
Felicidades.
Todo lo que decimos es: dad una oportunidad a la paz



The Doors


Unknown soldier (The Doors). La letra más antibelicista que escribió Jim Morrison, el hijo de un almirante que sirvió en el frente del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial, es la de este tema incluido en su tercer álbum, Waiting for the Sun, de 1968. En el vídeo aparece el propio Morrison siendo fusilado.

Wait until the war is over
And we're both a little older
The unknown soldier
Breakfast where the news is read
Television children fed
Unborn living, living, dead
Bullet strikes the helmet's head
And it's all over
For the unknown soldier

Espera a que termine la guerra
y los dos seamos un poco más viejos
El soldado desconocido
El desayuno en que las noticias son leídas
Los niños-televisión se alimentan
Vivos sin nacer, vivos, muertos
Balas contra la cabeza en el casco
Y todo ha terminado
para el soldado desconocido



Black Sabbath

War pigs (Black Sabbath). La banda inglesa que lideraba Ozzy Osbourne, pionera del heavy metal en los últimos años 60, no se mordió la lengua en su denuncia de la guerra y de quienes la promueven. El tema está incluido en su más conocido álbum, que se acabó llamando Paranoid, de 1970, porque la discográfica no se atrevió a titularlo con lo de los cerdos de la guerra.

Politicians hide themselves away. They only started the war
Why should they go out to fight? They leave that role to the poor, yeah

Los políticos se esconden. Ellos solo empezaron la guerra,
¿Por qué iban a salir a luchar? Ese papel lo dejan para los pobres, sí





Normal Whitfield & Barrett Strong

War (Normal Whitfield & Barrett Strong). El éxito de esta poderosa canción, un grito rabioso contra la guerra que se incluyó en un álbum de The Temptations de 1969, sorprendió a la Motown y a la propia banda, temerosa de irritar al público conservador. Así que a la hora de editar la canción en single se puso en manos del solista Edwin Starr, que hizo una interpretación emocionante. Fue su mayor éxito y ha sido versionada, entre otros, por Bruce Springsteen o Frankie Goes to Hollywood.

War, huh, good God. What is it good for?
Absolutely nothing. Listen to me
Oh, war, I despise because it means destruction
of innocent lives
War means tears to thousands of mothers eyes
When their sons go to fight and lose their lives

La guerra, eh, Dios, ¿para qué es buena?
Para absolutamente nada, escúchame
Aborrezco la guerra porque significa destrucción
de vidas inocentes.
La guerra significa lágrimas en los ojos de miles de madres
cuyos hijos van a luchar y perder sus vidas



Marvin Gaye

What's going on (Marvin Gaye). El recordado cantante de soul, una de las grandes figuras de la Motown, lanzó en 1971 el álbum y la canción que se convirtió en una de las más representativas de su carrera. En ella muestra su horror por la guerra, se pregunta si triunfará el amor y llega a decir: "¿quien va a juzgarme por llevar el pelo largo?".

Mother, mother. There's too many of you crying
Brother, brother, brother. There's far too many of you dying
You know we've got to find a way to bring some lovin' here today

Madre, madre, hay demasiadas como tú llorando
Hermano, hermano, hermano, hay demasiados como tú muriendo
Sabes que encontraremos la forma de traer un poco de amor aquí y ahora



MacDermot, Rado y Ragni

The flesh failures / Let the sunshine in (MacDermot, Rado y Ragni). El musical Hair, entrenado en 1967 en Nueva York y todavía en cartel en muchas ciudades, es una de las obras imprescindibles para entender la mentalidad hippy, muy idealista, con un punto naíf. Cuenta las últimas horas de un soldado antes de partir a Vietnam, que pasará en Central Park con un grupo de melenudos. Fue llevada al cine mucho después, en 1979. La última escena de la película (es el final, sí, no pinche este vídeo si tiene pendiente verla) refleja las multitudinarias manifestaciones contra la guerra mientras suena esta canción de letra enigmática y el coro insiste una y otra vez en el mensaje: "Dejad que entre la luz del sol".

We starve, look at one another short of breath
Walking proudly in our winter coats
Wearing smells from laboratories
Facing a dying nation of moving paper fantasy
Listening for the new told lies
With supreme visions of lonely tunes

Muertos de hambre, nos miramos ansiosos, conteniendo el aliento
Caminando orgullosos en nuestros abrigos de invierno
Llevando olores de laboratorio
Viendo una nación que se muere de móviles fantasías de papel
Escuchando las nuevas mentiras que dicen
Con visiones supremas de soledad


jueves, 16 de enero de 2014

674.- Catorce herencias que cambiaron el mundo

La agricultura en Francia durante la Gran Guerra recayó sobre las mujeres. / CORBIS

Catorce herencias que cambiaron el mundo

El mundo cambió radicalmente después de la Gran Guerra. Cayeron los valores tradicionales y aparecieron movimientos alternativos como el pacifismo o el feminismo. Se desarrollaron las las armas químicas y la cirugía estética. Cuatro imperios desaparecieron para dar lugar a las grandes transformaciones europeas


16 ENE 2014 - ElPaís



1. La guerra se vuelve tecnológica

La guerra que tenía que servir para acabar con todas las guerras fue en realidad el comienzo de todos los conflictos modernos, el arranque de las "tempestades de acero" que describió Ernst Jünger. El historiador Max Hastings lo relata con precisión en su libro 1914. El año de la catástrofe cuando narra cómo los soldados franceses, vestidos con sus colores brillantes, avanzaban hacia el fuego enemigo bajo la música de tambores y clarines. "Las consecuencias fueron evidentes", escribe Hastings. "El 22 de agosto el Ejército francés sufrió bajas en una escala nunca superada por ningún otro ejército en una guerra".

Con la I Guerra Mundial, la revolución técnica llegó a los campos de batalla y cambió para siempre la forma en que se enfrentaban los Ejércitos. La tecnología se convirtió en un elemento esencial en el arte de la guerra. Se podría argumentar que ya lo había sido a lo largo de la historia (¿Se hubiese producido la Conquista de América sin la pólvora? ¿Roma hubiese conquistado el mundo conocido sin la superior organización de sus Ejércitos?); pero nunca fue tan importante y, sobre todo, tan destructiva aunque muchos militares tardaron demasiadas batallas y bajas en reconocerlo. Adam Hochschild describe en su ensayo sobre el conflicto Para acabar con todas las guerras cómo fueron entrando esas novedades en el campo de batalla: el submarino y los bombardeos aéreos de civiles, el carro de combate (pesaba 28 toneladas y avanzaba a tres kilómetros por hora), los ataques con gases tóxicos… Pero, por encima de todo, la innovación más importante fueron las alambradas de espino, el arma definitiva y también la más sencilla, que permitió que la guerra se estancase en las trincheras.

Douglas Haig, el discutido jefe de las fuerzas británicas en Francia, escribió con indudable lucidez al final del conflicto: "Algunos entusiastas de ahora profetizan que el avión, el carro de combate y el automóvil reemplazarán al caballo en las guerras del futuro pero yo creo que es probable que, en el futuro, el valor y las oportunidades del caballo sean tan grandes como siempre. Los aviones y los carros de combate solo son accesorios para el hombre y el caballo". Como tantas otras veces, no podía estar más equivocado.

Guillermo Altares (El País)




2. Las armas químicas en Europa

Los intentos de limitar las armas químicas con la Conferencia de Bruselas en 1874 y el Convenio de La Haya en 1899 no sirvieron para nada. Entre 1914 y 1918, los ingleses, los alemanes y los franceses recurrieron al uso de sustancias tóxicas, a veces mortales, en el campo de batalla.

Ya en otoño de 1914, los frenceses emplearon gas lacrimógeno que arrojaban a las trincheras enemigas. En abril de 1915, los alemanes, con una industria química más desarrollada que sus adversarios, esparcieron sustancias cloradas con ayuda de unas garrafas cuyo contenido se propagaba con la ayuda del viento. La escalada continuó con el uso de obuses cargados de gases nuevos como el fosgeno, más tóxico que las moléculas anteriores. En julio de 1917, los alemanes fueron más allá con el gas mostaza, también conocido como yperita, por el nombre de la ciudad (Ypres) en la que se utilizó por primera vez. Se trata de una molécula que no ataca solo las vías respiratorias sino también los ojos y la piel. Además, en las zonas por las que se ha propagado, el gas persiste y crea complicaciones para los combatientes.

Las armas químicas se convirtieron en un símbolo, pero su papel estratégico y militar no fue tan importante"
Olivier Lepick, autor de La Grande guerre chimique
"Pese a todo, el número de víctimas de las armas químicas, menos de 500.000, es limitado en relación con el número total", afirma Olivier Lepick, autor de La Grande guerre chimique (PUF, 1998). "Las armas químicas dejaron huella en el ánimo y se convirtieron en un símbolo de la guerra, pero su papel estratégico y militar no fue tan importante". Tras el conflicto, se firmaron nuevos acuerdos para prohibir su uso, en especial el Protocolo de Ginebra de 1925, pero que no preveía ningún método de control. Para eso hubo que esperar al acuerdo firmado por Naciones Unidas en 1993, que, además de declarar ilegales alrededor de 40 moléculas, crea un cuerpo de inspectores, la Organización para la Prohibición de Armas Químicas, que en 2013 recibió el Premio Nobel de la Paz. 

David Larousserie (Le Monde)





3. La transformación de Oriente Próximo

La Primera Guerra Mundial y los tratados que la siguieron transformaron el mapa de Oriente Próximo al crear nuevos Estados y nuevas realidades políticas en el territorio del derrotado imperio otomano. La rivalidad entre Gran Bretaña y Francia, la expansión del nacionalismo árabe, las ambiciones sionistas en Palestina y el nacimiento de la Turquía moderna cambiaron la faz de la región. Una de las ironías más formidables de la historia es que las líneas que se trazaron en las arenas de la guerra están empezando a difuminarse un siglo después.

