martes, 27 de diciembre de 2011

70.- Cartas entre EMILIA PARDO BAZÁN Y JOSÉ MARÍA DE PEREDA




Emilia Pardo Bazán y José María de Pereda: 
algunas cartas inéditas


Por José Manuel González Herrán



- I -

La Coruña Enero 2 de 1884

Sr. Dn. José M.ª de Pereda

Lector y amigo ilustre: sólo su bondad -compañera inseparable del mérito- puede hacerle juzgar con tan excesiva indulgencia a La Tribuna. Tiene esa novela algún trozo descriptivo que a fuerza de exactitud producirá acaso la impresión de la verdad; pero le falta esa igualdad admirable de estilo y esa nítida pureza que con incomparable satisfacción he admirado en su Pedro Sánchez. No me detengo a detallar la impresión que me causó su hija menor -que casi me parece tan gallardo mozo como le parecía a Carmen, la gentil hija de D. Serafín Balduque-, por la razón plausible de que, acatando como orden el deseo del maestro, daré mi leal opinión en La Época, lo más pronto que me sea posible, a despecho del gran temor que me infunde este silencio pavoroso que sigue a los primeros días de la publicación de un libro notable. ¡Mire V. que aquí no se puede decir al buen callar llaman Sancho, respecto a novelas de empeño, al buen callar llaman gacetillero de periódico!

Es terrible salir antes que nadie hablando de una obra como Pedro Sánchez, llamada a fijar la atención y a ser discutida; ya que no en su innegable valor, al menos en sus pormenores &ª. A la verdad desearé que mi pereza o mis formidables ocupaciones me aten las manos 15 días, para que alguien rompa el fuego y no nos encontremos tan descarados los primeros atrevidos. Temor de mujer al fin, no en vano llevo faldas, mi noble amigo.

De antemano pido a V. disculpa por los errores en que caeré al juzgar el hermoso y sano engendro del insigne narrador montañés; y le ruego me conserve su afecto y benevolencia, bien pagados por la mejor amiga y mayor admiradora que tiene V. en España.

Emilia Pardo Bazán

P.S. Sabe V. que la novela que ahora traigo entre manos era una cosa parecida -sin serlo, ya V. me entiende a media palabra- al Pedro Sánchez de V.? Había hombre político que viene al pueblo pequeño en que nació, hija suya que trastorna la cabeza a un poeta provinciano, y alguna otra coincidencia.- Digo había, porque ya modificaré en los accidentes el plan del Cisne de Vilamorta, por evitar las malicias del público, que no cree en los ambientes literarios.




- II -

La Coruña 3 de julio de 1884

Sr. D. José M.ª de Pereda

Mi muy respetado maestro y amigo: V. mejor que nadie sabe lo que es tener sobre la mesa las cuartillas, el montón que crece y crece y nunca se acaba; V. sabe la impaciencia que le azuza a uno mientras no completa la labor de creación de un personaje novelesco o pone la última pedrezuela en el mosaico de una descripción; conociendo V. el mal de que me lamento, perdonará fácilmente mi tardanza en contestar a quien por tantos estilos aprecio y deseo corresponder con puntualidad.

Tengo, tengo al lado ese rimero blanco y lo miro ya con cariño, ya con temor, viendo que se aproxima a las 400 cuartillas, que va a resultar un novelón kilométrico, y que es tan lánguido, tan deslabazado [sic], tan (no es broma) romántico y en suma, tan poco gracioso como el héroe mismo, el Cisne de Vilamorta.

En otoño saldrá a buscar censura, aplauso o indiferencia... y yo me quedaré bien descansada así que este nene soso ande solito y por su pie.

He tenido por varios conductos nuevas de su viaje de V., por Luis Alfonso, por Armando Palacio, por Narcís Oller y por J. Yxart. Todos se hacen lenguas del autor de Pedro Sánchez, y afirman que reúne la afabilidad del trato a los dones del genio. Esto es hacerle a uno la boca agua, cuando se ve privado de la satisfacción de conocer a tan predilecto escritor. ¿No tendré esperanzas de verle a V. en octubre en Madrid? No se resolverá V. jamás a conocer nuestra Galicia, tan hermosa, tan poética, de tan benigno clima y dulce gente?

