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martes, 4 de noviembre de 2014

827.- España planeó una "solución final" para Euskadi al estilo de Videla

                        Represión policial durante la dictadura argentina.

LOS ARCHIVOS SECRETOS DE ESPAÑA 
Y ARGENTINA 

España planeó una "solución final" para Euskadi al estilo de Videla

Mandos de la Guardia Civil, miembros del Ejército y altos funcionarios del Gobierno de Suárez eran partidarios de los métodos represivos que aplicaban las dictaduras de Argentina y Chile

DANILO ALBIN Bilbao 03/11/2014 


El Jockey era uno de los restaurantes más distinguidos de Madrid. El 30 de junio de 1978, la Embajada argentina recurrió a sus servicios para homenajear por todo lo alto a un reconocido militar español: el teniente general Tomás de Liniers, jefe del Estado Mayor del ejército. La cena, que costó 178.800 pesetas, acabó con un brindis por la Argentina de los vuelos de la muerte y la España del rey Juan Carlos I. Un par de semanas después, De Liniers se plantó en Buenos Aires para entregar al dictador Jorge Rafael Videla la Gran Cruz del Mérito Militar. En realidad, su "mérito" no había sido otro que comandar una carnicería humana que para entonces -verano en España e invierno en Argentina- ya registraba miles de muertos y desaparecidos.

En un frío 14 de julio, Liniers se acomodó el uniforme, miró a sus camaradas sudamericanos y trató de explicar su ferviente devoción hacia aquella dictadura. A su entender, Videla y sus hombres llevaban adelante una "lucha contra el extremismo" que gozaba de "legitimidad y justicia". Dicho esto, llegó el turno de las comparaciones. "Argentina y España sufren ataques, los ataques aviesos del materialismo ateo por unos medios y unos procedimientos que nada nos van a nosotros, a los pueblos de nuestra raza, que estamos acostumbrados a luchar siempre cara a cara, hombre a hombre y que, incluso a los vencidos, una vez vencidos, somos capaces de darles la mano", sostuvo, e incluso se animó a vaticinar que la historia reconocería la obra de los militares argentinos "por encima de las críticas actuales".

Su peculiar forma de entender el terrorismo de estado era compartida por otros altos militares españoles, quienes veían en Argentina la posible solución a los problemas que se planteaban en la España de la transición. Así lo revelan determinados archivos -algunos de ellos aún catalogados como reservados- a los que ha tenido acceso Público. Entre esos documentos figura un informe elaborado por el cónsul general de Argentina en Bilbao, Ricardo Corbella, sobre la situación política en el País Vasco. En esta nota, fechada el 16 de octubre de 1978, el funcionario daba a conocer los resultados de sus conversaciones con los jefes de la Guardia Civil, del Ejército y de la Policía Armada.

Según había podido relevar el cónsul, las fuerzas de seguridad lamentaban la "ineficacia técnica de la reciente Ley Antiterrorista puesta en práctica por el Gobierno" y advertían sobre la "sensación en las instituciones de las FOP (Fuerzas de Orden Público) de que los partidos políticos dan apoyo indirecto y/o directo" a ETA. Seguido, advertía sobre la "generalización en los mandos naturales de las FOP de que la solución final del actual proceso español y vasco en particular debería encuadrarse en temperamentos similares a los adoptados en Chile y Argentina, a la vez que prospera la idea que la democracia es la causante de todo el proceso de referencia".




Alumnos y maestros

Otros documentos consultados por este periódico confirman que los militares españoles mantuvieron un estrecho contacto con sus homólogos argentinos en los años previos al nacimiento del Batallón Vasco Español, la Triple A o el GAL, algunos de los principales grupos parapoliciales que emplearon la guerra sucia contra ETA. En mayo de 1978, la Escuela de Guerra Naval encargó a uno de los marinos argentinos que operaban en España, Jorge Osvaldo Troitiño, la organización de una especie de taller didáctico sobre Argentina, de manera que pudiese explicar -y convencer- a sus camaradas sobre las bondades del "régimen político" de Videla y su "desarrollo futuro".

Según figura en los archivos secretos, la Embajada argentina se encargó de suministrar a Troitiño todo tipo de materiales didácticos, entre los que se encontraban "algunas de las películas de cortometraje sobre el país elaboradas para su difusión al exterior" y distintos "folletos sobre el Proceso de Reorganización Nacional", nombre habitualmente utilizado por los golpistas para referirse al gobierno militar. De hecho, los responsables de la Escuela de Guerra Naval española ya disponían de los "ejemplares 2 y 3 de la revista Argentina y los folletos números 2 al 5 del Proceso de Reorganización Nacional", tal como destacaban los diplomáticos en una comunicación enviada a Buenos Aires.




La elección de este marino no fue casual: Troitiño estaba plenamente identificado con los crímenes que cometían sus compañeros de armas en territorio argentino. En agosto de 2004 -26 años después de su intervención en un aula de la Escuela de Guerra Naval española-, este veterano miembro de la Armada envió un correo electrónico a Prensa Independiente, un grupo de apoyo a los genocidas argentinos. En su e-mail, el teniente de fragata volvía a reivindicar la "guerra revolucionaria" -otro de los eufemismos empleados por los represores para referirse al terrorismo de estado-, admitía su participación en esos terribles actos y lanzaba alguna que otra velada amenaza contra todos aquellos que se atreviesen a juzgarlo.