El acuerdo Sykes-Picot de 1916 dividió en secreto los antiguos territorios otomanos en zonas de influencia británica y francesa. El sistema de mandatos creado por la Liga de Naciones en el periodo de entreguerras solo prometió llegar a un autogobierno, no a la independencia inmediata por la que Sharif Hussein había lanzado desde La Meca una revuelta en el desierto contra los turcos, con la ayuda del coronel T. E. Lawrence ("de Arabia"). Y, en otro ejemplo de promesas contradictorias, la Declaración Balfour de 1917 ofreció el apoyo del Reino Unido a la creación de un "hogar nacional" para los judíos en Tierra Santa, y así sentó las bases para el nacimiento de Israel y el conflicto más difícil de resolver del mundo contemporáneo. Desde entonces, los historiadores no dejan de discutir sobre este enredo diplomático y sus funestas repercusiones.

Los mayores perdedores de la lotería de la posguerra en Oriente Próximo fueron los kurdos

Las diferencias étnicas, sectarias y tribales importaban poco a los encargados de diseñar el mapa en la era colonial. Irak se formó mediante la fusión de tres provincias otomanas, dominadas respectivamente por los chiíes, los suníes y los kurdos. Además, quedó separado de Kuwait, un dato que posteriormente daría pie a conflictos. Su rey era hachemita, procedía de la Península Arábiga y había sido expulsado de Siria; también lo era el rey de la vecina Jordania, nacida de un plumazo de Winston Churchill después de un almuerzo empapado en alcohol, celebrado en El Cairo en 1921. Líbano se arrancó a la "Gran Siria" con el propósito de establecer un hogar para los cristianos cuyo apoyo reforzaría la influencia de Francia.

Los mayores perdedores de la lotería de la posguerra en Oriente Próximo fueron los kurdos. Hoy, este pueblo, que aún carece de Estado, al menos disfruta de un gran grado de autonomía regional, además de una paz relativa, en el Estado federal de Irak, mientras que sus compatriotas en Siria controlan áreas a las que no llegan las fuerzas de Bashar el Asad. La propia idea del nacionalismo árabe está en peligro, por culpa de los extremistas sectarios que apelan al islam para crear un nuevo califato (abolido por los turcos recién secularizados en 1922). Entre los enemigos de El Asad se encuentra un grupo yihadista vinculado a Al Qaeda. Su nombre en árabe es "El Estado Islámico en Irak y al Sham (Siria y Líbano)", una eliminación deliberada de las fronteras posteriores a la Primera Guerra Mundial. 

Ian Black (The Guardian)






4. La guerra y el movimiento obrero

Para el movimiento obrero y socialista europeo, así como para el incipiente movimiento sindical, el estallido de la Primera Guerra Mundial representa un golpe terrible. A pesar de la gran fuerza organizada de países como Alemania, Gran Bretaña y Francia, las direcciones de los partidos socialistas y socialdemócratas no acaban de movilizarse contra la guerra en el fatídico verano de 1914; la Internacional se hace añicos. Los partidos y las primeras organizaciones sindicales (con la excepción inicial de Italia, que conserva su neutralidad hasta mayo de 1915 y donde los socialistas mayoritarios seguirán oponiéndose a la guerra) se ven absorbidos en el esfuerzo productivo y bélico. Durante mucho tiempo, los obreros de las grandes industrias —en especial los obreros especializados, decisivos para la producción de maquinarias y armas indispensables para alimentar la monstruosa guerra de materiales en el frente— no solo están exentos de llenar las filas de un ejército que está formado en casi todas partes por campesinos, sino que además gozan de condiciones salariales y alimentarias especialmente favorables. A cambio, se prohíben las huelgas y los sectores estratégicos quedan sometidos a la disciplina militar.

Los partidos y las primeras organizaciones sindicales se ven absorbidos en el esfuerzo productivo y bélico

Pero la guerra, año tras año, destruye vidas y recursos: al tiempo que, en el frente, la situación militar parece estancada, empeoran gradualmente el abastecimiento de comida, el nivel de vida de las poblaciones civiles y las condiciones de los obreros en la fábrica. A partir de 1916, en los partidos socialistas, las facciones minoritarias empiezan a entablar un diálogo para buscar una solución pacífica al conflicto, mientras que en Rusia estalla la Revolución de febrero y después octubre de 1917. La situación cambia por completo: la presión política y social revolucionaria, la imposibilidad de sostener el sacrificio y el deseo desesperado de paz revitalizan y transforman de manera radical los partidos y las organizaciones sindicales de todos los países beligerantes. El fin del conflicto, en noviembre de 1918, deja como legado histórico un movimiento sindical europeo agresivo y organizado. 

Roberto Giovannini (La Stampa)






5. El gas venenoso

En verano de 2013 se podía sentir. Las imágenes de los niños muertos en Damasco. La indignación en la voz del presidente de Estados Unidos, Barak Obama. Habló de una "línea roja", y no se trataba de las meras cifras de muertos, sino de un tabú moral. Hoy día, la utilización de gas tóxico como arma de guerra es considerada universalmente un crimen, porque el recuerdo de 1915 —de un cruel experimento con horribles derivaciones— sigue vivo.

La prueba comenzó el 22 de abril de ese año. Los soldados alemanes, atrincherados cerca de la ciudad belga de Ypres, abrieron casi 6.000 recipientes de acero con cloro líquido. El viento transportó el gas, 2,5 veces más pesado que el aire, hasta sus enemigos británicos sobre un frente de unos seis kilómetros de ancho. El gas, que dañaba los pulmones, cogió desprevenidos a los soldados británicos. Mató a 3.000 de ellos. Poco después, todas las partes beligerantes lo empleaban: flotaba viscoso sobre los campos de batalla, provocaba la creación de zonas de restricción, causó lesiones a más de un millón de personas y mató a 70.000.

 
Un lancero alemán protegido con máscara de gas en marzo de 1917. / CORBIS


Una característica del gas tóxico, que hizo que finalmente fuese prohibido por el Derecho Internacional en 1925, es su crueldad: el 10 de julio de 1917, las tropas alemanas lanzaron por primera vez el agente "cruz azul", que atravesaba los filtros de las máscaras de gas y obligaba a quitárselas por la insoportable irritación que producía. Su apodo: rompemáscaras.

La segunda característica es que mata sin distinción. Es imposible alcanzar a un objetivo preciso. Mata a los soldados exactamente igual que a los civiles o a los niños. 

Ronen Steinke (Süddeutsche Zeitung)






6. Desarrollo de la cirugía

La cirugía se ha desarrollado en gran parte gracias a lo que ha ido aprendiendo en las guerras. La Primera Guerra Mundial no fue ninguna excepción, pero, cuando estalló, era un arte que acababa de entrar en la modernidad. Hubo que esperar a la Segunda Guerra Mundial para que llegasen los antibióticos capaces de curar e incluso prevenir infecciones que hasta entonces dejaban impotentes a los cirujanos, así como para la implantación de las técnicas de reanimación. Sin embargo, durante la Gran Guerra, y sobre todo inmediatamente después, los hospitales civiles y militares fueron escenario de una cirugía experimental.

En aquel conflicto, la utilización de armas nuevas, en particular los bombardeos masivos y los gases de combate, transformó la situación. La guerra de posiciones y las trincheras provocaron un aumento de las heridas en la cabeza y el rostro, las partes más expuestas a los disparos enemigos. Muchos combatientes salieron vivos pero lisiados, mutilados, desfigurados. Eran los gueules cassées (los caras rotas), según la expresión acuñada en Francia por el coronel Yves Picot, primer presidente de la Unión de heridos en el rostro y la cabeza, fundada en 1921.

Al acabar la Primera Guerra Mundial, Francia tenía alrededor de 6,5 millones de inválidos de guerra. Los cirujanos de los países implicados tuvieron que enfrentarse a una avalancha de gueules cassées, a los que trataron de devolver un rostro humano y mitigar su calvario en el momento de la vuelta a la vida civil. Faltaba carne, faltaba hueso, así que hubo que hacer injertos, una técnica que se desarrolló a tientas, igual que lo hizo, en la misma época y por las mismas razones, la transfusión sanguínea. Y junto a los injertos óseos o cutáneos, también empezaron a utilizarse prótesis y aparatos que parecían más instrumentos de tortura, sin lograr siempre, ni mucho menos, hacer milagros. 

Paul Benkimoun (Le Monde)





7. "Tu país te necesita"

"Tu país te necesita". Cuando en septiembre de 1914 los británicos comenzaron a ver este lema en carteles pegados por las calles de todo el país todavía no se habían apagado los ecos de los vítores, las canciones patrióticas y las marchas militares que resonaron en la estación Victoria de Londres como despedida a los soldados que marchaban al continente para luchar contra los soldados del Kaiser Guillermo II. Similares escenas se produjeron en París y Berlín. En la opinión pública europea estaba instalada la idea de que la guerra sería corta. A los sumo, unas pocas batallas, decisivas eso sí y naturalmente ganadas por el propio bando. Y luego todos a casa. La guerra era cosa de caballeros y las noticias de las sucesivas victorias de las tropas imperiales en lugares remotos de la geografía mundial multiplicaban esa idea romántica del riesgo y la muerte heroica.

Pero esa guerra, “la Gran Guerra”, se llevaría muchas cosas por delante. Apenas un mes después Lord Kitchener, secretario de Estado de Guerra, supo que ni la guerra sería corta, ni el problema serían la falta de balas, sino la falta de combatientes. Que una cosa era luchar contra ejércitos indígenas, o muy por detrás en términos de tecnología bélica, y otra contra un Ejército moderno extremadamente entrenado y dirigido por una selecta élite militar y militarista. "Esto no es la guerra, esto es el fin del mundo", escribía un muchacho de un regimiento británico de la India a su padre. Hacían falta hombres y urgentemente. Y es que con el nuevo armamento los muertos diarios no se contabilizaban por decenas sino por miles. Francia tenía ejércitos de leva prácticamente desde la Revolución, Alemania desde 1870, Rusia desde 1905. Millones de hombres disponibles, si no para luchar, al menos si para ser enviados al frente. Pero Reino Unido jamás en su historia, al menos desde la existencia de señores feudales, había recurrido al reclutamiento forzoso.

Sirvieron y murieron juntos. Muchos pueblos vieron como en una tarde morían casi todos sus hombres jóvenes

La respuesta al "Tu país te necesita" fue entusiasta. Cientos de miles de personas se apuntaron y se aplicó la regla de "quienes se alistan juntos, combaten juntos". Fueron destinados, o formaron los mismos batallones, que se autodenominaban "colegas" y "camaradas". Así se formaron por ejemplo el Batallón de Camaradas de Liverpool, formado principalmente por corredores de comercio de la city de esa ciudad inglesa, o los Colegas de Accrington o los Camaradas de Oldham, en referencia a sus localidades. Pero el índice de mortalidad en el campo de batalla era de una crueldad jamás vista en la historia de la humanidad. Se apuntaron juntos, sirvieron juntos y murieron juntos. Muchos pueblos vieron como en una tarde morían casi todos sus hombres jóvenes.

La guerra se enfangó. Literalmente. Los primeros aviadores que surcaban los cielos de Europa veían una cicatriz negra que durante cientos de kilómetros rompía el verde los campos. Una línea de frente que prácticamente durante dos años permaneció invariable. Lo único que cambiaba eran los hombres que ocupaban las trincheras. Nuevas remesas que reemplazaban sin cesar a los muertos y heridos. En marzo de 1916 Reino Unido adoptó una decisión drástica. Por primera vez en su historia, todos los hombres solteros de entre 18 y 41 años fueron reclutados con la excepción de religiosos, profesores, algunos profesionales metalúrgicos y los declarados incapaces. Si alguno se casó para evitar el frente, erró en su decisión. En mayo la medida afectaba también a los casados.

El reclutamiento obligatorio, y las causas que lo provocaban, dio una nueva perspectiva a la idea de la guerra. Unas 200.000 personas se manifestaron en el centro de Londres. En Francia, que sólo en los primeros meses de la contienda perdió 300.000 hombres fue causa de extendidos motines en 1917 que hicieron tambalearse el frente. En Rusia, la presencia de reclutas en San Petersburgo durante los disturbios de febrero de ese mismo año fue decisiva en la caída del zar Nicolás II.

“Tu país te necesita” se convirtió en un símbolo de sacrificio que los civiles británicos pagaron creces

Los conscriptos británicos tuvieron su bautismo de fuego apenas semanas después de ingresar a filas. Ataviados con sus ropajes en los que no había ninguna protección excepto un casco plato fueron lanzados a la batalla de Somme, el 1 de julio de 1916 y durante los meses siguientes protagonizaron lo que constituye la mayor tragedia militar de Reino Unido en el siglo XX y en toda su historia. Los muertos británicos ascendieron a 419.654. El entusiasmo había dado paso al desengaño y este al horror.

La guerra no cesó en su demanda de combatientes. En los últimos meses de la guerra el Gobierno amplió la edad de reclutamiento a los 51 años y lo mantuvo hasta 1920. Acabada la contienda en 1918 el Ejército profesional estaba tan diezmado que era imposible mantener el imperio si los reclutas forzosos volvían a la vida civil. "Tu país te necesita" se convirtió en un símbolo de sacrificio que los civiles británicos pagaron creces. 

Jorge Marirrodriga (El País)





8. La emancipación de la mujer

Una de las consecuencias de la Primera Guerra Mundial fue la emancipación de la mujer: este es uno de los clichés que distorsionan en numerosos relatos la realidad del conflicto.

Es una cuestión que los historiadores siguen debatiendo. No cabe duda de que, durante la guerra, las mujeres se ocuparon de tareas que antes habían sido fundamentalmente masculinas, no cabe duda de que obtuvieron derechos políticos más importantes en varios países como el Reino Unido, no cabe duda de que ciertas modas como él estilo à la garçonne representaron una liberación de los códigos femeninos tradicionales. Pero en realidad, el trabajo femenino ya estaba aumentando antes de 1914, y, al terminar la guerra, muchas mujeres regresaron a sus tareas anteriores.

