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sábado, 14 de enero de 2012

266.- La Guerra de los Boers

Indiciplinados pero valientes los boers (labradores holandeses) se enfrentaron al formidable ejército británico



La Guerra de los Boers

El descubrimiento de oro y de diamantes en el extremo austral del Africa, en 1899, despertó la codicia británica, que reclamó todo el territorio de lo que hoy es República de Sudáfrica como suyo. Quienes habían hecho el hallazgo, en su mayoría campesinos (eso significa boers), descendientes de holandeses, se consideraban dueños de los territorios de Transvaal y Orange. Entre otras cosas, porque Inglaterra había reconocido su independencia, y además porque fueron ellos y no los ingleses quienes habían luchado contra zulúes y matabeles para civilizar la región. El enfrentamiento —que tuvo un corresponsal de guerra de lujo, enviado por el Times de Londres: Winston Churchill— fue inevitable; el resultado de la contienda, también: mientras los boers, aunque eran excelentes tiradores y conocían bien la zona, carecían de instrucción militar, los ingleses, con mejor armamento y mayor cantidad de tropas, dirigidos por Horatio Kitchener, quien ordenó la matanza de niños y mujeres (asesinaron a 25 mil) y la quema de las granjas, derrotaron a los campesinos, de los cuales 18 mil murieron en los campos de batalla en 1902.


Sudáfrica: Se sabe muy poco de estas tierras hasta el siglo XV, en que una expedición portuguesa dirigida por Bartolomé Díaz (1488) llegó hasta el cabo de Buena Esperanza, al que llamó de las Tormentas. Nueve años más tarde Vasco de Gama entró en la bahía de la Tabla y desembarcó en tierra firme el día de Navidad, a causa de lo cual llamó a esta tierra Natal, pero el establecimiento no se efectuó hasta 1620 en que dos capitanes británicos tomaron posesión de El Cabo en nombre de Jacobo I. En 1652 la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, levantó una estación fortificada en El Cabo. El congreso de Viena (1815) entregó a los ingleses este territorio. En aquellas fechas se encontraron minerales auríferos lo que impulsó la inmigración, pero la invasión no fue aceptada por los colonos holandeses (boers) que se internaron en los ríos Orange y Transvaal. Esto dio lugar a la guerra de los boers (1899) que terminó con el triunfo de las armas inglesas. El proyecto de Constitución de un Estado federativo bajo la Comunidad de Naciones fue publicado en 1909 y poco después pasaron a convertirse en provincias de esta Unión las colonias inglesas de El Cabo de Buena Esperanza, Natal, Transvaal y el Estado Libre de Orange, quedando integrada la que se llamó Unión Sudafricana (1910). Durante la Primera Guerra Mundial los boers intentaron recuperar la independencia del Transvaal, sin conseguirlo. Al final de dicha guerra se le asignó un mandato sobre Africa del Sudoeste (Namibia). En el año 1961 se independizó de la Mancomunidad británica y cambió el nombre de Unión Sudafricana que llevó hasta entonces, por el de República Sudafricana.

Información Sobre La Guerra: Esta guerra fue un conflicto bélico entre Gran Bretaña y los aliados afrikáners del Transvaal y el Estado Libre de Orange, que tuvo lugar, desde 1899 hasta 1902, en el sur de África, concretamente en los territorios que actualmente forman Suráfrica.

TENSIONES QUE CONDUJERON A LA GUERRA

Durante el siglo XIX, después de que Gran Bretaña consiguiera (1814) el cabo de Buena Esperanza y expandiera sus posesiones en el sur de África, surgieron sentimientos encontrados entre la población de ascendencia holandesa, conocida como bóer o afrikáner, y los colonos británicos. Esto provocó la migración bóer denominada la gran Trek (1835-1843) y el consecuente establecimiento de las repúblicas bóers: Natal (1840), Transvaal (1848) y el Estado Libre de Orange (1854). En 1886 el escenario estaba preparado para la guerra con el descubrimiento de oro en Witwatersrand, región que entonces ocupaba partes del sur del Transvaal. El influjo de miles de mineros y prospectores británicos como colonos de la zona condujo a la fundación y muy rápido desarrollo de la ciudad de Johannesburgo en el Transvaal. Los bóers, principalmente agricultores, protestaron por la invasión de los cazadores de fortuna británicos, a quienes denominaban uitlanders (extranjeros), y como muestra de sus sentimientos, les gravaron con unos onerosos impuestos y les denegaron el derecho al voto. El resentimiento en ambas partes siguió aumentando durante unos años y al final condujo a una revuelta por parte de los uitlanders en Johannesburgo contra el gobierno bóer.