Su exposición en la Escuela de Guerra Naval de Madrid apenas era un adelanto de lo que estaba por venir. Entre 1979 y 1983, el Ejército español envió a varios agentes a realizar cursos en la Escuela de Inteligencia de Buenos Aires, dirigida por los represores más sanguinarios de la dictadura. Entre los alumnos españoles figura Joaquín Rodríguez Solano, un coronel de la Guardia Civil que se vio involucrado en la trama de la operación Galaxia, el fallido intento de golpe de estado que planificaron los sectores más ultras del ejército en noviembre de 1978. Tres años después de ese experimento, Rodríguez Solano viajó a Argentina para aprender las tácticas de Inteligencia del régimen de Videla.

Según consta en los archivos, las relaciones entre civiles y uniformados de uno y otro lado del Atlántico no acabarían ahí. Durante los peores años de la dictadura, los generales Jaime Milans del Bosch, Miguel Luengo Tejero y Ramón Cuadra Medina fueron algunos de los invitados a las comidas organizadas por los diplomáticos argentinos en distintos restaurantes de Madrid. Los funcionarios de la embajada también mantuvieron contactos con el Comisario Principal de Policía de Madrid, Gonzalo Gómez Ruiz, y con el general del ejército de Tierra, José Gabeiras Montero.

"Así nos va"

El modelo represivo argentino también despertaba interés en el entorno del presidente Adolfo Suárez. Así quedó plasmado en un documento secreto redactado por el embajador argentino, Jorge Washington Ferreira, tras reunirse con el ministro de la Presidencia del ejecutivo español, José Pedro Pérez Llorca, considerado como uno de los siete padres de la Constitución. Según este memorándum, el encuentro tuvo lugar el 21 de enero de 1980, duró 45 minutos y giró "sobre la situación argentina y española". "El ministro se mostró interesado por conocer diversos aspectos relacionados con el terrorismo en la Argentina", destacaba Ferreira en su informe.


El embajador de Videla aprovechó el interés de su interlocutor para hacer apología de los crímenes cometidos por la dictadura. "Puntualicé que las FFAA y de Seguridad habían enfrentado una verdadera guerra, la que, felizmente, había concluido con la total derrota del enemigo en el campo militar", subrayó el funcionario. Entonces llegó uno de los momentos más inolvidables de la reunión: en tono didáctico, Ferreira explicó que "había dos métodos para enfrentar el terrorismo: el meramente policial, con represión normal y gradual, y el de guerra total con represión drástica mediante el empleo, incluso, de los medios militares". El embajador remarcó que Argentina había "optado por éste último", a lo que Pérez Llorca apostilló: "Nosotros por el primero, y así nos va".

En otro momento de la charla, el entonces ministro y ahora presidente del Museo del Prado se sinceró sobre la postura del gobierno de UCD ante la situación en Euskadi. "Me dijo que ellos habían hecho la transición en España pero que habían tenido errores, principalmente con el proceso autonómico, toda vez que ahora todas las nacionalidades querían equipararse a la vasca y a la catalana y que ello no era posible. De ahí los esfuerzos del presidente Suárez por desacelerar el curso autonómico en las demás regiones. El problema vasco, agregó, es realmente grave". A lo largo de ese año, los grupos parapoliciales que operaban en Euskadi asesinarían a unas veinte personas. 



El rey Juan Carlos en un acto con el dictador argentino Jorge Rafael Videla.


La dictadura de Videla y España intercambiaron apoyos, medallas y regalos

El régimen argentino recibió el apoyo del Estado español para acceder a foros internacionales. También hubo un nutrido cruce de condecoraciones militares. Entre los premiados se encuentra el rey Felipe

DANILO ALBIN Bilbao 21/10/2014


"No me dé las gracias por venir. Esta embajada es mi casa". La frase corresponde al dictador argentino Jorge Rafael Videla, mientras que la delegación diplomática en cuestión tenía la bandera española en su fachada. Ocurrió un 24 de junio de 1976, durante un homenaje -a distancia- al rey Juan Carlos, coincidiendo con el día de su santo. Un par de años después, la Monarquía devolvió el gesto en formato de medalla: el salvaje general Videla, responsable de miles de asesinatos, mantuvo hasta el último día de su vida las condecoraciones firmadas por el monarca español, que en 1978 le concedió la Gran Cruz de la Orden del Mérito Militar y el Collar de la Orden de Isabel la Católica.

Estas distinciones son sólo un ejemplo de lo que ocurrió a espaldas de la opinión pública española en aquellos años. Según ha podido comprobar Público, durante los siete años y nueve meses que duró el sangriento régimen cívico-militar argentino, las autoridades de Buenos Aires y Madrid intercambiaron todo tipo de medallas, apoyos y regalos. De acuerdo a los registros consultados por este periódico, 23 militares argentinos fueron condecorados mediante decretos que llevaban la firma del rey Juan Carlos y de los ministros de Defensa de turno.

Entre los condecorados figuran personajes como el vicealmirante de la Armada, Antonio Vañek -uno de los principales jefes del campo de concentración que funcionaba en la ESMA-, el brigadier de la Fuerza Aérea Basilio Lami Dozo -otro de los máximos responsables del régimen- o el general José Rogelio Villarreal, quien durante la noche del golpe de Estado estuvo a cargo de la detención de la presidenta Isabel Martínez de Perón.

Del mismo modo, varios militares españoles -todos ellos de inocultable raigambre franquista- guardan a día de hoy en sus cajones las distinciones otorgadas por la dictadura de Videla. Uno de los primeros fue el capitán de navío Fernando de Salas, condecorado en una pomposa ceremonia celebrada en la embajada argentina en Madrid. También fueron premiados el general de Brigada Manuel Vallespín - jefe de la Segunda División del Alto Estado Mayor-, a quien el régimen condecoró en agosto de 1977 con la medalla del Ejército argentino, y el jefe de Policía de Madrid, Federico Quintero Morente, homenajeado con la Orden de Mayo al Mérito.