La feminización del trabajo fue limitada y dependía de los sectores. Se incrementó en el comercio, las profesiones liberales y la banca. Por otro lado, a la mujer se le negaban todavía muchos derechos. (En Francia no pudo votar hasta 1944, mientras que en Alemania lo hizo en 1919 y en el Reino Unido obtuvo el derecho al voto en 1918 para las mayores de 30 años y en 1928 a los 21, igual que los hombres.) Y, sobre todo, las formas de emancipación de los papeles tradicionales solían ser muy limitadas, social y cuantitativamente. Varios estudios recientes destacan este periodo como una etapa de transición que prepara el terreno para las evoluciones posteriores. 

Nicolas Offenstadt (Le Monde)





9. Los aristócratas y la guerra

Los hijos de las clases altas británicas que tuvieron la suerte de sobrevivir a la Primera Guerra Mundial se encontraron a su regreso un país en plena transformación, en el que ya no tenían su sitio automáticamente garantizado.

La reducción de su número —hasta finales de 1917, los aristócratas sufrieron proporcionalmente más bajas en combate que ninguna otra clase social— hacía que recuperar el statu quo anterior a la guerra fuera físicamente imposible.

"Después de la guerra se encontraron con que faltaban los herederos: yacían en los campos de Flandes", dice Joanna Bourke, profesora de historia en Birbeck College, Londres. "El efecto fue devastador: murió el hijo del primer ministro, los hijos de varios miembros del gobierno, y eso significó que, en la inmediata posguerra, los pupilos que en el orden natural de las cosas habrían llegado a ser los nuevos dirigentes —sobre todo en política y en los negocios— habían desaparecido".

Pero no solo habían disminuido enormemente los miembros varones de las clases altas; también había mucha menos gente dispuesta a servir a sus familias como lo habían hecho durante cientos de años.

Se deslegitimó toda la estructura que mantenía el estilo de vida de la clase media alta”
Joanna Bourke, profesora de historia en Birbeck College
Muchas mujeres a las que la guerra obligó a dejar el servicio doméstico para incorporarse a las fábricas se negaron a renunciar a su nueva independencia. "Se deslegitimó toda la estructura que mantenía el estilo de vida de la clase media alta", explica Bourke.

"Hasta entonces, los criados de los hogares de clase media alta eran personas con una tradición familiar de trabajar allí. Cuando alguien se iba, la cocinera recomendaba a su sobrina. Pero eso dejó de ser así, y entonces se produjo una auténtica crisis de la mano de obra necesaria para mantener esa forma de vida".

El declive de las clases altas se aceleró aún más con la aprobación, en junio de 1917, de la Ley de Representación Popular, que otorgó el voto a cinco millones más de hombres y a casi nueve millones de mujeres.

La ampliación del derecho al voto, unida a la expansión del sindicalismo, dio a las clases trabajadoras una mayor representación social y, con ella, la libertad de desafiar el poder de los partidos establecidos y poner en tela de juicio la capacidad y la prudencia de quienes habían enviado a tantos soldados a la muerte.

Pero quizá el mayor presagio de la decadencia de la aristocracia surgió en el barro y la sangre del Frente Occidental, cuando se vio que la institución encargada de proteger el modo de vida británico tradicional se había convertido a su pesar en el instrumento de su disolución.

La introducción de la leva obligatoria en 1916 transformó un ejército profesional en un ejército de civiles, y llenó sus filas de hombres de clase media cuyas madres y cuyos padres ocupaban puestos importantes en la sociedad y exigían que los sacrificios de sus hijos no fueran en vano. También significó el ascenso de nuevos oficiales de origen humilde, que, como tantos miles de mujeres en la retaguardia, no estaban dispuestos a renunciar a la posibildiad de mejora social que les había deparado la guerra.

Como dice Bourke: "Esos combatientes regresaron —algunos, con medallas—, sin ningún deseo de volver a ser tenderos". 

Sam Jones (The Guardian)






10. El cine de propaganda

En una conversación con el filósofo Bogdanov, en 1907, Lenin habla del cine como “uno de los medios más importantes de instrucción de las masas”. En Italia, en 1922, Mussolini declara que el cine es "el arma más fuerte del Estado", y en 1936 pone la primera piedra para la construcción de Cinecittà. Bastarían estas dos proclamas para dar fe del vínculo existente, desde sus albores, entre la gran pantalla y la propaganda. Solo en Estados Unidos, donde David W. Griffith había rodado en 1914 El nacimiento de una nación, sobre la fundación del país, se produjeron entre 1915 y 1918 2.500 películas. Y durante la Gran Guerra, la mayor parte de la producción norteamericana y europea, tanto de noticiarios como de filmes de ficción, tuvo fines propagandísticos.

 
Fotograma de la película 'Armas al hombro' de Charles Chaplin en 1918. / IMDB



En Civilización (1916), Thomas H. Ince lanzaba, entre metáfora y fantasía política, un grito en favor de la paz. En Francia, en 1919, Abel Gance transmitía un poderoso mensaje antibélico en J’accuse, subrayado por el final de la película, en el que las jóvenes víctimas de la guerra se despiertan para reprochar a los vivos lo inútil de su sacrificio. En Italia, en la estela del éxito obtenido por Cabiria, de Giovanni Pastrone, Maciste alpino, de Luigi Romano Borgnetto y Luigi Maggi (1916), exalta los valores de la batalla y empuja al público a identificarse con el héroe protagonista. Pero la joya de la época, rodada en 1918, es Armas al hombro, de Charles Chaplin, que ilustra, suspendidos entre la ligereza y la tragedia, los horrores de la vida en el frente.

Muchos años después, cuando el cine de propaganda se haya convertido ya, tanto en la U.R.S.S. como en la Alemania nazi, en la Italia fascista como en Estados Unidos, en instrumento fundamental para orientar las conciencias, será de nuevo Charles Chaplin quien, con El gran dictador, demostrará que, al tiempo que se hace reír, es posible lanzar el más antibelicista de los mensajes. 

Fulvia Caprara (La Stampa)




11. El Sillón, antepasado de la democracia

La dimensión de la catástrofe que fue la Primera Guerra Mundial empujó a numerosos intelectuales y políticos franceses a alzarse en nombre de un lema: "Nunca más". Entre ellos destacaba un personaje, Marc Sangnier, que había fundado el Sillon a finales del siglo XIX. Esta corriente del cristianismo social proponía la reconciliación entre Iglesia y República, una tercera vía entre el capitalismo y el socialismo. Sangnier, como Jean Jaurès, fue enemigo acérrimo de los católicos monárquicos de Charles Maurras. Movilizado durante el conflicto como teniente de ingenieros, Sangnier recibió de Aristide Briand en 1916 el encargo de ir a ver al Papa encabezando una misión de paz, que fracasó. Terminó la guerra con el grado de comandante y condecorado con la Legión de Honor y la Cruz de Guerra.

Entre 1919 y 1924, Sangnier fue diputado. Se ganó el sarcasmo de sus colegas al proponer una colaboración internacional que no excluyera ni a Rusia ni a Alemania para restaurar Europa. Los miembros de la izquierda y la extrema izquierda eran los únicos que aplaudían a este curioso cristiano, pacifista radical y visionario, elegido en las filas de la derecha moderada pero al que los conservadores calificaban de "bolchevique cristiano". Su idea era organizar "la paz a través de la juventud", mediante los cauces de la internacional democrática. Esta última celebró varios congresos internacionales, el más numeroso el de Bierville, en 1926, que congregó a más de 5.000 participantes de 33 naciones, la mitad de ellos alemanes.

Cuando falleció Marc Sangnier, en 1950, las ideas que había defendido ocupaban el poder encarnadas en la democracia cristiana en Francia, Alemania e Italia. La idea europea que culminaría en el tratado de Roma en 1957 había empezado a andar.

 Michel Lefèbvre (Le Monde)







12. Los nuevos países en Europa

El fin del año 1918 reorganizó radicalmente el mapa de Europa central y del Este. En lugar de las tres potencias —Alemania, Rusia y el Imperio austrohúngaro— surgieron algunos países nuevos (o resucitados después de siglos). Los países de reciente creación eran pobres y estaban enemistados y cuidadosamente separados por los cordones de fronteras y aduanas. Fue una época de nacionalismos triunfantes. Tuvieron mala suerte aquellos que, como los ucranios, no fueron capaces de luchar por su país porque los rivales resultaron ser más fuertes.

Cuando en septiembre de 1918 el Imperio austrohúngaro intentó por su cuenta establecer contacto con las potencias occidentales y pedir el alto el fuego, el gobierno de Estados Unidos, la mayor potencia a la que la guerra no agotó, respondió que su posición ya la había expuesto el presidente Woodrow en los "14 puntos" en enero de 1918. Aparte de exigir la conclusión manifiesta de los acuerdos internacionales, la libre navegación en alta mar y la supresión de barreras en el comercio internacional, abordaban también las nuevas fronteras en Europa, basadas en los principios étnicos, así como el renacimiento de Polonia.

Las naciones de Europa central muchas veces se entremezclaban y reclamaban los mismos territorios

Durante la conferencia de Versalles, en 1919, el postulado de las "fronteras basadas en principios étnicos", resultó ser no solo utópico, sino que se convirtió en el foco de muchos conflictos. Las naciones de Europa central muchas veces se entremezclaban y a menudo reclamaban los mismos territorios. Cualquier resolución tomada por las grandes potencias originaba protestas diplomáticas y, a menudo, también conflictos armados.

El país de nueva creación más grande fue Polonia, renacida después de 123 años de ocupación. Ganó sus fronteras después de una serie de conflictos armados con Alemania, Letonia, Ucrania, Checoslovaquia y la gran guerra con la Rusia roja. En 1923, cuando por fin se acordaron las fronteras de Polonia, la república mantenía relaciones medianamente amistosas con solo dos países vecinos, la diminuta Letonia, al norte, y la alejada Rumanía al sur. Esta situación iba a tener en breve malas consecuencias. 

Adam Leszczyński (Gazeta Wyborcza)






13. La economía planificada

Antes de que la URSS impusiera la economía planificada a la mitad de Europa, la inventaron los alemanes. Las primeras leyes que limitaban la libertad económica se introdujeron el 3 de agosto de 1914. El Estado fue asumiendo sucesivamente el control sobre los ahorros de los ciudadanos, el comercio exterior, la producción y la venta de productos alimenticios, estableció los precios máximos de distintos bienes e introdujo las "asociaciones de materias primas", que dirigían la distribución de las escasas materias primas de acuerdo con las necesidades de la economía de guerra.

En noviembre de 1916 se creó la Oficina de Planificación y se introdujo la movilización total de los recursos y de la mano de obra. La industria se organizó en 170 "sociedades de guerra", basadas en las antiguas asociaciones sectoriales. El programa detuvo la caída de la producción para el Ejército, aunque la industria de productos de consumo y la agricultura seguían reduciéndose. Los precios de los alimentos básicos se multiplicaron por ocho durante la guerra y millones de alemanes tuvieron que pasar hambre; las raciones eran de 700–900 calorías al día.

Los que vivieron esa época tenían claro que la movilización militar de Alemania fue un logro importante. La movilización impresionó a los bolcheviques, que por aquel entonces estaban a la espera de hacerse con el poder en Rusia. Cuando Lenin tomó el poder en 1918, introdujo en Rusia el "comunismo militar", una economía basada en la nacionalización universal, las requisiciones y las expoliaciones. Esta economía les dio a los bolcheviques el control sobre la vida económica, así como los recursos necesarios para ganar la guerra civil, pero trajo también el desplome del nivel de vida, la miseria generalizada y la destrucción de la capacidad productiva.

La economía planificada gustaba a políticos y periodistas con puntos de vista políticos muy dispares

A comienzos de la década de 1920, los comunistas rusos anunciaron la "Nueva Política Económica" y asumieron un compromiso con el mercado, al cual dejaron una gran parte de la producción de bienes de consumo.

La economía planificada gustaba a políticos y periodistas con puntos de vista políticos muy dispares. En el período de entreguerras, sacudido por la hiperinflación y por la Gran Depresión, la creencia general era que el capitalismo era el origen del caos y asignaba las fuerzas productivas de manera inefectiva. Tanto la extrema izquierda como la extrema derecha creían que el capitalismo favorecía el enriquecimiento de unos pocos y la pobreza de las masas, y que la economía planificada permitía igualar los ingresos y fomentaba una mayor solidaridad social. Después de la Gran Depresión, se experimentó con distintas formas de planificación económica en muchos países europeos, no solo en los regímenes totalitarios de Alemania y Rusia, sino también en Polonia. 

Adam Leszczyński (Gazeta Wyborcza)





14. Un pacifismo más modesto

Bertha von Suttner, la primera mujer en recibir el Premio Nobel de la Paz, decía con ironía en una ocasión que humanizar la guerra era como meter a alguien en aceite hirviendo y bajar la temperatura un par de grados. O también como si a un esclavo se le prometiese a secas que en el futuro recibiría algunos latigazos menos.

A principios del siglo XX, la austríaca Suttner ocupaba la cúspide de un pacifismo europeo absolutamente puro. Pero cuando más tarde estalló la guerra en el Continente, la experiencia de las trincheras provocó que muchos belicistas entusiastas se convirtiesen en arrepentidos pacifistas: por ejemplo, en los primeros días de la contienda, Kurt Tucholsky, el escritor alemán, había corrido como loco a alistarse; después, decepcionado, calificaba a la guerra de "letrina de dimensiones mundiales llena de sangre, alambre de espino y cantos de odio". Tampoco los veteranos pacifistas de la escuela de Suttner la superaron incólumes.

Es cierto que, después de la guerra, los pacifistas tenían muchos más seguidores que antes: en Alemania, los grupos antibélicos contaban con unos 70.000 miembros, lo cual, aun así, seguía siendo poco comparado con los 500.000 integrantes de las asociaciones de soldados. Pero, sobre todo, la guerra acabó con una parte de su seguridad en sí mismos. Antes de 1914, los pacifistas todavía soñaban con que podría existir un contrato que prohibiese las guerras, una idea ajena al mundo, como se ha demostrado. Actualmente, los movimientos antibélicos aspiran a alcanzar principalmente metas más modestas y realistas: desarme, acuerdos entre las naciones, reconciliación, y también una humanización de la guerra a través de la renuncia a determinadas armas. 

Ronen Steinke, Süddeutsche Zeitung