No sé si le obsequiaríamos a V. tanto como los catalanes; pero yo, al menos, traería en palmas al gran novelista todo el tiempo que nos favoreciese.

¡Ah! Ya sabía yo que algo muy importante se olvidaba V., ilustre maestro, debe haberse retratado en esta excursión: de fijo. ¿No hay una fotografía para su admiradora más sincera? Ahí va esa de mi Estudio, para abrir camino a la apetecida dádiva.

Debo a V. un millón de gracias por el ejemplar de Los hombres de pro, muy mejorado con las variantes que en ellos ha introducido V.

¿Qué hace V. ahora? ¿Está terminada Sotileza? ¿Ha traído V. de Madrid estudios y observaciones para un nuevo trabajo?

Me tomo la libertad de incluir a V. una carta para nuestro común amigo Marcelino, al cual supongo ahí, pues no sé sus señas. El entregársela V. será parte a que reciba de mejor grado las excusas que le pido por un silencio tan largo como contrario a mis deseos.

Quisiera preguntar a V. algo acerca de la Sapho, de Daudet, que me ha gustado poquísimo, y de la Hijastra del amor, de Picón, que me ha sorprendido por ver en ella la mezcla de un no común talento descriptivo y una vulgaridad sobrado frecuente en la pintura de los caracteres y las pasiones. Es novela que parece hecha por Zola y Escrich en colaboración. Pero el papel se acaba, y la paciencia de V. también. No se acabe nunca su amistad, como no se acabará la de su afectísima admiradora

g b s m
Emilia Pardo Bazán

P. D.

Debo advertir a mi insigne maestro que no soy tuerta, aunque lo parezca ahí, por pecados del fotógrafo.





- III -

París Marzo 10 de 1885

Sr. D. José M.ª de Pereda

Mi ilustre amigo: al regresar de Italia me encuentro con la agradable visita de Sotileza. Con estas, no cuento ya las gracias que debo a V., pues de algún tiempo acá me ha enviado muchos libros.- Pero todos nos cebamos del atractivo de la novedad, y por eso me doy prisa a agradecer la novela fresca, mejor que la 2.ª edición de las ya conocidas, leídas y admiradas.

Sotileza es una soberbia acuarela de ribera y marina. Si no tiene la trascendencia de Pedro Sánchez, luce en cambio unos toques de verde de algas y olas, de blanco de espuma, y unas siluetas de pescadoras arremangadas y atezados mareantes que dan gloria. Me han sabido como las ostras de Cancale que hoy acompañaron mi almuerzo. Marisco crudo, fresco, y un delicioso y balsámico olor a brea: esta es la impresión que Sotileza me produjo.

Como no soy santanderina, supongo que no me lleva V. a mal el que prefiera, (aun chupándome los dedos tras los frutos de playa que tan ricamente guisa V.) la sustanciosa carne de Pedro Sánchez. Líbreme Dios de convertir esta apreciación gastronómica en un espetado juicio literario: Aquí no estamos en el púlpito; yo no hablo en nombre de ninguna teoría estética, que hartas he roído en la Biblioteca para que no desee ahora leer, a la buena de Dios, lo que por suerte me cae en las manos, si es de tanto deleite como son siempre sus obras de V.

Así sencillamente y sin malicia digo pues que me gusta más Pedro Sánchez -aunque Sotileza no le es inferior en desempeño y en primorosos accesorios- porque me parece más hondo el estudio del carácter del héroe, que tiene más alma que Silda. A Silda la envuelve un velo, una especie de penumbra... ¡Ánimo, insigne maestro, y decídase V. a sacarle de una vez la costilla a Adán! Piérdale V. el respeto (vaya una exhortación) a la mujer... Digo, no, esto es una atrocidad, no me haga V. caso, no sé lo que me escribo. V. tiene allá sus porqués y tal vez esos escrúpulos encantadores son una gracia más: bien sabemos todos que si no diseca V. mujeres es porque no quiere, no por deficiencia de sus poderosas facultades.- Y reciba V. con la expresión de mi admiración respetuosa, la más cordial enhorabuena.

Diré a V. algo de mí: estoy hará tres meses no cabales estudiando aquí en la Biblioteca Nacional, sin más interrupción que un viajecillo a Italia que hice para huir del aborrecible Carnaval francés.- No sé si esta temporada de trabajo me permitirá echar los cimientos de alguna obra seria; pero sé de fijo que me ha sentado a las mil maravillas para el cuerpo y para el espíritu.- Además me proporcionará ocasión de conocer y ver de cerca a las contadas eminencias de la literatura francesa que despiertan mi curiosidad. He hablado de V. largamente con Mr. Savine, que dedicó a Pedro Sánchez un art.º en sus Estudios críticos y que está traduciendo mi Cuestión palpitante o mejor dicho la ha traducido ya.- Este distinguido escritor merece que le tengamos en la memoria, por la obra de caridad que nos hace recordando a Francia que aún existimos (en el terreno literario).

Pago una deuda atrasada enviando a V. la adjunta tarjeta, y cumplo un grato deber ofreciéndome a sus órdenes (calle de Richelieu, 80) y repitiéndome su amiga y admiradora

Emilia Pardo Bazán

P. S. Disculpe V. la letra y las erratas. Estoy en el salón del hotel, donde escribo por no escribir en mi cuarto: y un inglés me destroza los oídos y aporrea el piano y da una zarandeadura a Mendelsohn. ¡Cada día aborrezco más el piano!





- IV -

Granja de Meirás Julio 10 [1886]

Sr. Dn. José María de Pereda

Muy respetado y admirado amigo: debo a V. hace bastante tiempo las gracias por el envío de sus Obras Completas, que voy recibiendo y que aun cuando conozco bien, repaso siempre al llegarme el ejemplar. Perdóneme V. si no lo hice antes y no atribuya a olvido ni a mengua de mis sentimientos hacia V. la involuntaria demora. ¡Si supiera V. cuántas veces he hablado en Francia del insigne montañés y de sus libros! Por cierto que una de las personas con quienes me he despachado más a mi gusto, porque le conoce a V. a fondo, fue el Sr. Charles Waternau, traductor de mi Tribuna, y que me hizo los mayores encomios de Don Gonzalo González de la Gonzalera, considerado como sátira política inimitable.

También he tenido ocasión de oír en boca de Mr. Albert Savine y del periodista ruso Isaac Paulovsky, cumplidos elogios de muchos libros de V.

Con quien no tuve lugar de hablar de V. ni de nadie, por la razón plausible de que huí como el fuego de su trato, fue con Mme Léo Quesnel, la que le presentó a V. al público francés bajo el extraño nombre de Don María José de [¿Revada?]

Pruébeme V. que no ha llevado a mal mi silencio, diciéndome algo de sí, de su hermano que estaba enfermo, de sus proyectos literarios, de si tiene algo en preparación; en fin, crea V. que aun en las temporadas en que bien a mi pesar descuido la correspondencia con personas como V., no puedo dejar de pensar en ellas, ni absolverme a mí misma. Recuerde V. que en Madrid me vio V. muy poco, y que yo, aun sintiéndolo tan de veras, admití las circunstancias atenuantes que V. alegó: tenga V. pues conmigo ahora la misma indulgencia, y crea que daría algo bueno por poder verle por acá algún tiempo, y contentar el no saciado deseo de conocerle mejor.

Dígame, por Dios, algo de sus planes literarios, si no [sic] voy a creer que está V. enojado conmigo. Yo le diría a V. varias fruslerías que emborrono... pero antes quiero absolución plenaria para la más devota de sus admiradoras y la más sincera de sus amigas.

Emilia

Ruego a V. entregue la adjunta a Galdós.
Dirección, como siempre: a La Coruña




- V -

La Coruña -octubre- 1886

Sr. D. José M.ª de Pereda

Señor y amigo: su carta del 21 de Setiembre (que tanto deseaba) me ha producido una impresión de disgusto, causada por las malas nuevas que de la salud de su familia y estado de ánimo me comunica. Por experiencia conozco todas las penas que esta temporada han atribulado a V. y puedo apreciar su alcance. Hemos tenido mucho tiempo a la hermana de mi madre (que vive con nosotros desde su primera juventud) trastornada de la cabeza, y no quiero acordarme de los horribles días que pasamos. Y he visto a dos dedos del sepulcro a mi hija pequeña, doblemente predilecta para mí por ser la última y por estarla yo criando a la sazón. Pero Dios aprieta y no ahoga. Mi tía, a quien creíamos incurable, se ha restablecido hasta el punto de que hoy nadie que la vea supondrá la crisis en que estuvo a punto de naufragar para siempre su razón. ¿Puede que a su hermano de V. le pase lo mismo? Lo deseo con todo el alma.

Y no lo deseo solamente porque soy amiga de V., sino también porque lo soy (cada día más) de las letras españolas, y considero una desdicha irreparable para ellas el que V. no tenga vagar y serenidad de espíritu suficiente para escribir muchas novelas. No es posible que tan robusto y fecundo ingenio se condene voluntariamente a la esterilidad. Con lo hecho basta y sobra para su gloria, pero no para nuestra satisfacción, sabiendo que está ahí la fuente y que si no corre es porque le cierran la salida.

Mi esperanza está en que es muy difícil renunciar por completo a las letras y que V. no podrá aunque se lo proponga consumar ese atentado.

Dentro de breves días espero tener ejemplares del 1r tomo de mi nueva novela que edita la casa Cortezo y poder enviarle a V. uno. De cuantos libros he impreso, ninguno me ha parecido, en el momento angustioso de la aparición, tan feo, pesado y sin sustancia. Además, los editores han querido que lo encabece con unos apuntes autobiográficos; el género me agrada; pero tengo un miedo cruel al desempeño: al hablar uno de sí mismo, siempre está en riesgo de tocar en presuntuoso, en machacón, en necio o en injusto.- Dígame sinceramente lo que le parece todo ello: el respeto que su opinión me inspira me servirá de lección para otra vez.

¿No irá V. a Madrid este año? Yo pienso dar por allá una vuelta en primavera, y en enero es posible que salga para París. Lástima que Santander no esté en el camino. Le haría una visita aunque sólo fuese por ver a Sotileza en la persona de alguna muchacha de esos barrios.

Téngame V. siempre en su gracia y mándeme como a su mejor amiga y admiradora q b s m

Emilia Pardo Bazán





- VI -

Madrid 28 Dbre 1888

Sr. Dn. José M.ª de Pereda

Mi ilustre amigo: siento muy de veras que se perdiese mi carta sobre La Montálvez, por varias razones: la principal, que Vd. me haya acusado de poco diligente u olvidadiza; la secundaria, porque contenía un retrato de un admirador de Vd., mi hijo Jaime, el cual se empeñó en que le enviase a Vd. su fotografía, después de una apasionada lectura de Escenas Montañesas.

Siento también las dificultades que alega Vd. para no colaborar en La España Moderna; no porque entrañase ninguna descortesía respecto a mí, como Vd. recela, sino porque si alguna excepción puede hacerse en España, será -ya lo irá Vd. viendo- a favor de esta publicación que promete ser notabilísima. Tantas veces hemos lamentado la falta de un órgano real y sinceramente literario, en que la crítica y la bibliografía y el sabor castizo sean una verdad, que al aparecer este todos los que amamos las letras debiéramos echar las campanas a vuelo y auxiliar al generoso y animoso fundador. La España Moderna no ha de omitir sacrificio para tener las mejores plumas de España, y naturalmente, al emprender este camino, su interés y hasta su decoro la obligan a consagrar sus páginas críticas y bibliográficas a las firmas que consiga. Por esto me disgusta muy de verdad que Vd., Vd. no sea una de ellas.    

Aún tengo que disipar otro escrúpulo de conciencia literaria. Yo hablé a Vd. de cuadritos; pero esta indicación no significa que otra cosa no fuera recibida como todo lo que Vd. escribe merece.

Leeré con fruición La Puchera: venga pronto.

Su muy verdadera amiga

q b s m
Emilia Pardo Bazán

P. S. Se me olvidaba. Estoy en Madrid, Hotel de Rusia, y las noticias directas de Vd. me gustan infinito.





- VII -

[carta con orla de luto]

Santander 28 de [ilegible]

Sra. Dª Emilia Pardo Bazán

Ilustre ama y Sra mía: el invierno que acaba ha sido fecundo para mí en desdichas de familia. Estos tristes acontecimientos con las pesadumbres y quehaceres que traen consigo, me han tenido aislado moral y materialmente de todo el mundo. Comenzando a entrar en caja pocas semanas hace, mi primer pensamiento fue el de pagar, ante todo, ciertas deudas sagradas contraídas durante el negro periodo. Siendo V. uno de los acreedores de preferencia, pedí a Madrid las señas de su habitación, para escribirla largamente y hablarla entre otras cosas, de Morriña y Al pie de la Torre Eiffel, obras que debía a la inmerecida bondad de V. y había leído durante lo que pudiera llamarse prólogo de mis elegías. A poner mano a la obra iba, cuando supe por los periódicos que también se había acordado Dios de V. Con este triste motivo, mi carta que había de ser de plácemes y enhorabuenas, será de pésames. Como estos son sinceros y cordiales, no quiero exornarlos con retóricas que, en casos como este, suelen resultar impertinencias, cuando no majaderías. V. que tiene tan grande inteligencia y tan arraigada fe, sabe, mejor que nadie, lo que en trances tan dolorosos debe tributarse a Dios y a la Naturaleza humana. Lo que principalmente me propongo en estos breves renglones es que sepa V. que lo mismo que la sigo, aunque de lejos y coleando, en sus triunfos y satisfacciones, la acompaño ahora en las amarguras de su tribulación.

Pido a Dios que no tarde en hacérsela llevadera; y la repito nuevamente que soy con V. buen amigo y ferviente admirador.

q. s. p. b.
J. M. de Pereda





- VIII -

Polanco [25 ó 29] de sete/ 90

Srª Dª Emilia Pardo Bazán


Leídos los dos tomos (de Una Cristiana) y bien digerida la lectura, en mi pobre [ilegible] esta novela es la mejor que V. ha escrito, después de Los Pazos de Ulloa, que es lo mejor que V. ha hecho y de lo mejor que se ha hecho en España en su género, muchos años ha; y si no la pongo a su igual es porque en la última hay ciertos alardes de naturalismo de mal gusto (perdone mi franqueza porque no sé mentir ni con las damas) y [tres palabras ilegibles] con los cuales no puedo transigir y mucho menos tratándose de una novelista de los alientos de V. y que tan rico caudal posee de lengua castiza y [ilegible].

Fuera de esto, la novela me parece de primera por su hechura y digna por todo de las facultades creadoras de V. cuando las deja hacer a ellas naturalmente más que con [dos palabras ilegibles] a los cánones de determinada escuela.

Sentiría en el alma que estas mis salvedades la mortificaran a V. lo más mínimo, pero peor fuera para V. que las sintiera y me las callara, como hacen muchos que no la admiran ni la quieren tan de veras como yo, aunque alardeen de lo contrario.

Si no le pareciera excesiva la pretensión la pediría a V. media docena de renglones aunque los empleara en reñirme con tal que acabara por perdonarme.

Entre tanto, mil gracias por el valioso regalo de la novela, otras tantas enhorabuenas y téngame [ilegible] por su admirador y buen amº q. b. s. p.

J. M. de P.

Desde el 5 de oct. me tendrá V. a sus órdenes en Santander.





- IX -

[carta con orla de luto]

La Coruña, Octubre 9 de 1890

Sr. Dn. José María de Pereda

Mi ilustre amigo: sean bienvenidas las letras, después de tanto tiempo como hace que no las recibía.


Y mejor venida aún la noticia de que vamos a disfrutar otra vez de sus creaciones. Dios traiga pronto las dos novelas anunciadas.

Estimo muy de veras lo que me dice de la mía, y me sirve de estímulo y de satisfacción. Respecto a las objeciones relacionadas con mi devoción por determinada escuela, no sé si al exterior tendrán fundamento. En mi interior, hace bastantes años, dos o tres lo menos, que no ajusto mi labor a canon alguno, sino cierro los ojos y dejo correr la pluma. No lo hago de propósito, sino porque de otra manera, con el ajuste de procedimientos que escribí La Tribuna, estoy convencida de que hoy no sabría trazar dos renglones.

No me defiendo en este terreno porque considere ignominioso el ajustarse a una escuela, sino porque comprendo que no me ajusto. Fuera de eso, siempre se me ha figurado tan pueril el no querer ser clasificado, como el clasificarse deliberadamente y para toda la vida. Mal que nos pese, formamos parte de una época literaria, y en ella nos ha de considerar la crítica de la edad venidera.

Aparte de eso, como yo tengo el espíritu muy elástico y muy irradiador, estoy sufriendo en mis últimos años de juventud o primeros de madurez mejor dicho, esa reacción natural que nos [¿convierte?] hacia lo que dejamos atrás; y hoy me gustan muchísimo las cosas finas y suaves, y el naturalismo crudo o lo que aquí se entiende por tal, sin parecerme reprobable artísticamente hablando, por cuenta propia ya no me agrada o, si quiere V. no me divierte.

Dejando a un lado menudencias de autocrítica, ¿vendrá V. este año a Madrid, aunque sólo sea una semana? Me alegraría muchísimo. Yo saldré para allá dentro de pocos días, tal vez el martes, con mi estudiante, que va a empezar la carrera mayor, y hacia noviembre se me reunirá lo que me queda de familia, mamá, las niñas... El Jefe, el protector, el padre se quedará aquí para siempre... Dejemos esto también, que aún está tan viva la herida, que sangra al menor contacto. No sé cómo he podido ir rehaciéndome; gracias a mi carácter alegre y a mi buena complexión he salido a flote; a veces he intentado aturdirme viajando o andando muchísimo a pie; pero creo que el olvido parcial que traen los años no vendrá nunca para mí  .
Dispense V. esta expansión tan ajena a las letras, mándeme por la corte y trabaje mucho para bien de la patria y satisfacción de sus admiradores, entre los cuales se cuenta en primera linea

Emilia Pardo Bazán

Señas de S. C. en Madrid

Ancha de San Bernardo -37- principal.





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Dentro del complejo haz de relaciones humanas y literarias que se establecieron entre algunos de los más destacados escritores de la llamada «generación de 1868» (Valera, Menéndez Pelayo, Pereda, Galdós, Pardo Bazán, Palacio Valdés, Alas...) hay algunos trazos insuficientemente conocidos; uno de ellos es precisamente el que vincula a los autores de La Tribuna y Pedro Sánchez; insuficiencia que intentamos corregir con ayuda de las cartas que aquí publicamos y comentamos.
Sin ánimo de hacer ahora la minuciosa historia de aquellas relaciones, recordemos que la escritora coruñesa se ocupó de la obra de Pereda en diversas ocasiones: la primera, con un par de páginas de La cuestión palpitante (1882-1883), en las que emitió un juicio que había de convertirse en uno de los tópicos más arraigados entre la crítica perediana: «Puédese comparar el talento de Pereda a un huerto hermoso, bien regado, bien cultivado, oreado por aromáticas y salubres auras campestres, pero de limitados horizontes...». En 1884 dedicaría una elogiosísima reseña a Pedro Sánchez; sin que se nos ocurra una explicación razonable, doña Emilia dejó sin criticar libros peredianos tan notables como Sotileza, La Montálvez y La puchera, publicados precisamente en esos años en que ambos autores se escribían con cierta frecuencia. Y cuando la escritora volvió a ocuparse de Pereda lo hizo con un artículo, «Los resquemores de Pereda», motivado por ciertos párrafos de Nubes de estío (1891) en los que Pereda arremetía contra la crítica literaria madrileña. A partir de aquí las relaciones entre los dos novelistas -que como muestran estas cartas habían sido no sólo correctas sino cordiales- se convirtieron en enemistad pública e irreconciliable: Pereda respondió a doña Emilia con su artículo «Los comezones de la señora Pardo Bazán», en tono destemplado y sarcástico, lo que motivó nueva intervención de aquella; se desencadenó así una ruidosa y agria polémica, que tuvo notable eco y trascendencia en los ambientes literarios de la época.

A pesar de tan sonora ruptura de relaciones, Pardo Bazán no dejaría de mostrar públicamente su opinión, básicamente favorable, sobre la literatura perediana: todavía resonaba la polémica cuando, en marzo de 1891, con la excusa de reseñar Nubes de estío, dedicaría un extenso y notable trabajo a estudiar toda la obra de Pereda; y en ese mismo año publicaría, también en su Nuevo Teatro Crítico, una nota sobre Al primer vuelo. En 1906, con ocasión del fallecimiento de Pereda, doña Emilia, entonces Presidente de la sección de Literatura del Ateneo de Madrid, organizó una velada académica en homenaje al novelista de Polanco.

Las cartas que aquí publicamos corresponden al corto período en que las relaciones entre nuestros dos autores fueron cordiales. No sabemos cuándo se inició esta correspondencia: la carta más antigua de que disponemos está fechada en enero de 1884, pero parece que ya se escribían en 1883; la última carta de esta serie es de octubre de 1890, y es de suponer que la relación epistolar concluyese a principios de 1891, al menos como correspondencia privada, ya que la polémica que les enfrentó adoptó en la prensa la forma de cartas abiertas de un autor al otro.

Ahora bien, aunque los límites cronológicos de aquella correspondencia sean aproximadamente los de las cartas que damos a la luz, es evidente que la colección está incompleta. Las siete cartas de doña Emilia -que en la actualidad conservan los herederos de Pereda- no son todas las que el novelista de Polanco recibió: no hay ninguna entre octubre de 1886 y diciembre de 1888; asimismo hay noticia de al menos una carta de la coruñesa que no llegó a su destinatario. Por otra parte, nos falta en su totalidad la otra cara de la correspondencia, las cartas de Pereda. Al parecer, durante la última guerra civil se extraviaron, entre otros papeles que se guardaban en Meirás, las numerosísimas cartas de Menéndez Pelayo a Pardo Bazán; no es de extrañar que la misma suerte corrieran las menos abundantes misivas de Pereda. Hemos intentado subsanar esta carencia, en la medida de lo posible, con unos autógrafos peredianos que constituyen los borradores de dos cartas dirigidas a doña Emilia, y cuyos textos no serían muy diferentes de los recibidos por esta. Aunque tales borradores no logren suplir las cartas perdidas, al menos ayudan a la comprensión de las conservadas y permiten hacernos una idea aproximada del tono que Pereda daba a aquella correspondencia, no tan cordial como las cartas de doña Emilia harían suponer.

En cuanto al interés que este pequeño epistolario tenga, no parece necesario ponderarlo. Ante todo, como lamentaba en 1973 Nelly Clémessy, no es conocida más que una pequeña parte de las muchas cartas que escribió la autora de Los pazos de Ulloa, lo que convierte en excepcional la publicación de un epistolario suyo, por breve que sea. De otra parte, en estas nueve cartas se tocan asuntos de notable interés para el conocimiento de la biografía y la obra de sus dos autores, así como del ambiente y circunstancias en que desarrollaron sus actividades.

Doña Emilia alude en varias ocasiones a sus novelas, unas veces recién publicadas, otras en plena elaboración; hay aquí juicios y noticias muy interesantes acerca de La Tribuna, El Cisne de Vilamorta, Los pazos de Ulloa, Una cristiana - La prueba; se refiere también a otros aspectos de su actividad literaria: su opinión sobre las coincidencias argumentales entre novelas propias y ajenas, su tarea como crítica, sus investigaciones eruditas, sus relaciones con escritores extranjeros; hay noticias sobre asuntos muy concretos, como los Apuntes autobiográficos que redactó en 1886 a petición de los editores de Los pazos, o la puesta en marcha de la revista La España Moderna, empresa de su amigo Lázaro Galdiano en la que ella colaboró con entusiasmo. Hay también confidencias de estética literaria, como las que hace para explicar su cambio de orientación hacia 1890, y otras de índole más personal, como las que se refieren a circunstancias de su vida familiar: las enfermedades o los estudios de sus hijos, la muerte de su padre. Por supuesto, alude también a la obra literaria de su corresponsal, de quien se confiesa sincera admiradora: sus elogios a Pedro Sánchez o Sotileza, o las simples menciones de Los hombres de pro, La Montálvez o La puchera, son de interés si las confrontamos con lo que en otras cartas o en artículos opinó sobre dichos libros. Por su parte, los dos borradores peredianos son bastante menos interesantes: una carta de condolencia, expresada en unos términos que ejemplifican admirablemente las calidades y limitaciones de la prosa epistolar de su autor; y, a propósito de Una cristiana, los tópicos usuales y ya bastante démodés a la altura de 1890 para rechazar lo que Pereda entendía por naturalismo de mal gusto.

De todo ello nos ocupamos con detalle en las notas; aun a riesgo de que parezcan demasiadas o prolijas, hemos intentado aclarar y comentar todos aquellos puntos de los que tenemos alguna noticia, con el propósito de evidenciar el notable interés que, aunque incompleta, tiene esta correspondencia.

José Manuel González Herrán
Universidad de Santiago de Compostela








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