Documento sobre la condecoración de la dictadura de Videla a Fernando de Salas, al que ha tenido acceso Público.

El ahora rey Felipe VI, entonces príncipe de Asturias, también fue objeto de una distinción por parte del régimen militar. En octubre de 1981, la Armada argentina -uno de los cuerpos más brutales en materia represiva- designó al hijo de Juan Carlos de Borbón como "Guardiamarina Honoris Causa". La distinción fue recibida por el embajador de España en Argentina, Enrique Pérez-Hernández, quien posteriormente se encargaría de trasladarla a La Zarzuela.

Te voto si me votas

Ambos países no sólo intercambiaron medallas y elogios. Durante aquellos años, la dictadura de Videla y el gobierno de Adolfo Suárez establecieron un eficiente sistema que les permitió negociar la participación de sus respectivos estados en distintos organismos internacionales. El encargado de abrir el juego fue un sobrio diplomático español, Manuel Thomás de Carranza. El 28 de julio de 1976, el funcionario redactó una minuta en la que invitaba a Argentina a participar en el séptimo congreso del Consejo Internacional de Economías Regionales "y a ocupar junto con España -que presidirá dicho evento- la otra Presidencia reservada a un país Hispano-Americano".

El 11 de noviembre de ese mismo año, el gobierno de UCD se inmiscuyó en una cuestión tan delicada como la disputada soberanía de las Islas Malvinas, reivindicadas por los argentinos y ocupadas por los ingleses. En una nota de tres párrafos, el Ministerio de Asuntos Exteriores -por entonces a cargo de Marcelino Oreja- notificaba que "el Gobierno español, de acuerdo con su tradicional posición, prestará decidido apoyo a la reivindicación argentina sobre las Islas Malvinas".

"En este sentido -declaraba solemnemente el Ministerio-, se cursan instrucciones a la delegación de España en el XXXI período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas para que preste su apoyo al proyecto de resolución sobras las Islas Malvinas". Una semana después, el embajador argentino Leandro Enrique Anaya transmitía a Oreja la "complacencia y agradecimiento" de la dictadura "por el apoyo solidario a la reivindicación de soberanía sobre las Islas Malvinas, que concita un unánime sentimiento nacional argentino".


Documento en el que el Ministerio de Exteriores acepta la petición de apoyo de Argentina para entrar en el consejo de la OACI.

"Lazos de amistad"

Otro de los pactos se selló discretamente a comienzos de agosto de 1977, cuando media España estaba de vacaciones. Según consta en una nota fechada el primer día de ese mes, el gobierno de Suárez aceptó la petición de apoyo que le había formulado el régimen argentino para entrar en el consejo de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), aunque no lo haría gratuitamente. Tras invocar "los tradicionales lazos de amistad hispano-argentina", Exteriores anunciaba que apoyaría al candidato de la Junta Militar "en la seguridad de que la petición de apoyo hecha por España para su reelección (...) recibirá el mismo trato por parte de la delegación argentina".

Aún más increíble resulta la nota del 18 de noviembre de 1978, por medio de la cual Argentina informaba al Gobierno español sobre su postulación "para integrar la Comisión de Derechos Humanos" del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC) y pedía el respaldo de España, basándose en la "permanente y favorable disposición que ambos gobiernos han evidenciado ante recíprocas aspiraciones llevadas adelante en distintos foros internacionales".

Mientras negociaban estos acuerdos, los diplomáticos de Videla seguían coqueteando con los sectores más ultras del ejército posfranquista: el 15 de febrero de 1977, la embajada argentina destinó 20.000 pesetas a la compra de un obsequio en la lujosa tienda London's Shop para el capitán general de la Primera Región Militar, Federico Gómez de Salazar Nieto, un excombatiente franquista de la División Azul que había peleado junto a los nazis. Diez días después, la delegación gastó otras 2.152 pesetas en artículos ecuestres que fueron obsequiados al general ultraderechista Jaime Milans del Bosch, quien en 1981 participaría activamente en el fallido golpe de Estado del 23-F. Para Milans, Videla siempre sería un referente.



España financió a la dictadura de Videla

Archivos secretos revelan que el rey Juan Carlos, banqueros de la talla de los Botín y los principales funcionarios del gobierno de Suárez firmaron acuerdos económicos millonarios con el sangriento régimen argentino  

DANILO ALBIN Bilbao 20/10/2014 

El exterminio de seres humanos no sólo conlleva una serie de prácticas abominables, capaces de reducir a miles de personas "a la diezmillonésima parte de una mierda", tal como le gustaba decir a uno de los más crueles carceleros del franquismo. Ya fuese en la Alemania de Hitler, en la España de Franco o en la Argentina de Videla, las políticas represivas absorbían una parte sustancial del presupuesto estatal. Desde el soldado que activaba las cámaras de gas en Auschwitz hasta el torturador que hacía retorcer de dolor a sus víctimas en Buenos Aires, pasando por el verdugo español que destrozaba a sus condenados en el garrote vil... Todos, absolutamente todos, cobraban religiosamente a final de mes. 

En mayo de 1976, cuando aún no se habían cumplido dos meses del golpe de Estado en Argentina, los cuerpos policiales que aterrorizaban a los habitantes ya habían gastado un 70% de su presupuesto anual... y aún quedaba mucha gente por morir. En vísperas de un invierno austral que prometía sangre y dolor, los jefes policiales se vieron obligados a pedir una inyección de 12 millones de dólares. Según los cálculos realizados entonces, las tareas represivas iban a costar, al menos en 1976, unos 400 millones de billetes norteamericanos.

Videla necesitaba dinero fresco, pero antes tenía que encontrar países que quisieran socorrerleVidela necesitaba dinero fresco, pero antes tenía que encontrar países que quisieran socorrerle. Entonces, aquel general de bigotes y mal genio se acordó de la Madre Patria, que acababa de enterrar al dictador Franco y que empezaba, con muchas dificultades, a experimentar el camino de la democracia. Exactamente al revés que en Argentina, donde las desapariciones se habían convertido en moneda diaria. La comunidad internacional conocía ese extremo, algo que parece no haber importado mucho en Madrid: según consta en una gran cantidad de expedientes secretos localizados por Público, España firmó acuerdos económicos que dieron aire a la maltrecha dictadura y sus terribles tácticas de exterminio.   

Los archivos en poder de este periódico demuestran que el rey Juan Carlos fue el encargado de facilitar los acuerdos entre la España de la transición y la Argentina de los vuelos de la muerte. El 1 de julio de 1976, el monarca recibió en su despacho al embajador de Videla en Madrid, el general Leandro Enrique Anaya. De acuerdo al informe reservado elaborado por el diplomático, el rey tuvo "expresiones de beneplácito por el éxito con que nuestro Gobierno está afrontando los problemas económicos coyunturales que éste vive", al tiempo que se mostraba muy generoso ante la próxima visita a España del ministro de Economía de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz, uno de los máximos defensores del ultraliberalismo en Sudamérica.

Ante un Anaya que se salía de su uniforme, el rey Juan Carlos prometió que el responsable de Economía argentino "tendría la mejor acogida y disposición de banqueros, inversores e industriales, para concurrir al encauzamiento y solución de los problemas que pudieran plantearse y/o proponerse. En tal sentido, dijo que España estaba en el mejor estado anímico para concretar operaciones comerciales y financieras con la República Argentina". A lo largo de las semanas siguientes quedaría claramente demostrado que no se trataba de simples elogios.

Documentos Videla




Documentos de la reunión  de 1976 entre los ministros de economía argentinos y españoles, a los que ha tenido acceso Público.

De las palabras a los hechos
La primera buena noticia para Videla tenía un irresistible olor a parrilla. Cuatro días después de la reunión entre Anaya y el rey, Argentina anunciaba que había firmado un convenio con España para retomar la venta de carne a este país europeo, paralizada desde hacía seis años. El acuerdo se había cocinado durante una visita realizada a Madrid por los responsables de la Junta Nacional de Carnes de Argentina y traía como consecuencia inmediata una primera remesa de cuatro mil toneladas de piezas vacunas para el mercado español, lo que reportaría tres millones ochocientos mil dólares de ganancias para Buenos Aires. 

Cuatro días después de la reunión, Argentina anunció un convenio con España para retomar la venta de carne, paralizada seis años antesEl ministro Martínez de Hoz llegó a España pocas semanas después de este acuerdo, exactamente un 22 de julio de 1976. Durante su visita, el funcionario pudo moverse con total libertad por los despachos más importantes e influyentes del país. Entre las personalidades que le abrieron la puerta se encontraban el rey Juan Carlos, con quien se reunió en la mañana del 23 de julio, y el gobernador del Banco de España, Luis Coronel de Palma, que además ostentaba el título de Marqués de Tejada. También tuvo tiempo para reunirse a solas con el banquero Alfonso Escámez —presidente del ya desaparecido Banco Central— a quien le prometió que la dictadura argentina le devolvería la sucursal que había sido expropiada por el Gobierno peronista de Héctor Cámpora en 1973. 

En su intensa campaña por encontrar amigos con dinero, la Junta Militar también contactó con el poderosísimo Emilio Botín (padre) para anunciarle que su Banco Santander recuperaría las dos filiales que le habían quitado los peronistas. Coincidiendo con la visita de Martínez de Hoz, el diario Informaciones reveló que "en la última Junta General de Accionistas" del Santander Botín se había referido al "futuro y perspectivas económicas en la Argentina". "Después de los recientes acontecimientos políticos acaecidos en aquel país, tenemos fundadas esperanzas de que se volverá a la prosperidad del pasado, pudiendo asegurar que nuestra organización allí, que incluye cerca de 500 empleados y nueve sucursales, está plenamente preparada para participar en el resurgimiento de aquella gran nación. El nuevo Gobierno argentino nos ha ofrecido devolvernos las sucursales de Córdoba y Rosario que nos fueron expropiadas en 1973. Estamos en estos momentos concretando las condiciones en que ha de efectuarse dicha devolución", declaró el presidente del Banco Santander.

"Después de los recientes acontecimientos políticos, tenemos esperanzas de que se volverá a la prosperidad del pasado", dijo BotínEl mismo día en que la prensa hacía público el apoyo de Botín a los dictadores, tanto él como otros banqueros se sentaban a comer con Martínez de Hoz. Ante la apretada agenda del ministro argentino —que tenía menos de 48 horas para tratar de consolidar las relaciones económicas con políticos y empresarios españoles—, el Marqués de Tejada, haciendo gala de su cargo de gobernador del Banco de España, se encargó de prepararle un multitudinario almuerzo, en el que logró reunir en un mismo comedor a lo más selecto del sector público y privado. De acuerdo a la nómina de invitados que poco después fue enviada a la Junta Militar, en aquella comida de trabajo estaban presentes 64 personalidades españolas, entre las que figuraban los ministros de Comercio, Industria y Hacienda, así como los presidentes de los principales bancos de la época y un buen número de empresarios. El principal tema de conversación fue la relación entre España y Argentina, así como las posibilidades de negocios para ambos estados.  

