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jueves, 18 de diciembre de 2014

849.- Unamuno versus Millán Astray, el célebre incidente en el paraninfo de Salamanca


Unamuno versus Millán Astray, el célebre incidente en el paraninfo de Salamanca


Era una ocasión para que Unamuno se integrase en la nueva elite social que tras el golpe de Estado de julio de 1936 dominaba la España "nacional", se celebraba por primera vez el 12 de octubre como 'Día de la Raza'; era convertir la tradicional fiesta de la Hispanidad, el día que Colón se encontró con América en su viaje búsqueda de otra ruta al Este, en una exaltación nacionalista de lo español. Las principales personalidades del naciente régimen franquista quisieron celebrarlo con un acto cultural en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, aprovechando la apertura oficial del curso universitario; menos Franco, estaban todos, su mujer incluida. Don Miguel de Unamuno se mordía la lengua, se prometió no intervenir, no hablar. Había acudido sin muchas ganas, pues llevaba semanas rectificando su inicial apoyo a los golpistas y convencido de que la deriva de ese movimiento conservador contra la República ya solamente traería intolerancia, muerte y destrucción. 

El profesor de griego, el rector por excelencia de Salamanca, saltó cuando no pudo más. Un anodino profesor de literatura, especialista en el Siglo de Oro, Francisco Maldonado, acababa de pronunciar un encendido y claramente fascista discurso, donde atacó con virulencia a catalanes y vascos, considerando a estas regiones como “cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo, que es el sanador de España, sabrá como exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos”. Esas palabras de Maldonado estuvieron acompañadas de las arengas del fundador de la legión española, el general Millán Astray. Cuanto más violento se volvía el discurso de Maldonado más fuertes eran las salvas de Millán: 

¡España!... gritaba Millán Astray; el público contestaba: ¡¡UNA!! 

¡ESPAÑA!... elevaba la voz el tuerto general; el público replicaba: ¡¡GRANDE!! 

¡¡ESPAÑAAA!!... desencajaba la mandíbula el legionario a pecho descubierto; el público se excitaba: ¡¡¡LIBRE!!! 




Don Miguel se levantó, casi como un resorte (la edad, imagino le impidió mayor energía) y comenzó un improvisado y hermoso discurso que ha acabado siendo más célebre que su obra literaria y filosófica.... lo que habla mucho del nivel cultural hispano. No está de más conocer ese incidente, pero de paso se podría profundizar en el hombre que mejor representaría el sentir de una cultura, la hispana, que es universal... no imperial. Y eso que como hizo ver al auditorio del paraninfo salmantino, él era vasco, a mucha honra, y el obispo de la ciudad era catalán, mal que le pesase al mismo prelado. 

La “reprimenda” a los cegados por el odio fascista merece ser reproducida, sobre todo cuando llama inválido obsesionado con rodearse de muerte y más mutilados a Millán Astray. La reproducción está sacada del libro sobre la Guerra Civil del hispanista británico (más imparcialidad, pues en España no la existe aún sobre el incidente) Hugh Thomas: 

“[...] sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso -por llamarlo de algún modo- del profesor Maldonado, que se encuentra entre nosotros. Se ha hablado aquí de guerra internacional en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero no, la nuestra es sólo una guerra incivil. Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir lo mismo. El señor obispo lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona, y aquí está para enseñar la doctrina cristiana que no queréis conocer. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao y llevo toda mi vida enseñando la lengua española...” 

Cuenta Thomas que más o menos en ese momento del discurso de Unamuno, Millán Astray entra en estado de cólera absoluta, pronunciando ¡Vivas! a España e insultando a la intelectualidad, sus escoltas y otros legionarios presentes lanzan a las sabias paredes de la universidad el lema atroz de la legión: ¡Viva la Muerte! Millán pide hablar, repite voz en grito las palabras del profesor Maldonado sobre Cataluña y Euskadi como cánceres de España... Sin inmutarse, a pesar de la crispación del momento, Unamuno continua hablando: 

“Acabo de oír el necrófilo e insensato grito "¡Viva la muerte!". Esto me suena lo mismo que "¡Muera la vida!". Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. Como ha sido proclamada en homenaje al último orador, entiendo que va dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de las masas. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como he dicho, que no tenga esta superioridad de espíritu es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor. El general Millán Astray desea crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por eso quisiera una España mutilada (...)” 

Es cuando Millán hace el primer amago de amenazar o golpear con su arma al filósofo, pero el sabio anciano no se acobarda y sigue: “(...) Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis, porque para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho.” 

La tensión era tal que cuentan muchos de los asistentes que si no hubiese sido por Carmen Polo, la mujer de Franco, el general legionario hubiera partido la cara al intelectual allí mismo o, más dramático aún, descerrajado su pistola en el enjuto cuerpo de don Miguel de Unamuno. Lo que es cierto es que Unamuno, como demuestra la foto, salió a empujones y rodeado de encolerizados legionarios que enarbolando el saludo fascista no dejaban de gritar: ¡Viva la Muerte! ¡Mueran los intelectuales! 