Esta revuelta fue instigada por el político y financiero colonial británico Cecil Rhodes, por entonces primer ministro de El Cabo de Buena Esperanza (o Colonia de El Cabo; posteriormente Provincia de El Cabo y, en la actualidad, provincias de El Cabo Oriental, El Cabo Occidental y El Cabo del Norte), que deseaba que todo el sur de África perteneciera al Imperio Británico. En diciembre de 1895, sir Leander Starr Jameson, amigo de Rhodes, dirigió un grupo de 600 británicos armados en un intento desautorizado de apoyar a los uitlanders rebeldes del Transvaal. Denominada la incursión de Jameson, la aventura dio como resultado la captura y encarcelamiento de Jameson y la dimisión de Rhodes. Más tarde, Jameson fue primer ministro (1904-1908) de la Colonia de El Cabo.
Las negociaciones directas para resolver el problema de Suráfrica resultaron infructuosas y la hostilidad entre bóers y uitlanders no disminuyeron. El presidente del Transvaal, Paulus Kruger, nunca dejó de intentar suprimir las libertades de los uitlanders. En 1899 el recién nombrado gobernador británico de la Colonia de El Cabo, Alfred Milner, que estaba muy resentido del trato bóer a los británicos, promulgó decretos para transformar las tropas británicas compuestas por 12.000 efectivos en el sur de África en un ejército de 50.000 hombres. El 9 de octubre de 1899, Kruger requirió la retirada de todas las tropas británicas de las fronteras del Transvaal en 48 horas, y como alternativa la guerra abierta.

BATALLAS IMPORTANTES
El incumplimiento británico de las demandas de Kruger llevó consigo la acción inmediata, los bóers declararon la guerra el 12 de octubre de 1899. Las fuerzas bóers, que en un principio tuvieron éxito, invadieron los territorios británicos de Natal (anexionado por los ingleses en 1843) y la Colonia de El Cabo. En unos días consiguieron rodear a las tropas británicas en Ladysmith (Natal), en Mafeking (actualmente Mafikeng) y Kimberley (Colonia de El Cabo). En diciembre, el comandante en jefe británico sir Redvers H. Buller envió nuevas tropas para socorrer a las fuerzas británicas sitiadas en las tres zonas de guerra: Colenso (Natal); las colinas de Magersfontein en el Estado Libre de Orange y las fronteras de la Colonia de El Cabo; y la cadena montañosa de Stormberg, en la Colonia de El Cabo. En una semana, denominada por los británicos la Semana Negra, cada una de las nuevas unidades fueron derrotadas por las fuerzas bóers.
El 10 de enero de 1900, fue enviado el general británico Frederick Sleigh Roberts para sustituir a Buller como comandante en jefe. (Sin embargo, Buller continuó la lucha durante la guerra.) A comienzos de febrero, Roberts envió al comandante británico John Denton Pinkstone French al norte para socorrer la ciudad de Kimberley; el objetivo de French fue conseguido cuatro días después. Al mismo tiempo, Roberts emprendió una marcha hacia el noreste desde la Colonia de El Cabo hasta el Estado Libre de Orange. Atacado por el general bóer Piet Cronje el 27 de febrero, Roberts se defendió con éxito y obligó a aquél y a sus tropas a rendirse. El 13 de marzo, Roberts entró en Bloemfontein, capital del Estado Libre de Orange. Dos meses después, el 17 de mayo, fue socorrida la asediada Mafeking, que era defendida por las tropas al mando del británico Robert Baden-Powell. Roberts capturó Johannesburgo el 31 de mayo y Pretoria, capital del Transvaal, el 5 de junio. Debido a estas derrotas, el presidente Kruger huyó a Europa, y Roberts, creyendo que había ganado la guerra, regresó a Inglaterra en enero de 1901.

GUERRA DE GUERRILLAS
La satisfacción británica duró poco tiempo. Los líderes bóers, entre ellos soldados y futuros estadistas como Louis Botha, Jan Christiaan Smuts y Christian de Wet, lanzaron una extensa y bien proyectada guerra de guerrillas contra las tropas de ocupación británicas. La lucha continuó hasta 1902 y sólo fue sofocada a través de la severa táctica del nuevo comandante en jefe británico lord Horatio Herbert Kitchener. Agotó al enemigo devastando las granjas bóers que mantenían y escondían a las guerrillas, llevando población civil, principalmente mujeres y niños, a campos de concentración y construyendo una cadena estratégica de formidables blocaos (pequeños fortines) de hierro para sus tropas.

TRATADO DE VEREENIGING
Las negociaciones de paz comenzaron el 23 de marzo de 1902, y el 31 de mayo los líderes bóers firmaron el Tratado de Vereeniging. El acuerdo concluyó las hostilidades, otorgando el autogobierno al Transvaal y al Estado Libre de Orange, como colonias del Imperio Británico, y permitió la utilización del afrikaans en las escuelas y en los tribunales. Inglaterra acordó a cambio pagar 3 millones de libras esterlinas de indemnización para la rehabilitación, y concedió la amnistía y la repatriación a los soldados bóers que prometieran su lealtad al monarca británico.
Como resultado de la guerra los ingleses perdieron unos 28.000 hombres y los bóers unos 4.000, así como unos 20.000 civiles que murieron de enfermedades en campos de concentración.

El Tratado de Vereeniging llevó la paz y la unificación política a Suráfrica, pero no eliminó las causas subyacentes que iniciaron el conflicto. Incluso después del establecimiento de la Unión Surafricana en 1910, los bóers se mantuvieron durante mucho tiempo cultural y socialmente a un lado, hasta la década de los años cuarenta.
WINSTON CHURCHILL (1874-1965) Político Inglés

Nació en Woodstock, condado de Oxford, el 30 de noviembre de 1874 , en el castillo de Blenheim. Hijo de lord Randolph y de Jeannete Jerome y educado por una institutriz, peregrinó por varias escuelas en las que no brilló como estudiante. Admitido en la escuela militar de caballería de Sandhurst, permanece en el ejército hasta 1899, tras haber participado en varias operaciones. Alcanzó la fama al evadirse de la cárcel tras la guerra de los boers, en la que participó como corresponsal del "Morning Post". En el partido liberal, logra su primer cargo de gobierno en 1906 en el ministerio de Campbell-Bannerman, como subsecretario de Colonias; luego ministro de Comercio de 1908 a 1910 y del Interior de 1910 a 1911 en el gabinete de Asquith, y al estallar la Guerra Europea, era Primer Lord de Altamiranazgo, cargo ocupado de 1911 a 1915.

Es nombrado canciller de Exchequer de 1924 a 1929 por Baldwin, para verse alejado otros diez años, hasta que gracias a él, y ante la II Guerra Mundial, sus compañeros de partido llegaron a reconocer sus propios errores y le ofrecieron, como Primer Lord del Almirantazgo (1939-1940) y Primer Ministro (1940-1945), la ocasión de encumbrarse y aparecer como representante de la defensa británica y de la conciencia liberal del mundo. Durante el período conocido de su vida como "los años perdidos" (1930 a 1939), se dedicó básicamente a escribir. Cuenta con una moderada obra narrativa, crónicas bélicas y varios volúmenes de discursos. Entre sus obra destaca la biografía de su padre, "Lord Randolph Churchill", (1906); "The World Crisis", la historia de la Primera Guerra Mundial hecha entre 1923 y 1929 (a volú.), sus memorias de la II Guerra Mundial (6 volúm.) de 1948 titulada "The Gathering Storm" y otras más de carácter histórico, periodístico y biográfico.

Su obra sobre la II Guerra Mundial, junto con toda su labor histórica le reportó el Premio Nobel de Literatura de 1953, año en que es nombrado Caballero de la Jarretera por Isabel II, con el tratamiento de "Sir". A sus ochenta años, en 1955, se retira de la política y reanuda la "Historia de los pueblos de lengua inglesa", que había iniciado veinte años antes y del cual entregó su primer tomo en 1956. Winston Churchill, que fallece el 24 de Enero de 1965, y uno de los grandes políticos de nuestro siglo, siguió siendo aclamado por Inglaterra aún después de su muerte.

jueves, 29 de diciembre de 2011

151.- Carta del ATLÁNTICO


1941: LA CARTA DEL ATLANTICO, 
gana el colonialismo


La "blitz-krieg" (guerra relámpago) desencadenada por Hitler con tremendas pérdidas humanas (no tanto en Coventry, según he podido demostrar en algún otro lado), pero sí en Londres, en el estuario del Támesis, por ejemplo, cuya cobertura estaba a cargo de cineastas famosos -Sir Alexander Korda, por ejemplo- y los mejores fotógrafos, hizo que Roosevelt pensara en echar una mano a Churchill, sin que nadie se diera cuenta.

El hijo de Roosevelt, aviador, Elliot, había elegido con cuidado en la bahía de Argentia, cercana a la base de las fuerzas norteamericanas de San Juan de Terranova, llena de naves de guerra, un lugar para una reunión secreta.

Allí llegó Churchill en el acorazado "Príncipe de Gales", acompañado por Harry Hopkins con un séquito de miembros de la prensa. En seguida el Primer británico puso al corriente a Roosevelt de que los límites de producción de armamento y subsistencia de Inglaterra estaban prácticamente agotados y que si Hitler emprendía una segunda ofensiva tendrían que rendirse o negociar.
Según Roosevelt hijo, que estaba presente y es el único que ha escrito sobre el tema, decía lo siguiente: "Ya durante la primera cena, Churchill se adueño de todos nosotros (Roosevelt y todos los altos militares y prensa), estuvo brillante, con la convicción de que éramos suyos. Echaba atrás la silla, movía el cigarro puro de un lado al otro de la boca, se adelantaba con hombro de toro, agitaba elegantemente sus manos, le centelleaban los ojos. Ahí estaba el león. Y al final -termina Elliot- cuando veía la partida ganada, Sir Winston dijo: "Hitler y sus generales son necios. Inglaterra siempre gana las guerras".
Churchill y Roosevelt fueron los artífices del tratado.
La partida de la ayuda del Tío Sam estaba ganada por el genio del Premier. Quería que en virtud del acuerdo de "préstamos y arriendos", parte de la ayuda al Tío Joe (Stalin) fuera a Inglaterra. No obstante Roosevel habló de, si se deseaba una paz estable, al vencer a Hitler quedarían anulados los convenios económicos de nación favorecida (frente al sudeste asiático), que los aliados brindarían ayuda a los pueblos atrasados, nada de seguir chupando la sangre a un país colonizado ni sus materias primas. Fin del siglo XIX. Cuando Roosevelt mencionó -como ejemplo- a India y Birmania- Churchill le dijo: ¿Y qué hay de las Filipinas?

"La paz sin despotismos" -terminó el presidente norteamericano. "Pero será posible respetar convenios económicos existentes" -replicó Churchill. Luego en conversación, Roosevelt dijo a su hijo: "Es un verdadero viejo Tory, de la vieja escuela. Trataré de entenderme con él: lo necesita. Siempre y cuando -dijo Elliot- que no toques a la India, ni a Birmania, ni a Java, ni a Indonesia, ni a Egipto, ni a Palestina, ni..."

La Carta del Atlántico., Se aprobó de hecho en el camarote del yate "Augusta", gracias a la tenacidad de Sumner Welles. Churchill firmó lo que le presentó Roosevelt que era una severa sentencia condenatoria del colonialismo en todos los aspectos: nada de cambios territoriales, respeto a los derechos de todos los pueblos, nada de amenazas, etc.

Elliot Roosevelt publicó, a la muerte de su padre, un grueso libro, muy opuesto a la actitud postbélica de Churchill y prologado por su madre Eleanor Roosevelt, que dice que "no tomó ninguna parte en su redacción", quizá porque era una profunda admiradora de Gandhi y su causa.

Pero también es cierto que en la declaración de los Derechos del Hombre de 1948, en que ella corrigió los borradores de nuestro René Cassin, su redactor, está todo lo que no se cumplió en la Carta del Atlántico, incluido el criterio de un mundo no violento de Gandhi. Pero eso también está cayendo en el olvido.


La carta la manejó Churchill al volver a Inglaterra, con maestría, sin citar a ningún país del Tercer Mundo. La frase de "No estamos solos" creó un entusiasmo enorme en las islas y en la Europa ocupada, aunque, en teoría, era el fin de los Imperios, incluido el suyo.

El 7 de diciembre de 1941, es decir, cuatro meses después de la Carta del Atlántico, los pilotos japoneses con sus vendas de seda rituales en sus frentes, tuvieron la osadía de atacar a la flota norteamericana en Pearl Harbour, en las islas Hawaii y la guerra llegó a todas las casas norteamericanas.

En sí ese tipo de aventuras, las cabriolas militares tras las líneas enemigas y los ejércitos secretos -costaran o no vidas- las unidades y operaciones especiales, el minado de ríos y mares, fascinaban a Sir Winston aunque, Hiro-Hito era su amigo personal que había visitado Inglaterra años antes como príncipe.
Esta vez era diferente y telefoneó a Roosevelt, diciéndole que iba a declarar de inmediato la guerra a Japón. Pero añadió: "Así, al fin y al cabo, hemos vencido ya", lo que hizo fruncir el ceño al vapuleado y deprimido Roosevelt. Las versiones sobre la cuestión de Pearl Harbour y sus secretos y enigmas llegan al infinito. Es difícil llegar a la verdad.

Alberto Elosegui

http://albertoelosegui.blogdiario.com/1145004540/








Esta declaración se basaba en ocho puntos:

1. Ninguna de las dos naciones busca engrandecerse territorialmente.
2. Ambos países rechazan la idea de cambios territoriales a no ser que se hagan con el consentimiento de los pueblos afectados.
3. Respetan la libertad de los pueblos al elegir su forma de gobierno y proponen que los derechos de soberanía fueran devueltos a los pueblos a los que se les había arrebatado.
4. Se esforzarían por ofrecer las mismas condiciones de comercio a todos los estados por igual, así como el abastecimiento de las materias primas.
5. Pretenden conseguir la colaboración entre todas las naciones con el objetivo de mejorar las condiciones laborales, el desarrollo económico y las condiciones sociales.
6. Al vencer la tiranía nazi, pretenden establecer la paz mundial en la que todos los países se sientan seguros dentro de sus propias fronteras.
7. La paz mundial permitiría navegar en los mares y océanos en libertad y sin miedos.
8. Con el objetivo de conseguir la paz en el mundo, se propone la renuncia a la fuerza, es decir, el desarme voluntario de las naciones para evitar amenazas.





miércoles, 28 de diciembre de 2011

108.- Carta de WINSTON CHURCHILL a su esposa





Carta de Winston Churchill a su esposa


Mi querida Clemmie:

En tu carta desde Madras me escribiste algunas palabras muy queridas por mí, sobre cuánto enriquecía tu vida. No puedo expresarte qué placer me dio esto, porque me siento siempre de forma aplastante tu deudor, si puede haber cuentas en el amor.... Lo que ha sido para mí vivir todos estos años en tu corazón y compañerismo ninguna frase puede transmitirlo. El tiempo pasa velozmente pero, ¿no da felicidad ver cuán grande y creciente es el tesoro que hemos recolectado juntos, en medio de las tormentas y de las tensiones de tan agitados y en cantidad trágicos y terribles años?

Tu amante esposo






lunes, 26 de diciembre de 2011

56.- Discurso de WINSTON CHURCHILL a la Cámara de los Comunes




Discurso de Churchill a la Cámara de los Comunes
13 de mayo de 1940


Debemos recordar que estamos en las fases preliminares de una de las grandes batallas de la historia, que nosotros estamos actuando en muchos puntos de Noruega y Holanda, que estamos preparados en el Mediterráneo, que la batalla aérea es continua y que muchos preparativos tienen que hacerse aquí y en el exterior. En esta crisis, espero que pueda perdonárseme si no me extiendo mucho al dirigirme a la Cámara hoy. Espero que cualquiera de mis amigos y colegas, o antiguos colegas, que están preocupados por la reconstrucción política, se harán cargo, y plenamente, de la falta total de ceremonial con la que ha sido necesario actuar. Yo diría a la Cámara, como dije a todos los que se han incorporado a este Gobierno: «No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor».

Tenemos ante nosotros una prueba de la más penosa naturaleza. Tenemos ante nosotros muchos, muchos, largos meses de combate y sufrimiento. Me preguntáis: ¿Cuál es nuestra política?. Os lo diré: Hacer la guerra por mar, por tierra y por aire, con toda nuestra potencia y con toda la fuerza que Dios nos pueda dar; hacer la guerra contra una tiranía monstruosa, nunca superada en el oscuro y lamentable catálogo de crímenes humanos. Esta es nuestra política.

Me preguntáis; ¿Cuál es nuestra aspiración?. Puedo responder con una palabra: Victoria, victoria a toda costa, victoria a pesar de todo el terror; victoria por largo y duro que pueda ser su camino; porque, sin victoria, no hay supervivencia. Tened esto por cierto; no habrá supervivencia para todo aquello que el Imperio Británico ha defendido, no habrá supervivencia para el estímulo y el impulso de todas las generaciones, para que la humanidad avance hacia su objetivo. Pero yo asumo mi tarea con ánimo y esperanza.
Estoy seguro de que no se tolerará que nuestra causa se malogre en medio de los hombres. En este tiempo me siento autorizado para reclamar la ayuda de todas las personas y decir: «Venid, pues, y vayamos juntos adelante con nuestras fuerzas unidas».