Los representantes de ambos países se volvieron a ver las caras el 1 de diciembre de 1976, bajo el agobiante calor de Buenos Aires. Ese día comenzaron las conversaciones secretas entre Martínez de Hoz y el ministro de Comercio español, José Lladó, quien había sido designado por el presidente Adolfo Suárez para negociar un millonario acuerdo con la dictadura. Las negociaciones duraron 72 horas, al término de las cuales ambos ministros rubricaron un documento conjunto. De acuerdo al contenido de esos papeles secretos, ambos estados acordaron "poner en práctica un programa de cooperación económica y financiera" por el cual España vendería a Argentina "bienes de equipo, barcos de características especiales, dragas y otros elementos flotantes, así como equipos de carga y descarga para puertos, locomotoras y demás material ferroviario, y otros equipos y plantas industriales" por un valor global de 290 millones de dólares.



Documento sobre las conservaciones entre los ministros de economía de España y Argentina a los que ha tenido acceso Público


Para facilitar las cosas, el Banco Exterior de España se comprometía a establecer "una línea especial de crédito" que permitiría "amparar compras argentinas por un valor máximo de 150 millones de dólares". Además, España accedía a otorgar a Argentina "un crédito en condiciones concesionarias por valor de 50 millones de dólares". "Parte de este crédito —añade el documento reservado— será utilizado para colaborar en el desarrollo de la industria naval argentina".

Ese mismo 3 de diciembre, ambas delegaciones firmaron el "Protocolo de Cooperación Comercial y Financiera entre la República Argentina y el Gobierno de España" (ver PDF), un documento que llevaba el sello de "confidencial" y en el que se establecían los pasos a dar por cada país. Por un lado, la dictadura se comprometía "en el plazo más breve posible" a firmar contratos con la empresa Astilleros Españoles para la construcción de "dragas y remolcadores de diversos tipos y eventualmente otro tipo de buques a sugerencia de la Secretaría de Estado de Intereses Marítimos", por un valor aproximado de 140 millones de dólares.

Además, el Gobierno Militar garantizaba que se otorgarían "las máximas facilidades" para que las instituciones y empresas del sector público o privado argentino adquiriesen a España "bienes de capital por un valor de 150 millones de dólares" que serían financiados mediante la línea de crédito otorgada por Madrid.

Las otras cifras

Sólo durante los tres días que duró la visita del ministro español a Buenos Aires —entre el 1 y el 3 de diciembre— desaparecieron más de 100 personas. Los ciudadanos españoles, a pesar del apoyo económico que este país prestaba a la dictadura argentina, tampoco escaparon del horror. De hecho, pocas semanas después de rubricar el pacto financiero con el gobierno de Suárez, los subordinados de Videla no tuvieron ningún inconveniente en secuestrar, torturar y asesinar a un joven gallego que vivía en Buenos Aires. Se llamaba Urbano López Fernández, tenía 28 años, era auditor contable y en pocos meses iba a ser padre por segunda vez. El 31 de diciembre de 1976, mientras algunos brindaban, Urbano era fusilado junto a otros cuatro jóvenes.

Pese al apoyo, los subordinados de Videla secuestraron, torturaron y asesinaron a un joven gallegoLa desaparición de este ciudadano español no pareció inquietar demasiado al Gobierno de Suárez, que decidió continuar adelante con los negocios previstos. Entre el 22 y el 27 de abril de 1977, una delegación militar argentina, encabezada por el capitán de navío Raúl Francisco Bondoni, se trasladó a Madrid con el objetivo de firmar varios contratos "para la provisión por parte de Astilleros Españoles de un tren de dragado, dique seco, seis remolcadores de diversos elementos flotantes y material portuario de apoyo por un valor aproximado a los 220 millones de dólares", señala otro de los documentos reservados.  

De acuerdo a distintos informes elaborados por la embajada de Argentina en España, las relaciones comerciales entre ambos países alcanzaron su máximo histórico en plena dictadura. Por ejemplo, en 1977 se produjo "un notable incremento del comercio global que alcanza los 450,8 millones de dólares, cifra que no registra precedentes hasta el presente", destacaba la Consejería Económica de la Embajada en un informe. También resaltaba que el comercio entre España y Argentina "ha mantenido, en general, una tendencia creciente, que se ha producido por el aumento conjunto de las importaciones y exportaciones españolas a nuestro país. En este periodo, el comercio global pasó de 14,7 millones de dólares en 1961 a 450,8 millones de la misma moneda en 1977, lo que representa un ritmo de crecimiento anual promedio del 23,8%".

Falsa caridad

Los negocios secretos entre España y Argentina no habrían tenido un final feliz, al menos desde la óptica de los funcionarios de la dictadura. En abril de 1983, cuando ya faltaba muy poco para que el régimen se desvaneciera, el nuevo consejero comercial de la embajada argentina en España, Sebastián Iturrioz, elaboró un informe en el que desmontó la supuesta caridad de políticos, empresarios y banqueros españoles. En su nota de carácter "reservado", el funcionario advertía que "España hizo su negocio sin otorgar ninguna concesión". 

Entre otros puntos, Iturrioz  advertía que los acuerdos alcanzados entre ambos países en materia pesquera "permitió a la flota española desembarazarse de numerosas unidades —algunas obsoletas— que habían quedado inactivas". Además, el Gobierno de Suárez "desequilibró la relación societaria entre las partes y sometió al socio argentino (mayoritario) al arbitrio de la voluntad de aquél". "Otro gran acierto de España —añadía el consejero— consistió en su intensa participación en obras públicas que le fueron adjudicadas sin contrapartidas y —a veces— en perjuicio de las propias empresas argentinas", destacaba. Las reuniones con la Madre Patria, siempre bañadas en whisky y canapés, ya eran parte del pasado.









viernes, 18 de abril de 2014

754.- Con la iglesia y la banca topamos


Con la iglesia y la banca topamos

Mientras la cesión temporal del uso de ocho viviendas a otras tantas familias sevillanas que no tienen donde caerse muertas ha estado a punto de dinamitar el Gobierno andaluz, el robo de más de 5.000 bienes inmuebles por parte de la jerarquía católica ha pasado inadvertido para buena parte de la ciudadanía.




La apropiación de viviendas, huertos, viñedos, fincas, solares, almacenes, garajes, ermitas, iglesias, catedrales y hasta cementerios, por parte de la iglesia, se ha hecho legalmente.

La Ley Hipotecaria franquista de 1946 concede a los obispos el privilegio de inmatricular (registrar por primera vez) bienes que durante siglos han pertenecido al pueblo. Basta con su firma. Un privilegio ampliado en 1998 por Aznar, que incluyó entre los bienes que podían ser rapiñados los centros de culto. Como la mezquita-catedral de Córdoba.

Por 30 míseros euros pagados en el Registro de la Propiedad, el obispado cordobés se ha hecho con la propiedad de una joya con 12 siglos de historia. Será difícil revertir ese robo. Porque de eso se trata: un robo, como coreaban, hace un par de semanas, los manifestantes convocados por la Plataforma pro mezquita.

Este país tiene pendiente la asignatura de la religión católica. Iglesia y Estado se confunden. Estos días, alcaldes y concejales desfilan en miles de procesiones en representación de instituciones laicas. Un disparate.

El escándalo protagonizado por el cardenal Rouco Varela en los funerales del expresidente Suárez ha animado al PSOE a proponer al Congreso una regulación laica de los actos de Estado. Que se reserven los actos religiosos al ámbito de lo personal y privado. Veremos que en qué queda.

El abuso de los privilegios otorgados a la iglesia se resume en esos 5.000 bienes (según Europa Laica; 4.500, según el Registro de la Propiedad), que han pasado a sus manos en poco más de 10 años.

Este despojo masivo de bienes públicos ha alcanzado tales proporciones que hasta el Gobierno católico de Rajoy ha decidido ponerle coto. En el anteproyecto de reforma de la Ley Hipotecaria que prepara se elimina ese increíble privilegio. Eso sí, la nueva ley entrará en vigor un año después de ser publicada en el BOE, lo que permitirá a la iglesia rematar su particular expolio.

La sentencia de otro tribunal, el Constitucional, viene a echar más leña al fuego del problema de la vivienda. El Constitucional confirma la suspensión de la ley antidesahucios andaluza. Dicen que pone en peligro la solvencia del sistema financiero. Como siempre, gana la banca. Con ella y con la iglesia topamos.

Mientras, auscultan la letra pequeña para decidir cuantos kilos de miseria acumulan ocho familias sevillanas para ver si son merecedoras de que les dejen usar provisionalmente una vivienda social. ¡Qué indecencia!

@JRomanOrozco

jueves, 27 de marzo de 2014

717.- Indice de libros prohibidos en España

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Indice de libros prohibidos

Casa Real encabeza el índice de libros prohibidos en España, como con la Inquisición


Al menos diez libros que afectan a los principales personajes de la partitocracia o de la Historia de España han sido censurados por los medios de comunicación españoles o por su “establisment” académico y forman parte del conocido “Índice” que, al igual que en la época de la Inquisición, rige para las publicaciones comprometedoras. Cinco siglos después, aquel “Index expurgatorius” sigue teniendo vigencia y esta es la primera parte de la lista de los 10 proscritos, susceptible de ser ampliada con los testimonios de los lectores, pero hoy encabezada por varios títulos relacionados con la Casa Real española.

Periodistas de varios medios de comunicación están haciendo llegar a “Espía en el Congreso” sus denuncias por el aumento “considerable” de la “presión” y la “censura” de dirigentes políticos, grandes empresarios y sobre todo de Casa Real para evitar la difusión de investigaciones y denuncias sobre la corrupción de las élites españolas.

La queja se relaciona con las habituales peripecias del rey y la cada vez mayor cercanía de las elecciones europeas de 2014, así como con las encuestas que vaticinan la pérdida de 11 millones de votos por parte de los principales partidos, fundamentalmente PP, PSOE y CiU. De todo ello informaremos en cuanto podamos documentar estas denuncias, pero hoy nos detendremos en otro tipo de censura: frente a las prohibiciones más burdas que los mass media acostumbran a ordenar, figuran otras que aluden expresamente a determinados libros que, tras el revuelo que ocasiona su salida, son rápidamente confinados en el ostracismo para evitar su divulgación y lectura. Estos son algunos de ellos:


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“23-F, el rey y su secreto” de Jesús Palacios (Libros Libres).  

La censura hacia este libro la justificaban en el Grupo Prisa con el calificativo de “extrema derecha” cuando su autor, profesor en la Universidad Complutense sin militancia política alguna, se limita a recoger y documentar el testimonio del embajador de EE.UU en Madrid, Terence Todman al que se ha sumado también Lothar Lahn, embajador alemán. Cada vez surgen más testimonios que acreditan como el golpe de Estado fue organizado por el rey junto a los principales políticos de la época (Felipe González, Enrique Múgica, Santiago Carrillo, Solé Turá y Manuel Fraga, entre otros) para derrocar a Adolfo Suárez y formar un “Gobierno de concentración”. Como Suárez no tragaba, para lograr sus fines aprovecharon el descontento militar, jugaron a dos bandas con múltiples ambiguedades y después, cuando se les fue de las manos por la “opereta” del coronel Tejero al ser ésta retransmitida inesperadamente por una cámara de TVE, se presentaron a la opinión pública como víctimas. Jugaron con fuego y estuvieron a punto de chamuscarse, lo que se dejó entrever gracias a una indiscreción de la reina Sofía sobre los militares golpistas: “El rey los engañó a todos”.

El conciliábulo de aquella noche en el Congreso, sólo parcialmente escrito, pretendía mantenerse en secreto pero la médico del Congreso, Carmen Echave, escuchó algunos de sus detalles, que también han sido hurtados del relato oficial aunque por fortuna están escritos. Y además Tejero se negó a utilizar el avión que le tenían preparado desde Zarzuela para exiliarse. De aquel monumental engaño a los españoles, que gozó de la complicidad de los principales periodistas y políticos de la época que se enriquecieron con su silencio, surgió uno de los principales mitos de la actual partitocracia, hoy ya muy deteriorado, de ahi la importancia en censurar este libro.



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“Adiós Princesa” de David Rocasolano (Ediciones Akal). 

Aunque se le ha tildado de “vendetta” del primo de Letizia, lo cierto es que si prescindimos de los “chascarrillos” rosas y de los asuntos más privados (el aborto de la princesa es uno de ellos), el libro arroja suculenta información de primera mano sobre el funcionamiento cotidiano de la Casa Real, sus protagonistas y el verdadero carácter de sus personajes, algo que no asoma habitualmente a la luz pública por falta de testimonios directos. Los fariseísmos y corrupciones de la Familia Real, de los que informaremos próximamente, son lo más jugoso de este volumen..



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“Gaviotas que ensucian su propio nido” de Illy Nes (Bubok). 

Que un dirigente gay del PP como era Carlos Alberto Biendicho desvele las tripas de la homosexualidad oculta en Génova 13 es algo cuando menos curioso, pero si además se documentan profusamente las salidas del armario de su líder, Mariano Rajoy, junto a media docena más de conocidos dirigentes del partido (hombres y mujeres, como Rita Barberá, Miguel Angel Cortés o Luisa Fernanda Rudi) el silencio hacia este libro resulta escamante.




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“Un rey golpe a golpe” de Patricia Sverlo. (Ardi Bertza). 

La biografía mejor documentada de Juan Carlos podía haber sido un clamoroso éxito de ventas pero los medios de comunicación se conjuraron para silenciarla todo lo que pudieron, con el argumento de que había sido ¡editada! por un periodista condenado por terrorismo. Fue una manipulación más: su autora, hoy profesora en Barcelona, tuvo que refugiarse en un pseudónimo para evitar represalias y solo encontró posibilidad de publicar el libro en el entorno abertzale o en Francia, lo que la condenaba a no ser leída en España. Si los ciudadanos leyeran este libro, la monarquía de partidos se disolvería en nuestro país como un azucarillo, situación que de hecho ya está ocurriendo porque el libro circula libremente por internet.




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“Cisne. Yo fui espía de Franco” de Luis González Mata (Argos Vergara). 

Si hay algún personaje que merezca la pena en los estertores del franquismo ese es Luis González Mata, uno de los principales espías de los servicios secretos del régimen, que al final de su vida se decidió a “cantarlo” todo y publicarlo en un libro. Infiltrado en la mayor parte de los movimientos antifranquistas, González Mata revela como los rusos vendieron a Franco la información que les proporcionó o robaron a Santiago Carrillo sobre la infraestructura del PCE en España a cambio de la información que el dictador tenía sobre los americanos en la negociación de las bases militares, lo cual pudo costarle la vida a Carrero Blanco por la inacción americana ante su atentado. No se entiende como la documentación que aporta este libro sobre ese y otros sucesos no forma parte del acervo histórico de España si no es por la pervivencia de una censura que alcanza no solo a los vivos sino a los muertos que puedan poner en tela de juicio el relato histórico de un régimen que ha sido continuidad del franquismo con la complicidad de todos los que se llevaron algo en el trasvase.


Concluímos esta reflexión sobre los “libros prohibidos” en España con otros cinco títulos proscritos: El primero hace referencia al político y banquero Jordi Pujol, ex presidente de Cataluña, que logró erradicar de las librerías el volumen que afloraba las tropelías financieras de su padre, Florenci Pujol, experto en evasión de capitales y encarcelado por ello. De aquellos polvos vinieron estos lodos que tan bien manejan sus herederos y que han gozado durante decenas de años de la misma impunidad judicial en Cataluña que la que posee el rey Juan Carlos de Borbón en el resto de España. Junto a este libro, una biografía de Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, un libro del politólogo republicano Antonio García Trevijano y dos volúmenes heterodoxos sobre Miguel de Cervantes y Cristóbal Colón, repudiados por el academicismo oficial, completan el vigente “Index expurgatorius” que, al igual que en tiempos de la Inquisición, aún rige consciente o inconscientemente en España.

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“Jordi Pujol: en nombre de Cataluña” 
de Félix Martínez y Jordi Oliveres (Ed. Debate). 

Jordi Pujol goza de la misma impunidad en Cataluña que el rey en el resto de España

Aunque gozan de la máxima impunidad, tanto en Cataluña como Madrid, los Pujol han evadido decenas de millones de euros fuera de España pero ninguno entrará jamás en la cárcel y ni siquiera será procesado. Dos periodistas alertaron hace años que el dirigente nacionalista catalán no era trigo limpio y que le guiaban más afanes financieros que políticos, por muy bien que disfrazara su discurso y lo envolviera de manera oportunista en la senyera. Hoy los hechos vienen a darles la razón, pero su libro sigue estando censurado porque cuestiona la moralidad de una familia que lleva la corrupción en los genes desde que el patriarca, Florenci Pujol, padre del presidente de la Generalitat y abuelo de los codiciosos nietos, fuera encarcelado por evasión de divisas.
La evasión de capitales, especialidad de la familia
Jordi Pujol vendió a su socio republicano al franquismo a cambio de Banca Catalana


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“Florentino Pérez, retrato en blanco y negro de un conseguidor” 
de Juan Carlos Escudier (Akal). 

En España a nadie extraña que solo se permita construir rascacielos en la Castellana a un solo constructor, o que el palco del Real Madrid se llene habitualmente de banqueros, políticos, empresarios y periodistas para organizar un fabuloso tráfico de influencias a costa del contribuyente. Tampoco que un presidente dilapide cientos de millones de euros cada temporada y mientras que los clubes exportaron en 2013 por primera vez 150 millones de euros en jugadores, él solo desequilibró la balanza de pagos nacional con los 100 millones que ha gastado con Bale. Su poco tino le llevó a pagar 40 millones por Illarramendi cuando tenía gratis a Casemiro en casa. Pero esto son solo significativas cuestiones futbolísticas de un presidente derrochador, cuando estamos ante uno de los miembros más afamados de la “casta”, conocido en el mundo entero por sus tropelías, despilfarros y negocios siempre al amparo del sector público y el poder. Este libro lo desenmascara, pero la censura mediática lo condenó a galeras. No obstante, sus procedimientos intimidatorios, parecidos a los que usan en el sur de Italia (el periodista José María García asegura que “Floren” intentó comprarlo), le obligan a realizar piruetas cada vez más complicadas que alguna vez lo llevaran a la lona: el homenaje a Raúl o a Del Bosque, a quienes él mismo expulsó antes del Real Madrid, y la complicidad con el rey para mejorar su escasa popularidad, revelan que ya solo da golpes de ciego. Su segunda caída será la más estrepitosa de la partitocracia y mucho más dolorosa que la primera.



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“Teoría Pura de la República” de Antonio García Trevijano. 

El viejo pensador y filósofo, referente del republicanismo en España,  se ha convertido en un testigo incómodo de la Transición que ha logrado sobrevivir a casi todos los que traicionaron las ideas demócratas a la muerte de Franco: muertos Manuel Fraga, Santiago Carrillo, Peces Barba, Solé Turá y Gabriel Cisneros, enfermos Juan Carlos de Borbón y Adolfo Suárez, jubilado y desacreditado Jordi Pujol, escondidos, viviendo del erario público y avergonzados Alfonso Guerra y Herrero de Miñón, enriquecidos y opulentos Felipe González, Miquel Roca, Pérez Llorca y Enrique Múgica… el abogado García Trevijano los conoció a todos en la intimidad cuando se trataba de construir un nuevo régimen en España. Por fortuna, dejó escrita su “Teoría Pura de la República”, donde explica como debería empezar a construir una arquitectura democrática y política en España digna de tal nombre, pero Trevijano sufre el silencio, cuando no el ataque, de quienes no soportan su decencia moral e ingobernable espíritu crítico. Esa miopía general y ausencia de altura de miras impide que progresen aún más sus ideas, ya muy extendidas entre las capas ilustradas de la sociedad española, aunque ya es sintomático que su libro de referencia y toda su biblioteca solo pueda leerse en internet.



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Ruta de Don Quijote de la Mancha” de Leandro Rodriguez. 

El cervantismo oficial es un próspero negocio en España, aún a costa de mantener desinformados y en la ignorancia, tanto en espíritu como en la letra, al emblema del idioma y la cultura española. Al igual que las élites políticas han secuestrado la democracia, las élites sindicales han sustituido a los trabajadores y las élites empresariales, bancarias y financieras han saqueado el país, las élites académicas se han apropiado de la figura de Cervantes y no soportan discrepancia o heterodoxia alguna en torno suya. Comandan esta partida el filólogo Francisco Rico, que ha tejido un emporio editorial en torno a su ortodoxia, con millonarias subvenciones por medio de las que luego se beneficia, y Francisco de la Concha, actual responsable del Instituto Cervantes y ex director de la Academia de la Lengua. Fuera de este abrevadero, el cervantismo no oficial aparca en la riqueza de las relecturas e investigaciones contemporáneas e independientes y ahí figuran dos nombres excepcionales: Leandro Rodríguez y César Brandariz (“Cervantes decodificado” o “El hombre que hablaba difícil”). Acreditados investigadores sólidamente formados pero sin el “plácet” de las autoridades, sus conclusiones ponen en solfa la imagen que de Cervantes han transmitido los gobernantes de la cultura española. Sus libros figuran en lo más alto del “Index expurgatorius” y su sola mención en los círculos académicos o mediáticos de la cultura oficial suscita el anatema o el ataque de nervios.



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“La geografía secreta de América” de Jacques de Mahieu. 

Con este libro en torno a otra de las figuras míticas de la cultura española, Cristobal Colón, ocurre otro tanto. Su autor, acusado al tiempo de “nacionalista-socialista” o “comunista” (y no sin cierta razón), ha sido desacreditado por sus adversarios académicos utilizando razones políticas. Sin embargo, en este volumen sobre el descubrimiento de América, sólidamente construido y documentado, se contextualiza mejor el mito de Cristóbal Colón, aunque destruya centenares de investigaciones y apriorismos en torno a aquel hecho excepcional que fue la incorporación de un nuevo continente a la Modernidad. El antropólogo Mahieu, pese a sus ideas y quimeras políticas, introdujo una nueva percepción histórica sobre el descubrimiento de América que los historiadores oficiales se empeñan en enterrar y vilipendiar, pero que emerge de manera cada vez más diáfana y evidente.

Un espía en el congreso