También es cierto que el incidente fue como un disparo al corazón. Quedo relegado de su cargo de rector y confinado en su domicilio. Moriría dos meses y medio después, el 31 de diciembre de 1936.


por Gustavo A. Ordoño Marín 
http://www.paxaugusta.es/2013/05/unamuno-versus-millan-astray-el-celebre.html





jueves, 29 de diciembre de 2011

142.- Discurso de MIGUEL DE UNAMUNO ante la barbarie representada por MILLÁN ASTRAY





Discurso de Unamuno ante la barbarie 
representada por Millán Astray


El 12 de octubre de 1936, fecha declarada Día de la Raza y de la Hispanidad. En la Universidad de Salamanca se organizó un acto de exaltación hispánica y racial que se convirtió en un aquelarre de simbolismos y gritos rituales fascistas patrioteros. Unamuno, como rector, presidía la mesa, en la que también estaban, entre otras personas, un cardenal catalán, Enrique Pla y Daniel, arzobispo de Salamanca, el general Millán Astray, fundador de la Legión, y la esposa de Franco, Carmen Polo.
Desde la presidencia, habló Millán Astray, un aspecto mutilado por la guerra colonial (llevava un ojo cubierto, era falto de un brazo y cojeaba de una pierna): Catalunya y el Pais Vasco –dijo- son cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en carne viva y sana como un frío bisturí. La carne sana es la tierra, la enferma su gente. El fascismo y el ejército arrancarán a la gente para restaurar en la tierra el sagrado reino nacional… cuando Franco lo quiera y con la ayuda de mis valientes moros, que si bien ayer me destrozaron el cuerpo, hoy merece la gratitud de mi alma por combatir a los malos españoles… Porque dan la vida por la sagrada religión de España, escoltan a nuestro Caudillo… En un ambiente enardecido, sonó una consigna en la sala: ¡Viva la Muerte!, el lema de Millán Astray, y éste coreado por el auditorio, lanzó las consignas rituales: ¡España! ¡Una! ¡España!¡Grande!¡ España!¡ Libre!.
Y el anciano Unamuno se levantó y respondió:

"Todos estáis pendientes de mis palabras y todos me conocéis y me sabéis incapaz de callar… Callar significa a veces mentir, porque el silencio puede interpretarse como aquiescencia. Yo no podría sobrevivir al divorcio entre mi conciencia y mi palabra. Seré breve y la verdad es más verdad cuando se expone desnuda. Quisiera, pues, comentar el discurso, por llamarlo de algún modo, del general Millán Astray… Dejemos aparte el insulto personal que supone la repentina explosión de ofensas contra vascos y catalanes. Yo nací en Bilbao, en medio de los bombardeos de la segunda guerra carlista. Luego me casé con esta ciudad de Salamanca, tan querida, pero jamás he olvidado mi ciudad natal. El obispo –y señaló a Pla y Daniel-, quiéralo o no, es catalán, nacido en Barcelona… Acabo de oír el grito cecrófilo y carente de sentido de ¡Viva la Muerte! Me suena lo mismo que ¡Muera la Vida! Y yo, que he pasado la vida creando paradojas, he de deciros, como autoridad en la materia, que esa ridícula paradoja me repugna. El general Millán Astray es inválido. No es preciso decirlo en tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Desgraciadamente hay demasiados inválidos en España. Y pronto habrà muchos más. Me aterra pensar que el general Millán Astray pueda dictar normas de psicología de masas. Un inválido que carezca de grandeza espiritual de Cervantes, que era simplemente un hombre, y no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como digo, que carezca de esa superioridad de espíritu, suele sentirse aliviado viendo como se multiplica el número de mutilados alrededor de él."

Cabe suponer un auditorio invadido por una ola de perplejidad, rota por la cólera de Millán Astray: ¡Mueran los intelectuales! ¡Viva la Muerte! Gritó apoyado por los ecos del coro fascista , del cual surgió la voz sutilmente de José María Pemán, el poeta de la Dictadura en ciernes: ¡No! -dijo- ¡Mueran los falsos intelectuales traidores! No sabemos si Pemán osó mirar a los ojos de Unamuno al condenarle a muerte. 
Unamuno, retomando de nuevo la palabra, concluyó: 


"Estamos en el templo de la inteligencia y yo soy aquí su sumo sacerdote. Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Y ahora os digo: venceréis pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: la razón y el derecho en la lucha. Me parece inútil deciros que penséis en España. He dicho."


(Estos materiales son una selección de aquellos hechos publicados en La Vanguardia, 17 de agosto de 2004, bajo el epígrafe de Grandes discursos del siglo XX.)

LAS ARMAS Y LAS LETRAS (2) - Unamuno Vs. Millán Astray

Con acierto, para prevenir un posible linchamiento en aquella situación de alto riesgo (el reciente asesinado García Lorca indignaba a los medios intelectuales internacionales), un general, Carmen Polo y el cardenal protegieron al filósofo, al que condujeron fuera del Paraninfo y metieron en un automóvil. Destituido del Rectorado, Unamuno fue arrestado en su domicilio, donde fallecería dos meses y días después. Durante el arresto se mantuvo correspondencia con un periodista francés, amigo suyo donde escribió: 


En esta guerra que se libra en España, morirán cientos de miles de personas y miles de otras deberán marchar al exilio y jamás podrán volver… Porque la Dictadura que se avecina en España será la más brutal que hayan conocido los tiempos… Se nutrirá de la sacristía y el cuartel (Archivo histórico de RI). Profética y perfecta definición de lo que sería la Dictadura, soldada en dos palabras: sacristía y cuartel, que expresa la forma más degradada de otras dos: Iglesia y Ejército. 


Así fue


 

NOTA: El texto ha sido extraído literalmente de la obre de Bernat Muniesa Brito, donde su cita bibliográfica esta a continuación.



MUNIESA. B. (2005). Dictadura y Transición. La España lampedusiana: Vol. I La dictadura franquista. 1939-1975. 2 ed. Barcelona. Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona.